Los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, los vivieron los estadounidenses tanto a nivel colectivo como personal. Inmigrantes musulmanes tuvieron que demostrar su patriotismo con banderas de Estados Unidos en sus casas para evitar ser blanco de ataques. Tras el atentado, la islamofobia se disparó en todo el país, al igual que las agresiones y el acoso hacia los musulmanes, y el Gobierno estadounidense empezó a vigilar de cerca a esta comunidad.