Cada 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una iniciativa impulsada por la World Association for Sexual Health (WAS) desde 2010 para generar conciencia sobre la importancia de la salud, los derechos, la justicia y el placer sexual. En 2026, el lema elegido es “Every Body”, una propuesta que pone el foco en que todas las personas, independientemente de sus cuerpos o circunstancias, deberían poder acceder a una vida sexual saludable, respetuosa y segura.
La salud sexual no se limita a la ausencia de una infección o una disfunción. La Organización Mundial de la Salud la aborda como un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad, que requiere respeto, seguridad y libertad frente a la coerción, la discriminación y la violencia.
Desde esa perspectiva, hacerse controles, prevenir infecciones y acceder a métodos anticonceptivos es tan importante como poder hablar de consentimiento, placer, vínculos y decisiones personales sin miedo ni estigma.
Prevención: preservativo, controles e información confiable
Las infecciones de transmisión sexual continúan siendo uno de los grandes desafíos. Según la OMS, más de un millón de infecciones de transmisión sexual curables son adquiridas cada día en el mundo entre personas de 15 a 49 años, y muchas cursan sin síntomas.
Ese último punto es particularmente importante: sentirse bien no permite descartar una infección. Algunas ITS pueden permanecer asintomáticas durante largos períodos y detectarse únicamente mediante controles específicos.

El preservativo, cuando se utiliza correctamente y de manera consistente, es una de las herramientas más eficaces para disminuir el riesgo de VIH y de muchas otras ITS. Sin embargo, no brinda una protección absoluta frente a infecciones que pueden transmitirse por contacto con zonas de piel que no quedan cubiertas.
La prevención también incluye el testeo según las características y prácticas de cada persona, la consulta médica ante síntomas o situaciones de riesgo y la vacunación frente a infecciones para las que existen vacunas eficaces, como el virus del papiloma humano (VPH) y la hepatitis B.
Hablar sobre antecedentes, métodos de protección y controles con las parejas puede resultar incómodo para algunas personas, pero forma parte del cuidado compartido.
Salud sexual no es solamente evitar enfermedades
La OMS señala que la salud sexual también incluye la posibilidad de acceder a información de calidad, servicios sanitarios adecuados y un entorno que permita vivir la sexualidad de una manera positiva. Dentro de este concepto aparecen cuestiones como las relaciones, la intimidad, el placer, la orientación sexual y la identidad, además de la prevención de embarazos no intencionales, ITS y violencia sexual.
El consentimiento ocupa un lugar central. Una relación sexual saludable requiere que todas las personas involucradas puedan decidir libremente, sin presiones ni coerción, y que ese consentimiento pueda modificarse en cualquier momento.
También importa poder consultar cuando algo genera malestar. Dolor durante las relaciones sexuales, dificultades relacionadas con el deseo, problemas de función sexual o preocupaciones vinculadas con el cuerpo no deberían vivirse necesariamente en silencio.
La salud sexual atraviesa además todas las etapas de la vida. No comienza únicamente con la adolescencia ni desaparece con la edad adulta mayor. Las necesidades, preguntas y formas de vivir la sexualidad pueden modificarse, pero continúan formando parte del bienestar general.
Hablar sin vergüenza también es una forma de cuidarse
La vergüenza, el miedo al juicio o determinados prejuicios pueden retrasar consultas, testeos o conversaciones necesarias. Por eso, la educación sexual y el acceso a información científicamente confiable son herramientas de salud.
La propuesta del Día Mundial de la Salud Sexual de 2026 busca precisamente ampliar esa mirada. Bajo el lema “Every Body”, la WAS destaca que la salud, los derechos y el placer sexual corresponden a todas las personas y que las desigualdades sociales pueden influir en las posibilidades reales de ejercerlos.
Cuidar la salud sexual significa entonces combinar distintas dimensiones: prevención, información, controles médicos, consentimiento, respeto por los límites, autonomía y bienestar.



