A casi 1.000 días del inicio del gobierno de Javier Milei, los economistas Antonio Aracre y Sergio Chouza protagonizaron un contrapunto en Infobae en Vivo sobre los resultados de la política económica y las perspectivas para los próximos años. Mientras Aracre defendió el orden fiscal, la baja de la inflación y el cambio en la estructura productiva como condiciones para una mejora social sostenible, Chouza cuestionó el desempeño de la actividad, el empleo y los salarios y advirtió sobre la sostenibilidad del actual esquema macroeconómico.

Uno de los principales puntos de discusión fue el impacto social del programa del Gobierno. Aracre, que se definió como liberal, sostuvo que la baja de la inflación puede funcionar como una herramienta de movilidad social. Para fundamentarlo, tomó como referencia un análisis reciente de Guillermo Olivetto sobre la composición de las clases sociales.

Según explicó, mientras los porcentajes correspondientes a los sectores de mayores ingresos permanecieron relativamente estables, el segmento de clase baja se redujo del 26% al 22% en el último año, mientras que la diferencia se trasladó hacia la clase media baja, que llegó al 30%. Para Aracre, ese movimiento muestra que el ajuste y la reducción de la inflación pueden generar condiciones para el ascenso social.

Chouza cuestionó esa interpretación y sostuvo que el resultado económico de la gestión es “mediocre”. Señaló que la principal variable sobre la que trabajó el Gobierno fue la inflación y consideró que, después de casi tres años, el país volvió a niveles elevados en términos históricos.

Uno de los principales puntos de discusión fue el impacto social del programa del Gobierno

Según planteó, la inflación anual se ubicará este año alrededor del 30%, frente a un nivel cercano al 25% registrado en 2015. A su entender, esa reducción no compensa el deterioro que se produjo durante el proceso de estabilización.

Chouza mencionó una caída acumulada de alrededor de 10% en la actividad industrial, una baja del 15% en la construcción, el cierre de unas 30.000 empresas, la pérdida de 330.000 puestos de trabajo registrados y una disminución cercana al 5% del salario real.

“Me cuesta mucho ver eso como algo meritorio”, resumió. Y agregó que, si bien los niveles actuales de inflación son inferiores a los que dejó la administración anterior, otros procesos de estabilización macroeconómica ya habían mostrado resultados más contundentes a esta altura.

El debate por la clase media baja

Aracre reconoció que la clase media baja es uno de los sectores que más sufrió durante la actual administración. La describió como un segmento que llega “justito” a fin de mes y que se encuentra cerca de la línea de pobreza, pero que todavía no es considerado pobre.

En particular, señaló que ese grupo vio reducido su ingreso disponible por el impacto de las tarifas de transporte, electricidad y gas, a partir de la reducción de subsidios.

Sin embargo, defendió el rumbo general del Gobierno y sostuvo que existe una parte importante de la sociedad que no quiere regresar a las políticas económicas del pasado. En ese sentido, estimó que “el 60% o 70% de la gente no quiere volver atrás” y que existe una demanda por mantener la disciplina fiscal y financiera.

Para Aracre, el desafío consiste en sostener un programa que permita que la Argentina se convierta en un país “viable y confiable”, independientemente de quién gobierne.

El economista también planteó qué podría ocurrir si el peronismo regresara al poder en 2027. En su opinión, una parte del mercado teme que un eventual cambio de gobierno implique desandar las medidas de disciplina fiscal y financiera implementadas durante la gestión de Milei.

Crecimiento: dos lecturas sobre la recuperación

Otro de los ejes del debate fue el crecimiento económico. Aracre sostuvo que la economía efectivamente está creciendo, aunque reconoció que la recuperación es heterogénea.

Explicó que mientras los sectores vinculados a las exportaciones muestran una evolución positiva, actividades más asociadas al mercado interno, como la construcción, la industria y el comercio, se encuentran estancadas o presentan leves caídas.

El economista Sergio Chouza

Para el economista, esa diferencia forma parte de un cambio estructural de la economía argentina. Durante décadas, argumentó, los sectores exportadores estuvieron limitados por impuestos, retenciones y restricciones que impedían que desarrollaran plenamente su potencial.

“Primero reconozcamos que la economía crece, porque si no falseamos los datos”, sostuvo.

En ese proceso, destacó especialmente el potencial de la minería, además de la energía y el agro. También señaló que los servicios tendrán un papel creciente en la generación de empleo y actividad. Según su visión, la industria se concentrará cada vez más en países asiáticos altamente competitivos, mientras que economías como la argentina podrán encontrar oportunidades en el desarrollo de servicios.

Chouza coincidió en que existen sectores que están creciendo, pero cuestionó que la evolución del PBI pueda utilizarse como una síntesis del desempeño de toda la economía.

“Se ve mucho la heterogeneidad en términos de crecimiento”, señaló. Para el economista, la evolución positiva del PBI “simplifica realidades muy diversas”, ya que los sectores ganadores están principalmente vinculados con actividades extractivas y exportadoras.

Chouza consideró positivo que la Argentina aproveche sus recursos naturales —hidrocarburos, gas, minería y agro—, pero advirtió que ese crecimiento no alcanza por sí solo para absorber la demanda de empleo del país.

La discusión por las inversiones

La inversión fue otro de los puntos de desacuerdo. Aracre sostuvo que existen proyectos relevantes, especialmente en sectores vinculados con los recursos naturales, aunque admitió que todavía no se produjo una llegada masiva de capitales.

“Ya llevamos dos años y medio de Milei y no hay una inundación de inversiones”, reconoció. A su entender, esto demuestra que no alcanza con esperar que las inversiones lleguen automáticamente: el Gobierno debe generar condiciones suficientemente atractivas para que los capitales confíen en el país.

Para Aracre, la mejora de los salarios también depende de ese proceso. “El salario real solo mejora con mayor productividad o con inversiones”, sostuvo.

Chouza, en cambio, consideró excesivos los beneficios que otorga el RIGI y que posiblemente las inversiones hubieran llegado de todas formas.

El economista también puso el foco en la sostenibilidad del esquema macroeconómico. Consideró que una de las principales dudas del mercado pasa por determinar si la baja de la inflación es genuina y sostenible o si responde a un esquema de inflación contenida.

El economista Antonio Aracre

En particular, cuestionó el uso del ancla salarial y del ancla cambiaria. Según sostuvo, ambas herramientas generan distorsiones que pueden contener los precios en el corto plazo, pero terminan afectando el funcionamiento de la economía.

Inflación, pobreza y el reclamo por un cambio de rumbo

Chouza sostuvo que el actual programa no necesariamente desembocará en una crisis como la de 2001, pero sí describió una economía “mediocre”, sin un impulso sostenible que permita mejorar las condiciones de vida de una parte mayoritaria de la población.

También relativizó los datos de pobreza. Consideró que las mediciones están “un poquito infladas” por cuestiones metodológicas, aunque reconoció que la reducción de la inflación desde niveles cercanos al 200% hacia la zona del 30% genera un alivio sobre una pobreza estructural que la Argentina arrastra desde comienzos de siglo.

Aracre respondió poniendo el foco en el resultado de la última gestión del peronismo. Recordó que el gobierno anterior terminó su mandato con una pobreza del 43% en el segundo semestre de 2023, después de haber comenzado con un nivel de entre 25% y 30%.

Para el economista, el desafío de mejorar los ingresos requiere aumentar la productividad y las inversiones. En ese punto, advirtió que las empresas no pueden incrementar la productividad ni mejorar los salarios si enfrentan una carga impositiva elevada.

Hacia el final del debate, Chouza planteó la necesidad de modificar varios de los pilares operativos del programa económico. En particular, reclamó al Gobierno flexibilizar el ancla fiscal, tarifaria, salarial y cambiaria.

A su entender, esas herramientas permitieron contener determinadas variables en el corto plazo, pero generan costos y distorsiones que terminan limitando la capacidad de crecimiento de la economía.

El contrapunto dejó así expuestas dos interpretaciones sobre el rumbo de la Argentina: mientras Aracre defendió la estabilización, la disciplina fiscal y el cambio hacia una economía más orientada a las exportaciones y los servicios como bases para un crecimiento futuro, Chouza cuestionó que esa transformación esté generando todavía un crecimiento suficientemente amplio y sostenible, y advirtió sobre los costos sociales y macroeconómicos del esquema actual.

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