Nelly Omar (Radio Nacional)

“Te agradezco el interés, querida, pero ya estoy grande y no estoy para dar notas”, dijo del otro lado de la línea Nelly Omar. El llamado era a principios de los 2000, época en la que “la Gardel con pollera” decía estar retirada de los escenarios. Y, coqueta como era, prefería que su público la recordara como en los años en los que había sido la musa inspiradora de Homero Manzi. El mismo que, según sus propias palabras, le escribió “Malena”, “Ninguna” y “Solamente ella”, entre otras letras, que daban cuenta de su amor. Por entonces tenía 89 años y su respuesta parecía entendible. Los 100, sin embargo, la encontraron de nuevo en carrera y ofreciendo un show en el Luna Park.

Había mucho para preguntarle. Porque, sin lugar a dudas, había tenido una vida intensa. Sobre todo, si se la comparaba con las mujeres de su época. Es que ella tenía el don de enamorar a los hombres. Y también la costumbre de romperles el corazón. Y es que, definitivamente, además de talento y belleza, era dueña de una personalidad que la hacía especial. E irresistible. Al punto que, según confesó, un caballero llegó a quitarse la vida al no ser correspondido. Pero ella no se conmovió. “No hay que ser tan cegado a la realidad”, dijo al enterarse de la tragedia por un amigo en común. Y que nadie se atreviera a tildarla de insensible...

Había nacido el 10 de septiembre de 1911 en una estancia de Guaminí, provincia de Buenos Aires, bajo el nombre de Nilda Elvira Vattuone. Creció en una familia de diez hermanos. Y fue su padre, un capataz genovés llamado Marcos, quien terminó sellando su destino. El hombre sabía tocar la guitarra y fue uno de los encargados de organizar la presentación del dúo de José Razzano y Carlos Gardel, que se llevó a cabo en el Teatro del Pueblo en 1918. Allí fue donde Nelly, quien siempre había sido incentivada en el arte y la música, conoció al Zorzal Criollo.

Lo cierto es que, al poco tiempo, la joven quedó huérfana de padre. Entonces su madre, Salustiana, se trasladó a Buenos Aires buscando la manera de sobrevivir junto a sus hijos. Y, con 12 años de edad, Nelly tuvo que comenzar a trabajar en una fábrica textil para poder ayudar en su casa. Sin embargo, la vida le tenía preparado algo mucho más grande. Tras algunas actuaciones en su escuela de El Palomar y otros festivales, fue contratada por el dueño del cine Argos. Y allí fue escuchada por el cantante Ignacio Corsini, gracias a quien logró tender el puente para empezar a presentarse en radios como Splendid, Mayo y Rivadavia.

Nelly Omar decía ser la musa inspiradora de Homero Manzi (TangoCity)

Tenía apenas 17 años. Pero su carrera despegó de inmediato, sumando varias participaciones en cine. Ya entrada la década del ’30, Nelly se sumó al conjunto Cuadros Argentinos, donde conoció a Antonio Molina con quien comenzó un noviazgo que terminó en casamiento. El matrimonio se extendió entre 1935 y 1943. Y ella lo definió como “una desgracia”. Eran tiempos en los que separarse no estaba bien visto por la sociedad. Pero a ella poco le importó. Al contrario, según dijo, se arrepintió de no haber dejado a su marido a los dos meses de haber contraído enlace. Es que el hombre de su vida ya estaba merodeando por ahí.

Fue trabajando en Radio Belgrano donde, allá por el ’37, conoció al autor de “Barrio de tango”. La leyenda dice que el poeta se enamoró perdidamente de ella. Pero, según contó la cantante, a ella no le pasó lo mismo. Le simpatizaba, sí. Y le resultaba muy interesante conversar con él. Pero la palabra “amor” no parecía figurar en su vocabulario. Manzi, sin embargo, no se desanimó. Y, durante años, intentó seducirla con regalos que ella rechazaba. Él, cabe aclararlo, estaba casado con Casilda Iñiguez, madre de su único hijo, conocido como Acho. Pero era un mujeriego empedernido, como muchos bohemios de su época. Y, finalmente, en 1944 Nelly comenzó una relación “prohibida” con él.

Fue por aquellos años que Manzi compuso “Malena”, tango al que Lucio Demare le puso música. Y, según había contado ella, él mismo le reconoció que se lo había dedicado y que hablaba de ella cuando aseguraba que cantaba el tango “como ninguna”, pero que por obvias razones no podía poner en la letra su nombre real. Cabe señalar que, en diálogo con Infobae, el nieto del poeta, Homero Manzione, puso en duda esta versión. Recordó que también se había hablado de Malena de Toledo y la mismísima Tita Merello, como posibles musas de esta pieza. Y deslizó el nombre de otra cantante, muy amiga de su abuelo, como la diva que habría inspirado esta pieza: Imperio Argentina.

Sea como fuere, Nelly siempre estuvo convencida de que Manzi le había dedicado sus temas más memorables. De hecho, decía que él escribía esas letras, justamente, cuando atravesaban alguna crisis debido a su situación. Es que el poeta nunca abandonó a su legítima esposa que, según contó la cantante, lo amenazaba con matarse si él la dejaba. Así que, cansada de ser la amante, finalmente fue ella quien decidió terminar la relación. Y él cayó en una profunda tristeza que lo acompañó hasta el 3 de mayo de 1951, cuando con apenas 41 años de edad falleció.

La Gardel con pollera, en su adultez

Por ser amiga íntima de Eva Perón, a quien le grabó el tema “La descamisada”, con la llegada de la dictadura militar de 1955 Nelly pasó a formar parte de las “listas negras” de artistas que estaban vedados en los medios de comunicación. Entonces era conocida como “la voz dramática del tango”. Y era considerada como una de las artistas más importantes del género. Pero nadie se animaba a darle trabajo. Así que no tuvo más remedio que exiliarse a Uruguay y Venezuela.

Recién pudo regresar al país en 1958, bajo la presidencia de Arturo Frondizi. Entonces conoció al locutor Aníbal Cufré, con quien estuvo en pareja durante ocho años hasta que él murió de cólera. Pero siguió seduciendo a más de uno. Y en 1993, a los 82 años, empezó una relación con el compositor Héctor Oviedo, a quien definió como un “caballero excelente”. De él, dijo, sí se enamoró. Aunque reconoció que no tanto como él de ella. Como ocurría siempre, según su propia versión de los hechos.

Falleció el 20 de diciembre de 2013, tres meses después de haber cumplido 102 años de edad. Y será recordada para siempre como una de las mayores exponentes femeninas del tango. Si no fue la mujer que describió Malena, como Manzi le hizo creer, no importa. De todas formas, bien la representa esa letra que dice que en “cada verso pone su corazón”. Porque ella interpretaba cada pieza de una manera única. Y porque, quizá y solo quizá, no era tan dura como se mostraba. En una de esas, esa coraza era solo una manera de esconder esa “pena de bandoneón”, que cargaba por un amor que nunca pudo ser.