En las primeras horas del 11-S, bomberos, policías, socorristas y civiles removieron escombros en Manhattan mientras la búsqueda se detenía para detectar posibles sobrevivientes (AP)

Estados Unidos recordó los 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas, el Pentágono y Pensilvania, con actos en memoria de las 2.977 personas asesinadas. Las ceremonias volvieron a situar en primer plano la dimensión humana de una tragedia que, además de transformar la política y la seguridad del país, dejó miles de pertenencias dispersas entre las ruinas de Nueva York.

Entre esos restos apareció una pequeña pelota de golf, cubierta de polvo y con marcas de golpes. Howie Rumberg, el primer periodista de Associated Press que llegó al World Trade Center después del derrumbe, la encontró mientras colaboraba con voluntarios y socorristas en la remoción inicial de escombros.

Alguien le pidió que no la tirara: entre el hormigón pulverizado y el acero retorcido que cubrían amplias zonas de Manhattan, ese objeto podía haber pertenecido a una de las personas que trabajaban en las torres.

Una pelota entre las ruinas del World Trade Center

El periodista dejó la pelota cerca de una acumulación de metal despedazado que entonces se creía podía contener partes de los aviones utilizados en los ataques. Durante las primeras horas, equipos de emergencia, bomberos, policías y civiles formaron cadenas para trasladar baldes con ceniza y restos. La búsqueda se detenía de forma periódica cuando alguien pedía silencio, ante la posibilidad de detectar señales de sobrevivientes.

Esa expectativa se desvaneció con rapidez. A medida que avanzaban las tareas en lo que pasó a conocerse como “la pila”, aparecían objetos que remitían a la vida laboral y familiar de quienes estaban en el complejo: fotografías rotas, pisapapeles, zapatos y papeles. Cada hallazgo ofrecía una referencia material de las víctimas, aunque no permitiera reconstruir a quién había pertenecido ni cuál había sido su historia.

Para Howie Rumberg, que jugaba al golf con frecuencia en aquel momento, la pelota tuvo un significado particular. Imaginó que podía haber estado en un escritorio, junto a otras con logotipos corporativos, o que podía haber sido el recuerdo de una jornada entre colegas. El objeto remitía a actividades ordinarias —un acuerdo cerrado, una salida recreativa o una ronda compartida— que quedaron interrumpidas por el ataque.

La pelota de golf recuperada en la Zona Cero quedó como símbolo de las vidas perdidas y de las pertenencias dispersas entre las ruinas del World Trade Center (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aniversario incorporó un homenaje a las víctimas de enfermedades posteriores

El 11 de septiembre de 2026, Estados Unidos conmemoró el 25.º aniversario de los atentados que causaron la muerte de 2.977 personas en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. En el memorial de la Zona Cero, familiares leyeron los nombres de las víctimas y se respetaron silencios en los horarios de los impactos de los aviones y de los colapsos de las torres.

La ceremonia de este año añadió un séptimo momento de silencio para recordar a quienes murieron después por cáncer y otras enfermedades asociadas con la exposición al polvo tóxico liberado tras el derrumbe. La incorporación reconoció que las consecuencias sanitarias del ataque alcanzaron a bomberos, agentes, trabajadores de recuperación, residentes y otras personas expuestas en los días y meses posteriores.

Según la cobertura de Reuters, la conmemoración en Nueva York comenzó a las 8.46, hora local, el instante en que el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte. El acto contó con la asistencia del vicepresidente JD Vance y de cuatro expresidentes estadounidenses. En paralelo, se realizaron homenajes en otros puntos del país y en el Pentágono, donde se leyeron los nombres de las 184 personas asesinadas allí.

Los objetos recuperados mantienen la dimensión individual de la tragedia

La pelota de golf no permite identificar a su dueño, pero ilustra la función que adquirieron los objetos recuperados en las ruinas. Frente a la escala de la destrucción, esas pertenencias conservaron rastros de hábitos, vínculos y espacios de trabajo.

AP remarcó que la pelota representa una pérdida que el reportero considera difícil de procesar incluso un cuarto de siglo después. Asimismo, esta conserva ese vínculo: no explica por sí sola lo ocurrido, pero remite a una persona y a una rutina que formaron parte de las casi 3.000 vidas que esa mañana se perdieron para siempre.