Veinticinco años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la red Al Qaeda de Osama Bin Laden perdió poder de fuego, pero sobrevive aún en un puñado de países de África y Medio Oriente.
Las muertes de su líder y de su sucesor, Ayman al-Zawahiri le dieron un duro golpe a la estructura terrorista, cuya influencia fue opacada por la irrupción del Estado Islámico, el grupo que creó un Califato y un reino de terror en una amplia región de Siria e Irak a mediados de la década pasada.
Bin Laden cayó en una acción militar estadounidense el 2 de mayo de 2011 en Abbottabad, Pakistán. Su heredero, considerado el cerebro de los atentados a las Torres Gemelas, fue abatido el 1 de agosto de 2022 en un ataque con drones perpetrado por la CIA en Kabul, Afganistán.
La acción que acabó con al-Zawahiri ocurrió nueve meses después del desordenado retiro militar estadounidense de Afganistán. Desde entonces, poco se sabe sobre la estructura política de la red terrorista.
Según informes de inteligencia, el nuevo líder es Saif al-Adel, un veterano miembro del grupo de origen egipcio y cuyo verdadero nombre es Mohammed Salah al-Din Zaydan. Se sospecha que se mueve en algún lugar de Irán.
“Al Qaeda no desapareció, pero su protagonismo global es menor que hace un cuarto de siglo”, dijo a TN el analista internacional Federico Gaón, especializado en Medio Oriente.
¿Qué pasó con Al Qaeda a 25 años de los atentados del 11 de septiembre?
Gaón dijo que la muerte de al Zawahiri “inauguró un período opaco en la organización y sin un jefe indiscutido” más allá de la designación simbólica de Saif-al-Adel al frente del grupo.
“También perdieron centralidad mediática e influencia dentro del universo yihadista frente al ascenso del Estado Islámico. Sin embargo, Al Qaeda es particularmente relevante mediante sus filiales en el Sahel (norte de África), Somalia y Yemen”.

Hoy Al Qaeda sobrevive gracias a un proceso de descentralización a través de varios grupos islámicos desparramados en varios países pero que priorizan sus propios objetivos políticos.
“Al Qaeda sigue existiendo porque tiene grupos accesorios, que actúan como filiales y operan en varios países, como Irak y Afganistán. De hecho, ha sido uno de los grupos que se sublevó contra el talibán afgano. Pero como estructura central, que puede operar desde occidente, se ha visto muy reducida”, dijo a TN el analista Jairo Lugo Ocando, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos.
Afganistán fue el feudo de Al Qaeda, amparado por los talibanes. Desde allí se organizaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 que causaron más de 3000 muertos en Nueva York, cuando dos aviones comerciales, secuestrados por miembros de la red terrorista, se estrellaron contra las Torres Gemelas en Manhattan.
Después de los atentados del 11S, la estructura del grupo quedó diezmada por la ofensiva estadounidense en Afganistán, que invadió el país un mes después y se quedó allí durante 20 años. Los asesinatos sistemáticos de sus líderes obligó a una descentralización del grupo.
La irrupción del Estado Islámico, hoy reducido a pequeñas porciones de terreno en Siria y surgido de las bases de Al Qaeda, fue un golpe letal para el poder de fuego de la organización.
El terrorismo islámico dejó atrás los atentados espectaculares para crear un Califato palpable en Siria e Irak a través de un régimen brutal con degüellos transmitidos en vivo, ofensivas terrestres y una brutalidad nunca vista. Pero el grupo fue derrotado en el terreno en 2019.
Desde entonces el terrorismo islámico perdió fuerza. Así, Al Qaeda mutó en una organización más pragmátca. Hoy agrupa a:
- Al Shabaab, en Somalia y el Cuerno de África
- Jamaat Nusratal Islam walMuslimin (JNIM), en Malí y la región del Sahel
- Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), en Yemen
- Al Qaeda en el Subcontinente Indio (AQIS), que opera en zonas del sur de Asia como Pakistán, la India, Afganistán o Bangladesh, entre otros
Cédulas dormidas y presencia en el terreno
Pero algunos expertos creen además que existen cédulas dormidas de Al Qaeda desparramadas en occidente.
“Sospecho que la guerra de Irán va a activar varias de esas células dentro de los territorios occidentales. Ya no se trata en una guerra convencional, sino de conflictos asimétricos y allí lo inesperado es lo que prevalece”, dijo Lugo-Ocando.
Para el analista, “Al Qaeda está muy disminuido. Ya no tiene una estructura internacional como antes. Ciertas células y grupos filiales operan bajo su paraguas, pero de forma muy limitada y disminuida en ciertos lugares del mundo”.
El objetivo cambió: Al Qaeda busca aprovechar los conflictos locales para mantener su presencia en el terreno. Ya no solo combaten a Estados Unidos. Ahora buscan llegar al poder local controlando amplios territorios donde pueden cobrar impuestos, imponer reglas e infiltrarse en el poder central.
Hoy la red prioriza el control del territorio, como hizo hace una década el debilitado Estado Islámico. Ya no busca colocar bombas en occidente.
“Las probabilidades de realizar con éxito un atentado a gran escala en alguna ciudad ocicidental son mucho menores. No por falta de voluntad, sino más bien por la preparación de los servicios de inteligencia estadounidenses y europeos, las medidas de seguridad en aeropuertos y en sitios icónicos”, concluyó Gaón.



