Hay lugares en los que el paso del tiempo se mide de otra manera. En el sur de Manhattan, donde alguna vez se levantaron las Torres Gemelas, los nombres grabados alrededor de las enormes fuentes recuerdan a quienes murieron el 11 de septiembre de 2001. A pocos días de cumplirse 25 años del atentado que cambió para siempre a Estados Unidos y al mundo, Nelson Castro regresó a la Zona Cero y mostró en Telenoche cómo se prepara Nueva York para una nueva conmemoración.
“Estamos en el Ground Zero. Esto es donde estaba la Torre Sur”, explicó el periodista mientras caminaba junto al monumento construido en el lugar. Detrás de su relato podía escucharse el agua de una de las fuentes del memorial y verse las flores colocadas junto a algunos de los nombres de las víctimas.
Nelson recordó que la Torre Sur fue la segunda en recibir el impacto de uno de los aviones secuestrados, pero la primera en derrumbarse. En los alrededores, mientras tanto, comenzó a desplegarse un importante operativo de seguridad ante los actos previstos por el aniversario.
Pero su regreso a Nueva York no estuvo atravesado solamente por el recuerdo de lo ocurrido aquella mañana. El periodista buscó a quienes estuvieron allí y todavía, un cuarto de siglo después, conviven con aquellas imágenes.
Uno de ellos fue Bolívar, un fotógrafo que registró algunos de los momentos más difíciles del ataque y sus consecuencias. Entre las fotografías que conserva están las de personas que, atrapadas en las torres, se arrojaron al vacío.
“Con el dolor de mi alma, yo tenía que hacer mi trabajo. Tomé a la gente que se tiraba. Ese día se tiraron 60 personas. Yo tomé 14”, contó el fotógrafo.
Nelson le preguntó qué sentía mientras apretaba el obturador frente a una situación imposible de procesar. La respuesta llegó acompañada por uno de los recuerdos que todavía lo persiguen: “Yo lloraba. Mentalmente decía: ‘Diosito mío, dales alas para que vuelen. Llevátelos, pero que no toquen el piso’”.
“Quisiera en mi mente que no hubiera pasado esto”
El periodista también habló con un expolicía que participó de las tareas posteriores al atentado y que reconoció que regresar al lugar sigue siendo difícil. En 25 años, aseguró, apenas pudo hacerlo tres veces.
“Son recuerdos muy tristes. Todo lo que vivimos: la incertidumbre, el dolor, el llanto”, explicó. Durante las primeras jornadas, además, quienes trabajaban entre los restos de las torres desconocían si podía producirse un nuevo ataque.
El miedo convivía con otra realidad: las familias recorrían hospitales, centros de asistencia y distintos puntos de la ciudad buscando desesperadamente a sus seres queridos. “Veíamos los corazones de esas personas y la esperanza que tenían de ver a sus familiares. Eso nos animaba a nosotros”, recordó.
En aquel momento el hombre era sargento. Permaneció otros tres años en el Departamento de Policía y se retiró como teniente, pero la distancia temporal no consiguió borrar lo vivido.
“Yo quisiera no recordar. Quisiera en mi mente que no hubiera pasado esto, pero pasó”, dijo el expolicía.

Nueva York se prepara para recordar a las víctimas
A 25 años del ataque, el aniversario vuelve a abrir preguntas sobre sus consecuencias. Castro señaló desde Nueva York que una de las discusiones que reapareció en las últimas horas está vinculada con las condiciones en las que trabajaron bomberos, policías, rescatistas y voluntarios durante y después del derrumbe, muchos de los cuales sufrieron enfermedades y murieron en los años posteriores.
“Algunos de los que entrevisté murieron”, recordó el periodista, que cubrió personalmente las consecuencias de los atentados en 2001.
El 11-S también modificó hábitos cotidianos que hoy parecen naturales. Los controles de seguridad en los aeropuertos se volvieron mucho más estrictos, Estados Unidos redefinió su política exterior y la amenaza del terrorismo adquirió una dimensión global.
Para numerosos historiadores y analistas, incluso, aquel martes de septiembre marcó simbólicamente el verdadero comienzo del siglo XXI.
Veinticinco años después, en el espacio que alguna vez ocuparon las torres, quedan dos grandes ausencias convertidas en memorial. El agua cae de manera ininterrumpida y, alrededor, miles de nombres obligan a detenerse.
Desde allí, Nelson Castro cerró su cobertura con una definición que resume la dimensión histórica de aquel lugar: “Un saludo hasta mañana desde este lugar en donde comenzó el siglo XXI”.

