
Científicos pasaron más de una década reconstruyendo los llamados de nueve especies de insectos antiguos para crear el primer paisaje sonoro preciso del Jurásico.
Chirridos, trinos y chasquidos: estos son los sonidos de los bosques de la Tierra hace 165 millones de años:
Este coro zumbante contiene los llamados de nueve especies de insectos prehistóricos que un equipo internacional de científicos pasó más de una década reconstruyendo.
Los insectos, que son parientes de los grillos modernos y de unos bichos similares a los saltamontes conocidos como esperanzas, creaban sonido al frotar sus alas entre sí. Al estudiar las alas fosilizadas de estos insectos antiguos, así como la bioacústica de sus parientes vivos, los investigadores pudieron usar modelos informáticos y aprendizaje automático para reproducir sus llamados.
Dicen que esta cacofonía es la mejor aproximación basada en evidencias de un paisaje sonoro del Jurásico jamás creada. Publicaron su trabajo y muestras de audio en la revista Actas de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU.
Aunque este paisaje sonoro representa solo una pequeña fracción de los sonidos que resonaban por los bosques del Jurásico, es lo más cerca que han estado los científicos hasta ahora.
Durante décadas, los paleontólogos han intentado descubrir cómo sonaban los dinosaurios. Pero los tejidos blandos responsables de producir y moldear los sonidos que emitían, como sus pulmones, gargantas y bocas, rara vez se fosilizan. (Y a pesar de lo que puedas haber visto en Parque jurásico III, uno no puede simplemente soplar aire a través de un modelo del órgano vocal de un dinosaurio para ver cómo sonaba).
Sin embargo, los insectos que vivían junto a estos dinosaurios presentan una mejor oportunidad acústica: los científicos han desenterrado decenas de insectos fosilizados del Jurásico cuyas alas productoras de sonido se conservaron a la perfección.
Hace más de una década, Jun-Jie Gu, profesor de entomología en la Universidad Agrícola de Sichuan, y sus colegas consiguieron 20 de estos especímenes. Su abundante cosecha de fósiles, que se encontraron en Mongolia Interior, China, contenía nueve especies de ancestros de grillos y esperanzas, todas con estructuras únicas en sus alas delanteras.
Aunque estos insectos de antaño tienen millones de años de divergencia respecto a sus parientes modernos, comparten muchas características, incluidos el tamaño y la forma. Al igual que sus parientes grillos y esperanzas, tenían crestas en forma de peine en un ala y una estructura raspadora en la otra. Al frotarlas, la estructura raspadora se engancha en las crestas, creando una serie de rápidos chasquidos que se mezclan para formar un chirrido continuo. La resonancia y el tono de sus chirridos dependen en gran medida de la separación de sus crestas y del área de superficie y velocidad de sus alas.
Para reconstruir los llamados de estos insectos extintos hace tanto tiempo, los investigadores comenzaron por mapear cómo emiten sonido sus parientes vivos. Usaron cámaras de alta velocidad y una técnica conocida como vibrometría láser Doppler para medir los movimientos y vibraciones precisos de las alas de los insectos. Los investigadores usaron estos datos para crear y probar un modelo informático que pudiera predecir cómo la estructura de un ala influye en los sonidos que produce.
Por último, los investigadores incorporaron modelos en segunda dimensión de las alas de los insectos en su modelo informático, junto con información sobre la relación de cada especie con los insectos vivos cuyos movimientos y cantos ya habían estudiado. El resultado fue una colección de nueve llamados distintos que oscila entre lo familiar y lo de otro mundo.
Los chirridos de los insectos abarcaron el espectro de frecuencias, pero una especie conocida como Sigmaboilus peregrinus fue más allá de lo que los humanos pueden oír, y produjo un llamado ultrasónico de alta frecuencia.
"La primera vez que reconstruimos el canto y vimos que superaba los 20 kilohercios, estábamos muy emocionados", dijo Gu. Durante mucho tiempo, los científicos han teorizado que los insectos desarrollaron la comunicación ultrasónica para evadir a sus adversarios recién evolucionados: los murciélagos. Sin embargo, estos mamíferos no hicieron su debut en la Tierra hasta unos 100 millones de años después del final del Jurásico.
En su estudio, Gu y sus colegas desafían la visión sostenida por mucho tiempo de que los murciélagos fueron los principales impulsores de la comunicación ultrasónica en los insectos, argumentando que los insectos del Jurásico tenían amplias razones para evolucionar esa capacidad. Una de las razones, propuso Gu, es que estos insectos querían "tener sus propios canales".
Si cada insecto del bosque cantara sus canciones a la misma frecuencia, dijo, todos sus mensajes se habrían amortiguado.
"Hace ciento sesenta y cinco millones de años, es posible que la comunidad de insectos ya tuviera nichos acústicos sofisticados: múltiples especies que ocupaban diferentes bandas de frecuencia, de bajas a altas", dijo Gu.
Otra explicación que proporcionaron los investigadores es que estos insectos desarrollaron llamados ultrasónicos para evitar ser detectados por los primeros mamíferos y otros depredadores.
"Es una hipótesis muy plausible", dijo Rex Cocroft, profesor de ciencias biológicas en la Universidad de Misuri. "La depredación es una fuerza importante en la evolución de la comunicación".
Cocroft, que estudia la comunicación de los insectos y no participó en el nuevo estudio, calificó el trabajo como "una hermosa validación de nuestra capacidad para usar los rasgos de las especies actuales para mirar hacia el pasado".
Gu espera que su trabajo ayude a que la gente dependa menos de Hollywood al intentar imaginar cómo era la vida durante el Jurásico.
"Antes, todos los sonidos del Jurásico provenían de películas como Parque jurásico, pero esos sonidos no son reales. Provienen de artistas. Esta es la primera reconstrucción del paisaje acústico de los insectos en los bosques antiguos basada en métodos científicos y materiales fósiles reales", dijo.
Aun así, el equipo de Gu no ha rechazado por completo a Hollywood: los investigadores pasaron años ayudando a los creadores de la nueva miniserie documental de Netflix Los dinosaurios a crear un paisaje sonoro preciso para sus escenas del Jurásico.
Tener los llamados de estos insectos extintos permitió a los productores del programa "tejer una trama mucho más profunda y precisa de la realidad sonora del Jurásico, más de lo que jamás se había hecho antes en la pantalla", dijo Thomas Land, un zoólogo que trabajó como investigador en el programa. "Es un detalle tan pequeño", dijo Land sobre agregar una capa de sonidos de insectos, "pero lo hicimos porque cada decisión de ese tipo hace que el conjunto sea mucho más realista".


