Rosa y Sixto viven desde hace casi 30 años en la Amazonía ecuatoriana y sostienen a su familia con el cultivo de la tierra y la cría de animales (captura de video @josueyeli/Youtube)

Rosa y Sixto llevan cerca de 30 años viviendo de su propia producción en una parcela de la Amazonía ecuatoriana, cerca del río Napo. El cultivo de la tierra y la cría de animales les permiten resolver buena parte de sus necesidades cotidianas y obtener ingresos ante gastos imprevistos.

La historia fue difundida por el canal de YouTube Ecuador y sus Paisajes Oficial, que llegó hasta su casa tras un trayecto de ocho horas en auto y cinco en lancha. El recorrido da cuenta del aislamiento de la zona, donde no hay caminos asfaltados y el río es la vía principal para comunicarse con otras comunidades.

En ese contexto, la pareja adaptó su rutina a las condiciones de la selva. Rosa explicó que el calor, las distancias y la disponibilidad de recursos determinan desde los horarios de trabajo hasta la preparación de cada comida.

Cómo es la vida de Rosa y Sexto en la selva

La casa de Rosa y Sixto, hecha de madera y con cubierta de palma, está rodeada por la chacra. Allí obtienen parte de los alimentos que consumen y disponen de agua que llega desde el centro comunal, además de un tanque que utilizan en la cocina.

Rosa y Sixto dejaron la ciudad para vivir de la tierra y reducir la dependencia de compras externas en la selva ecuatoriana (captura de video @josueyeli/Youtube)

El trabajo en el cultivo organiza buena parte de la jornada. Rosa contó que el aumento de la intensidad del sol los llevó a adelantar las tareas: ahora salen cerca de las cinco de la mañana y regresan entre las 10 y las 11, cuando preparan el desayuno. “A las cinco de la mañana me estoy yendo, porque ahora ya no se puede trabajar con este sol”, relató durante la entrevista.

En la parcela crecen yuca, banana, ají y árboles frutales, como los mangos, cuya cosecha suele llegar en diciembre. Rosa indicó que la cantidad de frutos varía de un año a otro, por lo que la familia ajusta su alimentación a la producción disponible.

Con esos ingredientes elaboran las comidas diarias. Durante la visita, la mujer mostró caracoles de tierra que limpia con limón para preparar una receta similar al ceviche, y ofreció caldo de gallina criolla acompañado de yuca, maduro y ají.

La decisión de abandonar la ciudad

El relato difundido por Ecuador y sus Paisajes Oficial presenta a la pareja como parte de una comunidad que desarrolló una vida ligada a la tierra y al río. Rosa contó que nació en Tiputín, en Ecuador, y que lleva alrededor de tres décadas en el sitio donde vive actualmente.

Aunque el aislamiento genera dificultades para acceder a servicios y trasladarse, la entrevistada puso el foco en la tranquilidad que encuentra en la vida rural. “Aquí es tranquilo; la tierra se siembra, se cosecha, se come y no hay ningún problema”, sostuvo.

La vida en la selva cerca del río Napo depende del aislamiento de la zona, donde no hay caminos asfaltados y el río conecta a las comunidades (Captura de video @josueyeli/Youtube)

Para la familia, la chacra representa una fuente de alimentos y una forma de reducir la dependencia de compras externas. La pareja cultiva lo que consume y, cuando existe excedente o necesitan ingresos, recurre a los recursos de la pequeña granja.

El video también reflejó la dinámica comunitaria de la zona. Una de las costumbres mencionadas fue el consumo de chicha de yuca, bebida que se comparte durante las visitas. Rosa explicó que se trata de una práctica asociada con la hospitalidad y las relaciones entre vecinos y familiares.

La crianza de los hijos y una vida sin estrés

La economía familiar también estuvo vinculada a la educación de sus hijos. Rosa contó que tiene cinco hijas y que la venta de aves, huevos u otros productos de la granja le permitió afrontar gastos en momentos de necesidad. “Cuando mi hijo necesita para el colegio y no tengo dinero, entonces yo vendo estos”, explicó al mostrar el gallinero.

Las gallinas criollas cumplen una doble función en el hogar. Algunas se destinan al consumo de la familia y otras se venden para obtener dinero. Rosa indicó que los huevos son otra alternativa para reunir fondos, aunque la producción puede bajar cuando falta alimento para las aves, como maíz.

La chacra de Rosa y Sixto produce yuca, banana, ají y frutas, y la familia ajusta su alimentación a cada cosecha (Captura de video @josueyeli/Youtube)

La mujer afirmó que sus hijos pudieron avanzar en la escolaridad a pesar de las condiciones de distancia y las limitaciones de transporte. También contó que sus hijas la ayudan cuando se enferma, con el envío de dinero o medicamentos.

En su testimonio, Rosa contrastó las dificultades materiales con el ambiente de convivencia que, según dijo, encuentra en la selva. “Uno no se pelea con la familia, se vive tranquilo”, afirmó. La rutina de la pareja continúa marcada por las tareas de cultivo, el cuidado de animales y los traslados por el río Napo, que conecta a las comunidades de esa parte de la Amazonía.