Cuando Acon Timber inauguró en abril de 2024 su enorme aserradero en Gobernador Virasoro, Corrientes, se convirtió en la primera gran inversión que recibía la industria forestal argentina luego de unos 20 años de parálisis provocados, entre otros factores, por aquel triste episodio de Botnia, que espantó a los grandes inversores.
Fueron cerca de 130 millones de dólares los que pusieron desde este grupo de origen austríaco, para montar una planta futurista dedicada a procesar una materia prima que abunda en la Mesopotamia, pero que durante décadas salió de la región con escaso valor agregado. O mejor dicho, casi nulo.
Por eso, por la abundancia de bosques que no tienen industria para ser procesados, la planta de Virasoro fue presentada además como la primera fase de un proyecto todavía más ambicioso del grupo. El aserradero, de hecho, tiene capacidad para consumir 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año, prácticamente el doble del volumen procesado actualmente. Pero para alcanzar esa escala hace falta realizar una segunda ronda de inversiones en secaderos, calderas, sistemas de clasificación y otras instalaciones.
Esa segunda fase ahora está en duda.
Sin pelos en la lengua, Nicolás Crisp, el presidente de Acon Timber Argentina, aseguró a Bichos de Campo que la concreción de esa segunda etapa dependerá de que el país consiga reducir la burocracia, resolver sus problemas de infraestructura y, fundamentalmente, bajar los costos logísticos que hacen que exportar desde Corrientes sea mucho más caro que hacerlo desde Brasil o Uruguay.
“Todo eso va a depender de si hay un entorno más competitivo y sostenible. Son cambios estructurales y están siendo más difíciles de lo que pensábamos”, advirtió Crisp en diálogo con este medio.}
Mirá la entrevista:
La inversión realizada en Virasoro pertenece a un grupo de accionistas austríacos y belgas. Uno de ellos ya tenía inversiones forestales en la Argentina, y por eso conoce del potencial forestal todavía semi-explotado que tienen el país. mientras que el otro estaba buscando ingresar a este mercado. Ambos se asociaron, tomaron la decisión de construir el complejo y posteriormente conformaron el equipo local.
Crisp confirmó que ese grupo ya realizó un desembolso de unos 130 millones de dólares, lo que permite al aserradero estar funcionando casi a pleno. En una reunión de AFOA (Asociación Forestal Argentina) donde se presentaron otras posibles inversiones en el sector forestoindustrial, el ejecutivo se alegró de que la llegada de la empresa pueda haber destrabado una larga parálisis en esa economía regional.
“Puede ser que hayamos sido esa punta de lanza. La verdad es que es una muy buena noticia que se sigan anunciando proyectos. Hay disponibilidad de materia prima, pero hay que hacer rentable toda la cadena para que la actividad siga creciendo, se plante más y se consuma más madera”, sostuvo.

En la planta correntina se producen tablas aserradas, secas y cepilladas. Además, todos los subproductos generados durante el proceso se utilizan para fabricar pellets, evitando que los residuos de la madera terminen desperdiciados. Recientemente, la empresa también instaló una línea de finger joint, una tecnología que permite detectar y eliminar los defectos de las tablas —como nudos, golpes u otras fallas de calidad— para después volver a unir las secciones aprovechables. De ese modo se mejora el rendimiento industrial de cada tronco y se obtiene un producto con mayor valor agregado.
La disponibilidad de madera en el nordeste argentino fue una de las principales razones que atrajeron a estos inversores. Acon Timber no cuenta con plantaciones propias como empresa, aunque algunos de sus accionistas poseen superficies forestadas mediante otras sociedades. Por eso, el aserradero funciona como una enorme boca de demanda para los productores de la región.

Actualmente recibe madera de más de quince proveedores y consume unos 700 mil metros cúbicos por año, equivalentes a la producción de aproximadamente 2.500 hectáreas forestales. La producción de madera elaborada se destina íntegramente a la exportación. En el caso de los pellets, en cambio, la compañía también intenta desarrollar mercados dentro de la Argentina y en los países vecinos.
Es precisamente allí, cuando la madera debe abandonar la planta y llegar hasta los mercados internacionales, donde comienza buena parte de los problemas que ahora padece cotidianamente Crisp.
“Ya sabíamos que hacer negocios en la Argentina y exportar desde la Argentina tenía dificultades. Pero cuando empezás a hacerlo te das cuenta de que es mucho más difícil que todo lo que te habían comentado”, reconoció el directivo.

El empresario enumeró una larga lista de obstáculos: una burocracia excesiva en los procesos de exportación, numerosos trámites y documentos, demoras en la recuperación del IVA, dificultades asociadas a la importación de los equipos utilizados para montar la planta y graves falencias de infraestructura.
Pero el principal problema, desde su óptica, continúa siendo la logística. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó.
La ubicación de la planta, en el norte correntino, permitiría pensar en el transporte fluvial como una alternativa natural. Los contenedores podrían trasladarse hasta puertos de Corrientes o Misiones y, desde allí, bajar en barcazas en lugar de recorrer cientos de kilómetros en camiones.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.
Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

En ese contexto, Acon Timber observa con expectativa que estas modificaciones avancen en alpún momento, porque así se podría ampliar la cantidad de embarcaciones disponibles para recoger cargas en los puertos de la región. Y con mayor competencia, supuestamente deberían reducirse los costos.
“Si conseguimos que levanten la carga en Corrientes y la lleven hasta Buenos Aires o Zárate, una vez que estamos en esos puertos quedamos en igualdad de condiciones con nuestros competidores, porque desde allí ya se manejan precios internacionales. Pero antes hay una parte del costo argentino sobre la cual hay que trabajar”, indicó Crisp.

Mientras tanto, desde su sede central en Europa, los accionistas ya realizaron la primera gran apuesta y los equipos están instalados y trabajando a pleno. Pero eso no garantiza automáticamente que vayan a ejecutar la segunda fase y apostar otra gran cantidad de dinero a la ampliación necesaria para aprovechar toda la capacidad del complejo.
Para pasar de los cerca de 700 mil metros cúbicos que procesa actualmente a los 1,3 millones que podría consumir, Acon Timber necesitaría sumar más secaderos y calderas para generar el vapor requerido para ese proceso de secado. También debería incorporar una segunda línea de clasificación y posiblemente nuevas prensas para fabricar productos de mayor valor agregado.

El potencial productivo existe, al igual que la disponibilidad de materia prima. La decisión, sin embargo, estará atada a que mejoren las condiciones de competitividad.
Crisp reconoció que los problemas están identificados y que existen iniciativas para resolverlos, pero mostró preocupación por la demora de esas soluciones. Mucho más en un escenario internacional de precios bajos, en el que cada costo adicional puede dejar a la madera argentina fuera de un mercado.

-¿Está el gobierno al tanTo de esto?
-La problemática se entiende y se está trabajando, pero está llevando más tiempo. A mí lo que me preocupa es que la industria y las empresas no tienen ese tiempo. No se puede esperar.}
La paradoja es evidente. Luego de un cuarto de siglo sin grandes desembolsos industriales, Acon Timber decidió confiar en el potencial forestal argentino e instaló en Virasoro una planta capaz de transformar enormes volúmenes de madera destinada a la exportación. Ahora falta saber si la Argentina será capaz de generar las condiciones necesarias para que ese proyecto complete su segunda etapa, o si los costos que frenaron las inversiones durante tantos años volverán a ponerle un límite.




