
El cine de aventuras ha vivido varias épocas doradas a lo largo de la historia del cine. A partir de 1930, proliferaron las primeras películas de piratas, caballeros y travesías exóticas, como Robin de los bosques o El capitán Blood. Estos títulos servirían en la década de los 80 como abono para héroes que quizá nos suenen más: Indiana Jones, Conan el bárbaro o La princesa prometida; y también en los 2000, donde Piratas del Caribe o La Momia marcarían a generaciones de niños (y no tan niños) hechizados por las peripecias que veían en las pantallas.
Otra de las películas herederas de ese espíritu aventurero fue Jumanji, la película protagonizada por Robin Williams que, tras su estreno en 1995, se convirtió en otro título de culto dentro del género. Tras el enorme éxito comercial de esta producción (logró más de 260 millones de recaudación), la productora quiso hacer una continuación, pero la idea no avanzó debido a que no lograron dar con una historia que convenciera del todo. Con todo, a partir de 2010 se retomó la idea para reiniciar una franquicia que, pese a no poder contar con el carismático actor (fallecido en 2014), tuvo en 2017 una secuela que superó con creces el éxito de su predecesora.
Estamos hablando de Jumanji: Bienvenidos a la jungla. Fue una película con un reparto completamente renovado, en el que destacaban Dwayne Johnson, Jack Black, Kevin Hart, Karen Gillan y Nick Jonas y que se sitúa varios años después de los eventos de la primera entrega. Con una versión mucho más moderna del juego inmersivo, la nueva producción supuso una oportunidad de descubrir un universo que muchos fans habían creído ya terminado. Al mismo tiempo, también sirvió de digno homenaje al legado de Robin Williams, incluyendo incluso una escena donde los protagonistas encuentran la cabaña en la selva donde vivió el primer protagonista de la saga, con su nombre grabado en la madera.




