La soja alcanzó esta semana su valor más alto de los últimos tres años, con $560 mil dentro del mercado local, un salto que reabrió la pregunta sobre si esta mejora cambia la planificación de los productores agropecuarios.
Daniel Berdini, agricultor de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, analizó el fenómeno en diálogo con TN y fue contundente: aunque la suba “da otro ánimo”, buena parte de los chacareros de la región no tiene mercadería guardada para aprovecharla.
Consultado sobre el trasfondo de esta suba, marcada por el conflicto bélico y el aumento del petróleo, Berdini fue claro sobre la lógica que suele repetirse: “Siempre que hubo algún ruido en otra parte del mundo o un conflicto bélico, los precios y los commodities en Argentina siempre fueron lamentablemente buenos para los ajenos y malos para los productores locales”.
Recordó que ese patrón ya se había visto al inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando se disparó el valor del trigo por el peso de ambos países como productores mundiales de girasol y trigo.
Pero el productor puso el foco en un dato más local y menos alentador: buena parte de la zona no tiene stock guardado para capitalizar la mejora de precios.
“Acá tenés una zona que va más allá de los valores, en los últimos siete años hemos perdido cinco cosechas, de las cuales dos fueron buenas”, explicó, y detalló que las sequías de 2018 y de la campaña 2021-2022 golpearon con fuerza al sector.
“Tuvimos cuatro o cinco pérdidas donde el productor está buscando más bien cómo sobrevivir, cómo llegar a la próxima cosecha”, agregó.

Esa realidad no es homogénea, ni siquiera dentro de la región que abarca a las localidades bonaerenses de San Pedro, San Nicolás y Ramallo.
“Lo tenés dividido: hacia el oeste tuvo una producción casi normal y la parte que da contra la costa del Paraná, cosechas pésimas. Entonces, bienvenidos sean los precios, pero la vemos pasar a esta situación algunos productores”, resumió.
A esto se suma otro condicionante: los costos de producción, que también están dolarizados, muchas veces suben más rápido que los granos.
Señaló además que los combustibles y los insumos, al estar dolarizados, “juegan en la misma cancha” que los granos, y muchas veces suben con más rapidez que los propios precios de los cereales.

La campaña ya está planificada y no hay margen para grandes cambios
Consultado sobre si esta mejora de precios modifica sus planes para la campaña en curso, Berdini fue categórico: prácticamente no hay margen para cambios de fondo, más allá de pequeños ajustes de superficie.
“El país ya está planificado, lo que se va a sembrar 26-27. Ya está sembrado el trigo, ya se sembró lo que había que sembrar de arvejas, los cultivos de invierno están sembrados. No va a cambiar mucho, sí puede bajar alguna hectárea de maíz y pasarse a soja con estos precios, pero el año ya está jugado”, explicó.
El productor remarcó además que la decisión de siembra depende, sobre todo, de la lectura climática que cada productor hace con anticipación.
Según contó, este año todo indica que será “tremendamente llovedor”, por lo que muchos productores apostarán fuerte a maíz y soja de primera de cara a las lluvias previstas a partir de octubre.
En cambio, explicó, en años de sequía se recurre a alternativas como arvejas, trigo o maíz de segunda, que se siembran más tarde.
Sobre quiénes son los mayores beneficiados por una suba de precios que llega fuera de la época habitual de negociación, fue igual de directo: “El que más beneficia, puede ser al gobierno y aquellos grandes productores o tenedores de cereales que están calzados en cereal. Todo lo que ocurre fuera de fecha lógica beneficia a muy pocos”.
Explicó que, después de la cosecha, los compromisos con bancos, cooperativas y alquileres obligan a buena parte de los productores a vender de manera casi automática, sin margen para esperar mejores precios.
“El pequeño y mediano productor, o el que no se encuentra en buenas condiciones económicas, la ve pasar”, insistió.
Finalmente, consultado sobre el estado de los caminos rurales de la zona, Berdini valoró el trabajo que se viene realizando, aunque remarcó que todavía queda camino por recorrer: “De uno a diez, estamos en un 50-60% de caminos en buenas condiciones, y después tenés otro que seguimos esperando”.
El productor cerró con una mirada puesta en lo que se viene para los próximos meses, en particular por la crecida esperada de ríos y arroyos de la zona: “Este es un año que no es para estar preocupado, es para estar ocupado”, sostuvo, en referencia a la necesidad de anticiparse a un escenario de lluvias intensas hacia fin de la primavera.




