
Alex Caniggia, Melody Luz y su hija Venezia recorrieron juntos Sevilla y Granada como parte de un itinerario europeo que parece no tener fin. Las fotos del viaje fueron la mejor respuesta a los rumores de separación que habían circulado durante las semanas en que él estuvo incomunicado por trabajo.
El itinerario arrancó en Sevilla. La ciudad los recibió con ese cielo azul que no negocia con las nubes y con el río que parte el paisaje en dos: de un lado, la ciudad monumental; del otro, el barrio de Triana con sus fachadas de colores reflejadas en el agua quieta del Guadalquivir. La familia recorrió la Plaza de España bajo el sol de la tarde —Melody de short de jean y top rosa, Venezia con un vestido rojo de lunares que la hacía imposible de perder entre la multitud—, y también se animó a la visita taurina. Alex también eligió el rosa para recorrer la Real Maestranza: primero en el ruedo, con la arena naranja como fondo; después en el museo, rodeado de trajes de luces, capotes y cabezas de toro disecadas, con los brazos abiertos y una sonrisa que lo decía todo.


La foto familiar frente a la Catedral de Sevilla fue quizás la imagen más contundente del viaje: los tres de rosa, a tono para el paseo andaluz, con Venezia subida a los hombros de su padre y la catedral gótica detrás. Melody extendió la mano hacia la cámara, la palabra “Cani” tatuada bien visible, ese apodo que es al mismo tiempo presente y legado familiar.
Desde Sevilla, el recorrido continuó hacia Granada. Alex se detuvo a tomar un café en la terraza de un hotel —remera negra, short camuflado, los tatuajes que cubren brazos, cuello y piernas como una segunda piel—, con esa actitud de quien tiene el tiempo a su favor. La ciudad vieja se desplegó desde las alturas de la Alhambra: el Albaicín abajo, los tejados de barro, los cipreses y la Sierra Nevada al fondo con sus cumbres todavía secas por el verano. Fue ahí donde la pareja también se sacó una selfie —los dos de marrón, ella con anteojos rectangulares oscuros, él con polo de cuello, tonos tierra que combinaban con el paisaje árabe— con una avenida de cipreses como telón.


El atardecer granadino los encontró en las afueras del hotel, con la plaza y la fuente abajo, las montañas al fondo bañadas en luz dorada. Alex y Melody se besaron. Venezia, en brazos de su padre, los miró con el chupete en la boca y expresión de seria evaluadora.
El viaje fue también el escenario elegido para confirmar lo que muchos venían preguntando y que a esta altura parece solo un mal recuerdo. Semanas atrás, la ausencia repentina de Caniggia en redes —sin publicaciones, sin historias, sin rastro— había encendido las versiones de una separación. Fue Melody quien las apagó desde el piso de Bondi Live: “Se habló mucho de que estamos separados. No estamos separados. Él está de viaje hace un mes, incomunicado por un trabajo del que no puedo decir”. El reencuentro se produjo en Madrid, y fue ella quien lo documentó con tres fotos y un texto que sintetizaba la actualidad de la pareja.


Este viaje por Andalucía llegó poco después, como una continuación natural de ese regreso. Al cierre del posteo, Alex escribió: “Los viajes pasan, los lugares cambian, pero los recuerdos que construimos juntos quedan para siempre en el corazón. No necesito más que tenerlas a ustedes a mi lado”. Melody respondió en el mismo tono: “Te amamos papuchiii, por más viajes juntos”. Hasta Claudio Caniggia, el padre de Alex, dejó su huella en los comentarios con tres emojis: la ratificación de que el histórico futbolista de la selección argentina también forma parte de este momento de plenitud.
