Harvard Health Publishing señaló que una dieta sin gluten equilibrada puede basarse en alimentos frescos y no solo en productos especiales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los productos con sello “sin gluten ganaron presencia en los supermercados. Aun así, quienes deben evitar esta proteína pueden preparar comidas variadas con ingredientes frescos, sin recurrir únicamente a panes, galletas o mezclas industriales.

De acuerdo con Harvard Health Publishing, la proteína aparece en el trigo, la cebada y el centeno. Para las personas con enfermedad celíaca, su consumo desencadena una respuesta autoinmune y la exclusión debe ser estricta.

También hay quienes presentan alergia al trigo, intolerancia u otros trastornos digestivos que asocian la ingesta con molestias gastrointestinales. En esos casos, la lectura de etiquetas y la prevención de la contaminación cruzada forman parte de la rutina alimentaria.

En ese marco, la dietista Alison Kane, del Hospital General de Massachusetts, plantea que el primer paso no tiene por qué ser recorrer el pasillo de productos especiales. Frutas, vegetales, carnes frescas, pescados, legumbres, frutos secos y semillas constituyen una base segura, siempre que no se les hayan añadido ingredientes con gluten durante su elaboración.

La lectura de etiquetas y la prevención de la contaminación cruzada son claves en la alimentación sin gluten (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los productos envasados pueden tener menos nutrientes y mayor costo

Los alimentos industriales identificados como aptos simplifican las compras y resultan indispensables en determinadas situaciones. Aun así, conviene revisar su composición. Muchas de estas opciones se fabrican con almidones refinados en lugar de granos enteros, por lo que pueden aportar menos fibra, hierro y vitaminas del grupo B.

Esa diferencia tiene relevancia porque la harina de trigo enriquecida incorpora por norma nutrientes como ácido fólico, tiamina y niacina, mientras que las mezclas de harinas libres de gluten no siempre cuentan con ese refuerzo.

Los productos envasados sin gluten pueden aportar menos fibra, hierro y vitaminas del grupo B, además de tener mayor costo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por eso, sustituir todos los productos habituales por sus versiones empaquetadas puede reducir la calidad nutricional de la dieta si no se compensan esos aportes con otros ingredientes.

El precio es otro factor a considerar. Los artículos certificados suelen costar más que sus equivalentes convencionales, de modo que priorizar preparaciones con materias primas frescas puede ayudar a organizar una alimentación adecuada sin depender por completo de productos específicos.

Frutas, vegetales y proteínas frescas forman una base apta

Una lista de compras basada en alimentos poco procesados ofrece numerosas alternativas. Las frutas y hortalizas no contienen gluten de forma natural, al igual que las carnes sin rebozados ni adobos preparados, el pollo, los huevos, los pescados y los mariscos. Los porotos, lentejas, garbanzos y otras legumbres también aportan proteínas y fibra.

A esa selección se suman nueces, almendras, maní, chía, lino y otras semillas. Estos ingredientes pueden utilizarse en desayunos, ensaladas, guisos o colaciones. La clave está en comprobar que no hayan sido mezclados, condimentados o procesados en instalaciones donde exista riesgo de contacto con cereales que contienen gluten.

Frutas, vegetales, carnes frescas, pescados, legumbres, frutos secos y semillas son alimentos naturalmente aptos sin gluten (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los lácteos simples, como la leche y los quesos naturales, suelen ser apropiados. Sin embargo, algunos yogures, quesos untables, cremas agrias y productos reducidos en grasa incorporan espesantes, saborizantes u otros aditivos.

Los cereales aptos amplían las opciones cotidianas

El mayor desafío suele aparecer al reemplazar el pan, las pastas y otros acompañamientos elaborados con trigo. Entre las opciones naturalmente libres de gluten figuran el arroz blanco, integral o silvestre y la harina de maíz; la quinoa; el trigo sarraceno; y el mijo.

La avena merece una atención particular. Aunque no posee gluten por sí misma, puede contaminarse durante el cultivo, transporte o procesamiento junto con trigo, cebada o centeno. Por ese motivo, quienes necesitan una dieta estricta deben elegir avena con certificación sin gluten, incluida la que se utiliza para elaborar bebidas vegetales.

La avena no contiene gluten de forma natural, pero debe elegirse con certificación sin gluten por el riesgo de contaminación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para cocinar, existen almidones de tapioca, maíz, arrurruz y papa. Pueden servir para espesar salsas, dar textura a masas o cubrir preparaciones al horno y fritas. Su incorporación permite variar las recetas, aunque conviene combinarlos con alimentos ricos en fibra y micronutrientes para evitar que ocupen un lugar excesivo en el menú.

Un plato equilibrado combina verduras, proteínas y carbohidratos aptos

Kane propone imaginar un plato dividido en proporciones. La mitad debería contener vegetales sin almidón, como hojas verdes, brócoli, zanahoria, coliflor o zapallito. De la otra mitad, una cuarta parte puede destinarse a una fuente proteica magra, entre ellas pollo, pescado, tofu, huevos o legumbres.

El cuarto restante puede completarse con un cereal apto o una verdura con almidón. El arroz integral, la quinoa, el maíz, la batata y la papa permiten cubrir esa función.

Un plato sin gluten equilibrado combina verduras, proteínas magras y carbohidratos aptos como arroz integral, quinoa, maíz, batata o papa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Planificar con anticipación puede facilitar la rutina. Cocinar una cantidad mayor de quinoa, arroz o mijo al comienzo de la semana permite reutilizarla en ensaladas, sopas, salteados y platos únicos. Así, una cena puede resolverse con una base de cereal, verduras disponibles y una proteína.

Las colaciones y el desayuno también pueden alejarse de los ultraprocesados

En lugar de depender de cereales, tostadas o galletas libres de gluten, el desayuno puede incluir yogur natural con fruta y frutos secos, una tortilla con vegetales y queso, o avena certificada remojada durante la noche. Estas alternativas suelen ofrecer mayor cantidad de proteínas y saciedad.

Para los momentos entre comidas, conviene disponer de opciones simples, como huevos duros, hummus con bastones de verduras, garbanzos tostados, una banana con mantequilla de maní o una fruta acompañada por queso. Las hojas de lechuga y de acelga o col también pueden reemplazar tortillas de harina en wraps y rellenos.

Como alternativa a las pastas o el pan, pueden utilizarse guarniciones de verduras con almidón. Una rodaja de papa cocida, por ejemplo, sirve de base para palta y otros ingredientes. Con una despensa organizada, productos identificados y atención a las etiquetas, este tipo de alimentación puede sostenerse a partir de opciones cotidianas.