La actriz Anya Taylor-Joy dijo que la fama temprana la llevó a sentirse “cazada” y con deseos de esconderse, al referirse al impacto de la exposición pública en una entrevista con Miley Cyrus publicada por V Magazine y citada por Entertainment Weekly. La intérprete también habló sobre la exigencia personal con la que enfrenta su incorporación a la saga Dune.
El impacto de la fama
Durante la charla, Taylor-Joy admitió que durante un tiempo respondió a la atención pública con una actitud de repliegue. “Me protegí demasiado”, afirmó, al recordar el período en el que sentía la necesidad de ocultarse frente al crecimiento de su popularidad.
La actriz explicó que con los años empezó a relativizar parte de las opiniones externas. Según señaló, aprendió a distinguir entre los comentarios que considera valiosos y aquellos que se construyen sobre poca información o sobre una percepción parcial de su vida.
Un episodio en Londres
La exposición no fue su única dificultad. En 2023, un ladrón armado irrumpió en una vivienda de lujo en Londres donde la actriz se encontraba junto a su esposo, el músico Malcolm McRae.
De acuerdo con Associated Press, el intruso intentó forzar la entrada al dormitorio con una barreta, pero escapó después de que McRae dijera que tenía un arma. El hombre fue condenado a tres años de prisión, en un caso que sumó un componente de inseguridad a la vida de la actriz.
Del cine indie a “Dune”
Antes de convertirse en una figura de alcance global, Taylor-Joy había construido reconocimiento en títulos como The Witch y Thoroughbreds. Más adelante compartió elenco con James McAvoy en Split, de M. Night Shyamalan, y dio un salto de visibilidad con The Queen’s Gambit.
Ahora se prepara para integrar la tercera película de Dune, dirigida por Denis Villeneuve. Allí interpretará a la hermana de Paul Atreides, personaje encarnado por Timothée Chalamet, en una de las franquicias de mayor proyección de los últimos años.
La presión de superarse

Consultada por Miley Cyrus sobre el peso de sumarse a una saga con seguidores en todo el mundo, la actriz dijo que no suele enfocarse en esa presión externa. Explicó que encara cada proyecto desde su vínculo con la historia, el realizador y el personaje.
“Todavía estoy tratando de impresionarme a mí misma”, sostuvo Anya Taylor-Joy, al describir una exigencia que definió como intensa a nivel personal. También afirmó que con el tiempo entendió que a veces la perfección pasa por saber soltar.
Los papeles que marcaron su carrera

Anya Taylor-Joy construyó una carrera marcada por personajes que combinaron rareza, tensión y magnetismo. Uno de los primeros que la instaló en la conversación internacional fue Thomasin, la joven protagonista de The Witch, la película de Robert Eggers que la convirtió en una de las revelaciones del cine de terror contemporáneo.
Más tarde sumó otro papel recordado con Casey Cooke en Split, donde compartió pantalla con James McAvoy en un thriller psicológico que amplió su llegada al gran público.
El salto definitivo en popularidad llegó con Beth Harmon, la protagonista de The Queen’s Gambit. En esa serie de Netflix, Taylor-Joy interpretó a una prodigio del ajedrez atravesada por la obsesión, la soledad y la competencia, en un trabajo que consolidó su perfil internacional. El personaje se convirtió en uno de los más asociados a su carrera y le dio una visibilidad mucho mayor fuera del circuito del cine.

En los años siguientes, la actriz sostuvo esa proyección con nuevos trabajos en producciones de alto perfil. Entre ellos aparece Furiosa, a quien interpretó en Furiosa: A Mad Max Saga, además de su participación en Emma, donde asumió el rol central de la adaptación de la novela de Jane Austen. Ahora, su desembarco en el universo de Dune suma otro título de peso a una trayectoria que alternó cine de autor, series de impacto masivo y grandes franquicias.


