Arnau Ortiz. (Instagram)

“No se puede definir con palabras. Me ha costado mucho llegar hasta aquí y me siento afortunado”. Arnau Ortiz (Figueres, 2001) acababa de recibir la noticia que llevaba años persiguiendo: el Atlético de Madrid le daba ficha del primer equipo para la temporada 2026/27. El extremo catalán, que cumplirá 25 años en octubre, lucirá el dorsal 16 en el Metropolitano. Sus excompañeros del filial ya se lo habían anticipado entre bromas en redes sociales. Para él, sin embargo, no era ninguna broma. Era el premio a un camino demasiado largo como para resumirlo en una sola temporada.

Porque antes de ser el futbolista que ha convencido al Cholo Simeone de que merece una oportunidad, estuvo el “pequeño Arnau”. El niño de Figueres al que sus primeros entrenadores ya colocaban cerca del área porque sabían que, cuando recibía el balón, algo iba a ocurrir.

Álvaro Fransoy lo entrenó cuando era cadete de primer año, con 13 años. No era el más grande del equipo ni el más desarrollado físicamente. Pero tenía algo que llamaba la atención enseguida. “Desde el primer momento ya sabía que era un jugador distinto a los demás”, recuerda en conversación con Infobae. “Tú lo metías cerca del área y siempre pasaban cosas. O regateaba, o hacía acción de gol, o era penalti. No había más opciones con Arnau”, destaca.

Arnau Ortiz en el Figueres. (cedida)

El talento no siempre viene en un cuerpo grande

Aquel primer Arnau ya tenía una característica que le acompaña hasta hoy: el descaro. Recibía y encaraba, una y otra vez. No esperaba a que el partido lo encontrara; quería ser él quien lo cambiara. “No le gustaba perder ni en los entrenamientos”, dice Fransoy. Competía en cada sesión y buscaba constantemente ser mejor. En aquel equipo compartió generación con Víctor Valverde, hoy en el Albacete, otro futbolista al que su antiguo entrenador también ve con condiciones especiales.

Pasaron los años y Fransoy siguió en contacto con ambos. Por eso, cuando los ve competir en el fútbol profesional, la sensación que le queda es de orgullo: “Lo que siento es orgullo, porque se lo merecen. Y por poder decir que si algo les he aportado, que seguramente será poco, al menos no les he restado en su progresión”.

Arnau Ortiz. (Atllético de Madrid)

El Peralada, su primer gran salto

El siguiente escalón fue el CF Peralada, en Tercera División. Allí dejó de ser el niño talentoso del Figueres para enfrentarse por primera vez a un vestuario sénior. Nitus Santos era el director deportivo del club y había apostado por Albert Carbó (hoy asistente de Unai Emery) para dirigir al primer equipo. Carbó conocía a Arnau de su etapa en el fútbol base y quiso llevárselo consigo. Santos también veía algo distinto: “Creíamos que tenía algo que los demás no tenían y que le podíamos ayudar”.

Había, eso sí, una cuestión evidente que resolver: el físico. “No pesaba ni 55 kilos. Era muy delgado, muy finito”, recuerda a este diario. Pero también era rapidísimo y tenía facilidad para conducir la pelota, superar rivales en el uno contra uno y atacar espacios. El plan era sencillo: trabajar. Arnau hizo la pretemporada, fue ganando confianza y terminó la primera vuelta como titular indiscutible. La segunda la jugó entera. Y al acabar aquella temporada, el Girona llamó a su puerta.

Pep Genís, utillero del Peralada, lo vivió desde dentro. Recuerda a aquel chaval que llegó tímido a un vestuario con jugadores más veteranos: “Era un jugador bastante vertical por la banda”, señala. Con él, además, nació una relación que fue más allá del fútbol. Los padres del futbolista tienen una pescadería en Figueres, y Genís aprovechaba para encargar el género: “Siempre le decía: ‘Arnau, mi mujer quiere hacer arroz este fin de semana’. Y siempre me ponía gambas y cigalas”. Se ríe al recordarlo, y vuelve enseguida al jugador: “Creo que es el mismo de siempre. Amigo de sus amigos”.

Arnau Ortiz con Albert Carbó, del cuerpo técnico de Unai Emery (cedida)

Una vaselina de juvenil ya avisaba de lo que había

Arnau tenía una costumbre antes de salir al campo: pisar primero con el pie derecho. “Dice que así le da suerte”. Pero hay otra escena que se le quedó grabada: un partido de juveniles en el que el portero rival estaba adelantado y Arnau vio una posibilidad que otros quizá ni habrían intentado. “Se la metió por arriba con una vaselina milimétrica”. La reacción del banquillo fue inmediata: “Joder, vaya tío”.

Aquel descaro que ya tenía de juvenil, lo mantuvo al llegar al Peralada y, con el paso del tiempo, lo fue afinando. Sin embargo, en el Girona no encontró su sitio. Arnau pasó una etapa complicada, sin encontrar la confianza que necesitaba del entrenador. Genís recuerda incluso un partido del filial en Riudarenes en el que el joven futbolista estaba más cerca de la gente del Peralada que de sus propios compañeros de equipo. Después llegaron las cesiones: Penya Deportiva, Real Murcia, Eldense, Cartagena. Distintos vestuarios, diferentes contextos y el mismo objetivo, encontrar continuidad. Hasta que apareció Polonia.

En el verano de 2024, Arnau dejó Cartagena para probar suerte en el Śląsk Wrocław, de la Ekstraklasa. Era su primera experiencia fuera de España, en otro país y otro fútbol. El proyecto acabó con el descenso del equipo. No fue la experiencia que había imaginado, pero tampoco quiso verla como un fracaso: “Me llevo muchas cosas positivas que a día de hoy me han hecho mucho mejor futbolista”, confesó el futbolista poco después. Y entonces apareció el Atlético Madrileño.

Arnau Ortiz. (Instagram)

Fernando Torres le cambió la mirada

Arnau llegó al filial rojiblanco en septiembre de 2025. A las órdenes de Fernando Torres, demostró que aquel extremo tenía más gol del que había mostrado hasta entonces y le pidió que lo buscara. “Me ha cambiado la mentalidad”, reconoció sobre la leyenda rojiblanca.

La transformación fue evidente. Arnau empezó a vivir con la portería “entre ceja y ceja”, tanto en partidos como en entrenamientos. El resultado fueron 23 goles y seis asistencias en 38 partidos, que lo convirtieron en el máximo goleador de Primera Federación (a solo dos tantos del récord histórico de la categoría). El Atlético Madrileño se quedó cerca del ascenso a Segunda y Arnau dejó de ser una promesa desconocida. Su nombre empezó a sonar. También en el primer equipo.

Arnau Ortiz en el Figueres

Pudo haberse marchado. Decidió esperar

El verano puso a prueba su paciencia. Llegaron ofertas de Primera y de Segunda. Clubes como el Espanyol, el Elche o el Racing se interesaron por él: oportunidades reales, con mejores condiciones económicas y, probablemente, más garantías de minutos. Arnau decidió esperar. Quería hacer la pretemporada con Simeone porque sabía que podía ser su última ocasión de entrar en el primer equipo del Atlético. Y no la dejó escapar. Marcó ante el Getafe. Volvió a hacerlo frente al Manchester United. Y en Marsella protagonizó una carrera por la banda que acabó con una asistencia a Carlos Martín. Tres momentos suficientes para que Simeone viera lo que ya habían visto Fransoy, Santos, Genís y todos los que le acompañaron antes: un futbolista capaz de cambiar el partido.

No sería la primera vez que el Cholo premia ese tipo de insistencia. El regreso de Diego Costa a fuerza de entrenamientos, el derbi que le abrió la puerta a Lucas Hernández como lateral izquierdo, o las adaptaciones de Giuliano y Pubill a nuevas posiciones son otros ejemplos de jugadores que se ganaron su sitio a base de aprovechar la oportunidad exacta en el momento exacto. El contexto, además, ayudó: Sorloth estaba lesionado y Julián Álvarez llegaba de disputar la final del Mundial, todavía sin ritmo de competición. Arnau aprovechó el hueco. Simeone decidió que se quedara.

Arnau Ortiz contra el Manchester City en pretemporada. (REUTERS/Kim Soo-Hyeon)

“Que tenga paciencia con los minutos”

La noticia emocionó especialmente a quienes habían visto el camino desde mucho antes. Nitus Santos recuerda la foto del dorsal 16: “Casi lloro, te lo juro”, reconoce. Aunque ahora el camino se retuerce. Con el cierre de mercado, poco a poco se irán sumando a la dinámica del primer equipo Sorloth, Julián Álvarez o Jonathan David, que en teoría parten por delante en la posición 9. Pero el Atleti tiene un diamante en bruto que ya ha demostrado de qué es capaz. Le toca al Cholo pulirlo, y a Arnau, tener paciencia. “Que tenga paciencia con los minutos que le van a llegar y que aprenda de todos. Que siga haciendo lo que está haciendo, que es lo que le gusta: jugar al fútbol”, le aconseja Genís.