
En El Salvador, el consumo de maíz y frijol presenta ciertas diferencias entre zonas urbanas y rurales, según una investigación elaborada por CID Gallup en julio de 2026. Las cifras del informe, “Estudio dimensiona el consumo de maíz y frijol en los hogares salvadoreños”, basado en entrevistas directas en 6,400 hogares a escala nacional, reflejan diferencias en los hábitos de compra y preparación de estos dos granos básicos.
El consumo anual de maíz en los hogares salvadoreños se ubica entre 8.77 y 9.63 millones de quintales, con una estimación normal de 9.16 millones de quintales. Cuando se incluye el consumo realizado fuera de la vivienda, la demanda total asciende a un rango de 9.38 a 10.29 millones de quintales, con una estimación central de 9.79 millones.
En el caso del frijol, el consumo anual en hogares se sitúa entre 1.37 y 1.71 millones de quintales, con una cifra de referencia de 1.60 millones de quintales.

Contraste y similitudes entre zonas urbanas y rurales
El estudio revela que las diferencias entre zonas urbanas y rurales se manifiestan en la forma de acceso y consumo del maíz. En las áreas rurales, los hogares tienden a consumir más maíz equivalente por semana, lo que se vincula a la preparación doméstica: predominan la tortilla hecha en casa, el uso de masa y, en algunos casos, el autoconsumo. Además, varias regiones rurales reportan mayor intensidad en el uso de maíz que luego se transforma en alimentos preparados dentro del hogar.
En contraste, en las zonas urbanas y especialmente en el Área Metropolitana de San Salvador, predomina la compra de alimentos ya preparados, en particular tortillas y pupusas.
La tortilla comprada es el producto de maíz con mayor presencia en los hogares, seguida por la pupusa adquirida fuera de la vivienda. Esta tendencia evidencia la relevancia de la cadena comercial y de servicios (como tortillerías y pupuserías) en la dieta diaria urbana.

El patrón de consumo de frijol muestra menos variaciones. El frijol preparado en casa mantiene una presencia muy alta en los hogares de todo el país y es considerado un alimento básico de la despensa familiar. El estudio advierte que cualquier cambio en el precio, la disponibilidad o la calidad del frijol impacta de manera inmediata en el gasto alimentario de las familias salvadoreñas.
Los datos recabados por CID Gallup permiten observar con precisión la demanda real de maíz y frijol en el país. El rango de estimaciones responde a factores como el tamaño de las porciones, las equivalencias de conversión y el consumo fuera del hogar, que hasta ahora no se había calculado con esta exactitud.
En términos regionales, algunas zonas rurales presentan una mayor intensidad de consumo de maíz, mientras que el Área Metropolitana de San Salvador concentra una parte importante de la demanda urbana de productos terminados. El informe destaca que esta dualidad en los patrones de compra y preparación obliga a considerar todo el circuito del maíz: desde la producción agrícola hasta los puntos de venta finales, pasando por molinos, tortillerías, pupuserías, mercados y transporte.