
La brecha entre las asignaciones familiares que reciben los trabajadores formales y las prestaciones destinadas a hogares informales o desempleados se amplió significativamente en los últimos años: un hogar con trabajo informal puede cobrar por hijo casi tres veces más que uno con empleo registrado.
Así surge de un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet. La AUH y la Prestación Alimentar estuvieron entre los pocos programas que se expandieron durante el ajuste fiscal llevado adelante por el Gobierno. En conjunto, pasaron de representar el 0,7% del PBI a fines de 2023 a cerca del 1% actualmente, el máximo de la serie analizada.
La expansión respondió a aumentos discrecionales aplicados al inicio de la actual gestión y, posteriormente, a la actualización de la AUH de acuerdo con la inflación desde mediados de 2024. Esto permitió primero una recuperación real de las prestaciones y luego un sostenimiento cercano a la evolución de los precios.

En el caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH), la recuperación comenzó con el aumento nominal discrecional del 100% dispuesto en enero de 2024. Luego, la prestación continuó actualizándose mediante la fórmula de movilidad trimestral vigente hasta junio de ese año. Desde julio de 2024, quedó indexada mensualmente a la inflación, con un rezago de dos meses.
La Prestación Alimentar, en tanto, permaneció nominalmente fija durante casi dos años, aunque amplió su cobertura a todas las familias receptoras de AUH con hijos menores de 18 años, cuando anteriormente alcanzaba a quienes tenían hijos de hasta 14 años. En mayo de 2026, el Gobierno dispuso un aumento del 38%.
Para un hogar representativo con un hijo elegible, ambas transferencias se recuperaron después de la caída registrada entre 2022 y 2023 y se estabilizaron, aunque con cierta volatilidad, en torno a los $223.000 a valores actuales. El monto combinado había superado los $250.000 durante 2020 y 2021, mientras que alcanzó un mínimo de $160.000 a fines de 2023.
Al mismo tiempo, la cantidad de beneficios de la AUH se redujo de 4,4 millones a cerca de 4 millones, con una caída especialmente marcada durante 2023, para luego estabilizarse.
“Las causas no son concluyentes, pero podrían incluir efectos de la flexibilización en las suspensiones o bajas relacionadas con la no presentación de la libreta educativa y de salud dispuesta en 2020; la evolución del empleo formal y el aumento de ingresos por encima del umbral de elegibilidad y, finalmente, la caída de la natalidad que seguramente irá incrementando su impacto en los próximos años”. indicó el informe.
Las asignaciones para trabajadores formales perdieron terreno
El comportamiento de las asignaciones familiares para trabajadores formales (AAFF) fue diferente. Su gasto se redujo a la mitad como consecuencia de las distorsiones en la actualización automática de sus montos nominales, sin los incrementos discrecionales que sí recibió la AUH.
Las AAFF pasaron de representar cerca del 0,6% del PBI a fines de 2019 —un nivel similar al de la AUH— a apenas el 0,3% del PBI actualmente. La reducción de los beneficios entre los trabajadores registrados responde tanto a la evolución del empleo formal como al rezago en la actualización de los topes de ingreso.

El vínculo es directo: cuando crece el empleo formal, también aumenta la cantidad de trabajadores que reciben asignaciones, y ocurre lo contrario cuando el empleo registrado cae. Sin embargo, los trabajadores también pueden dejar de ser elegibles cuando sus ingresos familiares superan el máximo establecido.
En los últimos años, esos topes no acompañaron la evolución del salario real, lo que generó fuertes variaciones en la cantidad de beneficios. Durante los últimos dos años, tanto la evolución del empleo formal como el retraso en los límites de ingresos podrían explicar la tendencia negativa de las asignaciones destinadas a trabajadores registrados.
“Como consecuencia de ambas dinámicas, el desfasaje entre los montos de ambos universos —formal e informal— se ha ampliado significativamente, generando potenciales incentivos no deseados sobre el mercado laboral”, sostuvo el IIEP.
Una diferencia de hasta $208.000 por hijo
La diferencia se vuelve especialmente significativa al comparar hogares con un hijo menor de 18 años a cargo. Si los padres están en la informalidad o desempleados y cumplen con los requisitos para recibir AUH y Prestación Alimentar, actualmente perciben $223.000 por hijo.
Para un hogar en el que uno de los padres tiene un empleo registrado, en cambio, la asignación familiar puede ir desde $15.000, cuando el ingreso familiar se ubica en el rango más alto —entre aproximadamente $2 millones y $6 millones—, hasta $75.000 cuando el ingreso familiar es inferior a $1,1 millones.

De esta manera, en el mejor de los casos para un trabajador formal, la combinación de AUH y Prestación Alimentar representa casi tres veces el monto de la asignación familiar correspondiente a un trabajador registrado.
“Esto agrava los problemas ya existentes en el mercado laboral, generando incentivos a la informalidad en el margen, dado el salto discreto en el ingreso que reciben estos hogares por estos conceptos. Vale recordar, además, que los trabajadores del sector público provincial reciben asignaciones familiares muy distintos con esquemas propios, completando un panorama altamente fragmentado tanto en su cobertura horizontal como vertical”, remarcó el IIEP.




