Al teclear ‘Toma vitamina’ en Google, el buscador completa de manera automática el chispeante estribillo que marcó el verano de 2002: “Toma vitamina cuando te enamores”. La canción fue la primera gran carta de presentación del grupo La Fiesta, la formación creada por los cantantes, compositores y productores Alejandro Abad y Josep Llobell. Apenas estuvieron en activo tres años y después se esfumaron, pero el éxito que supuso este primer tema y el de “Quiero montarme en tu velero, ponerte yo el sombrero y hacernos eso. Ay, ay, ay, ay” continúan hoy vigentes. De hecho, este segundo tema se convirtió en un éxito que, tras su ritmo popero, escondía una ambigüedad apta para que lo cantaran los menores. “Realmente habla de sexo seguro, que es algo muy importante, pero antes no se podía hablar de esas cosas”, recuerda Cristina Conde (Fuengirola, 1982) a Infobae, una de los cuatro miembros del grupo.
El grupo surgió cuando Abad, que para entonces ya llevaba años escribiendo algunos de los grandes éxitos de la música española —había ganado como compositor el Festival de la OTI y representado a España en Eurovisión en 1994—, decidió organizar un casting para formar un grupo de latino-pachangueo con cuatro chavales jóvenes y guapos con el que dar un auténtico pelotazo. Y vaya si lo dio.
Urko, Dani, Raquel Oliván y, por entonces, Lorena Calero, formaron La Fiesta durante los primeros meses. La formación fue al Festival de Benidorm, certamen creado para promover la ciudad valenciana y la música española, donde presentaron por primera vez Toma vitamina. Poco después, Calero abandonó el grupo después de no llegar a un acuerdo con la discográfica. “Estuvo muy poco tiempo. Hicieron el Festival de Benidorm y al poco abandonó. No llegó a grabar el primer disco”, recuerda Conde.

Del inocente ‘Toma vitamina’ al “sexo seguro” de ‘La canción del velero’
La Fiesta necesitaba entonces encontrar a una sustituta y Abad y Llobell convocaron un nuevo casting. “Me enteré de que estaban buscando una chica para un grupo. No sabía bien ni siquiera el estilo de música que era. Fui un poco como pollo sin cabeza”, recuerda la cantante, que para entonces tenía 18 años y viajó desde Fuengirola a Barcelona. Sí conocía, en cambio, uno de los requisitos: buscaban a una chica morena.
“Antiguamente se buscaba mucho un físico concreto. Igual que los reality buscaban un carácter concreto para cubrir según qué personaje, querían una chica rubia y una morena. Yo sustituí a la chica morena”, afirma. Con Cristina ya dentro, llegó el primer disco, y con él una nueva versión de Toma vitamina. “Yo tenía 18 años y realmente no era consciente del éxito que iba a tener el grupo, aunque llevaba cantando desde los 15 años”, reconoce.

El primer disco, llamado como su single debut, fue una combinación de temas pop —no disponibles en ninguna plataforma de streaming— que apostó por una portada “súper colorida” y “una imagen súper infantil”, y que terminó arrasando en ventas, rozando las 50.000 copias vendidas y colándose en algunos de los recopilatorios más populares de aquellos años, como Caribe Mix o Gran Hermano.
Pero ni las ventas ni la popularidad de Toma vitamina fueron suficientes para garantizarles un segundo disco con la misma compañía. “Cuando grabamos el segundo disco, Universal Music no confió en ese proyecto”, explica Conde. La negativa pudo haber supuesto el final de La Fiesta, pero Vale Music —la compañía que Ricardo Campoy, fundador de la discográfica Max Mix y autor de recopilatorios como Caribe Mix, fundó tras su salida en 1997— decidió apostar por ellos.
El segundo álbum, Dicen, llegó en 2003 con una canción que terminaría superando el éxito de Toma vitamina: La canción del velero. “Fue un éxito en España, más si cabe todavía, y también en países como México. En Latinoamérica empezó a escucharse también, cosa que con Toma vitamina no ocurrió”, recuerda Conde. Sin embargo, pese a que el tema estaba escrito por Abad —este, detrás de hits que también fueron canción del verano para artistas como Paulina Rubio o David Civera— y Llobel, desconocían si iba a convertirse en un éxito. “La discográfica [Universal Music] no confiaba en nosotros. Tuvimos la suerte de que Vale Music sí y que al final empezaron a pincharlo en las discotecas. Es la gente, al final, quien decide si es un éxito o no”, explica, aunque remarca que “todo lo que tocaba Abad, ya sabían que iba a ser un éxito”.

El éxito del tema y del futuro disco llegó acompañado de un cambio radical en la imagen del grupo. Si para Toma vitamina apostaron por una estética más cercana a la que llevaría el público que todavía veía Los Lunnis, para Dicen fueron a arriesgar. “La imagen era mucho más rompedora. Bueno, de hecho, aquí estamos sin ropa”, cuenta mientras enseña la contraportada del disco durante la entrevista.
“Mi padre estuvo ocho meses sin hablarme”
Cristina y Raquel posaron desnudas de cintura para arriba, con las manos de sus compañeros cubriéndoles el pecho. “No teníamos ni tiritas ni nada”, recuerda Conde. La idea, que partió de Alejandro Abad, tuvo consecuencias en casa: “Mi padre estuvo ocho meses sin hablarme por lo provocadora que era”. Aun así, no les quedó otra porque no tenían poder de decisión. “Casi todo lo decidían ellos, por no decirte todo. Ellos mandaban”, rememora sobre los que fueron sus jefes.
La presión estética también hizo mella en la cantante. “Yo cuando entré estaba más gordita y siempre hay gente por encima que te dice que tienes que adelgazar, que tienes que cuidarte”, explica. “Había un canon estético con el que había que cumplir, porque si no, no te contrataban”.

El grupo se disolvió tras un tour por los platós de televisión de nuestro país y una gira que se tradujo en unas 100.000 pesetas por bolo, que hoy al cambio serían unos 600 euros, aunque para la época era “mucho”. Desaparecieron “de la nada”; se debatió en blogs de internet sobre su desaparición, que para finales de 2003 ya no existía. “Las actuaciones cada vez iban a menos. Tuvimos que tomar caminos diferentes”, resume. Raquel fue fichada como azafata para la última etapa del programa Un, dos, tres... de Chicho Ibáñez Serrador, mientras que Dani y Urko fueron buscando nuevas salidas profesionales. De los cuatro, ella es “la única que se ha dedicado exclusivamente a la música”, puesen estos años ha trabajado poniendo voz a sintonías como la del programa Allá tú de 2004 a 2011 y ha girado con los espectáculos ABBA40 y un tributo a Michael Jackson.
Más de dos décadas después, aquellas canciones todavía le generan dinero, aunque en cantidades mucho menores. “Nosotros no somos los autores. Sí que recibimos derechos de fonograma, pero es muy poquito”, explica. Como intérpretes, perciben esos ingresos a través de la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE): “Mientras las canciones sigan sonando y sigan saliendo los vídeos en la tele, algo te va generando. Muy poquito, pero sí”.

En 2022 el grupo revivió porque Conde vio “que había muchos festivales remember y mucho revival”, aunque sin los otros tres integrantes originales. Raquel vivía en Roma y Dani y Urko habían encaminado sus vidas hacia otros trabajos, aunque este último participó como invitado en una de las últimas ediciones del festival Petardeo Fest. Conde reformuló el grupo con nuevos integrantes y un espectáculo que combina sus mayores éxitos de la época con otros de los 2000 que interpretaron desde David Civera y Sonia y Selena hasta Raúl o Fórmula Abierta.




