El “carbón de la panoja del maíz”, una enfermedad fúngica causada por el hongo Sporisorium reilianum, había prácticamente desaparecido del mapa productivo cuando, tras haber circulado hace unos 80 años, registros del centro del país advirtieron por primera vez de su regreso en 2022.
A diferencia del “carbón común del maíz”, una patología mucho más extendida en el cultivo y caracterizada por sus ataques esporádicos, el carbón de la panoja es conocido como una amenaza tan silenciosa como agresiva, que ataca de manera sistemática a la planta, dejándola con pocas o nulas probabilidades de generar granos.
Antes del 2022, cuando desde Aapresid advirtieron por el regreso del Sporisorium reilianum, los últimos registros de esta enfermedad en lotes de maíz databan de entre 1935 y 1941.
Se lo conoce como “carbón de la panoja” porque, si bien el hongo ya presente en el suelo infecta a la semilla durante la germinación, los síntomas son visibles recién en la floración, con cambios notorios en la panoja del maíz: filodia (transformación de órganos florales a vegetativos), multifloración y disminución de tamaño.
El síntoma más distintivo es la cooptación de la panoja por estructuras pulverulentas negras llenas de teliosporas, sin formación de grano ni marlo. Además de la pérdida de rendimientos, esta enfermedad puede, de manera indirecta, tener también consecuencias comerciales por las barreras de importación impuestas en algunos mercados.
Alerta agronómica por la reaparición intensa del carbón de la panoja en la principal zona maícera de la Argentina
En la previa a una nueva campaña gruesa, desde CREA advierten por la persistencia de esta enfermedad en el lote y exponen la importancia de atender a la matriz de riesgo antes de tomar la decisión de siembra.
Según señalaron, el problema de esta enfermedad es que las teliosporas del hongo pueden conservar su viabilidad en el perfil durante varios años -hasta cinco, señalan desde Aapresid- lo que invalida prácticas de labranza tradicionales como método de erradicación y puede generar mayores presiones en campañas sucesivas.
“Si en un lote se registró la enfermedad en maíces previos, la probabilidad de enfrentar cuadros graves en siembras posteriores es sumamente elevada. Aun en esquemas donde se alternaron cultivos, el inóculo remanente en el suelo basta para desencadenar brotes severos al reintroducir el cultivo”, alertó Agustín Bilbao, asesor del CREA Necochea-Quequén (región Mar y Sierras).

En ese sentido, desde la entidad, que ha montado su propia “ruta del carbón” para evaluar la incidencia de la enfermedad en el centro-sur bonaerense, recomiendan prestar particular atención al historial del lote.
Si este supera una incidencia del 0,1% en el año previo o del 3% y el 10% en los últimos dos o tres años, respectivamente, señalaron que “la recomendación agronómica es no sembrar maíz y derivar la superficie a otros cultivos no hospedantes (como soja o girasol) para interrumpir el incremento del inóculo”.
Distinto es el caso en que la situación del lote es identificada como de “riesgo medio”, cuando puede optarse por manejos que promuevan un crecimiento inicial acelerado, además de emplear híbridos tolerantes a la enfermedad. También se aconseja evaluar el uso de curasemillas de mayor eficacia fungicida.
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En su red de ensayos -desarrollada por Viento Sur, CREA Mar y Sierras y empresas semilleras-, se monitorearon e integraron 278 lotes representativos de la región, en los cuales la prevalencia de la enfermedad alcanzó un 44%, con variaciones de acuerdo a las rotaciones elegidas.
En lotes con baja frecuencia de maíz esta descendió al 30%, mientras que en lotes con secuencias maiceras continuas o de alta frecuencia, la prevalencia e incidencia aumentaron significativamente. Eso se explica porque en el ranking de peso relativo de los factores de manejo, la presencia de maíz en la rotación representa alrededor de un 60%.
El 40% restante se divide en partes iguales entre la genética (mayor susceptibilidad de híbridos comerciales), y un conjunto de otras causas, como el vigor de la semilla, densidad de siembra y la fertilización.
Fotos: Contenidos CREA