Alejandra Arredondo

Austin (EE.UU.), 18 sep (EFE).- Pedir un carro desde el teléfono, verlo llegar sin un conductor al volante y recorrer el trayecto a tu destino sin intercambiar una sola palabra es una experiencia cada vez más común en Austin, capital de Texas, la cual se ha convertido en uno de los principales campos de prueba de los vehículos autónomos en Estados Unidos.

Por las calles de la ciudad circulan unos 400 vehículos autónomos de seis compañías en distintas fases de prueba o despliegue, entre ellas Tesla, Waymo y Zooz, según datos del Ayuntamiento.

Austin lleva años sirviendo de laboratorio para esta tecnología. Waymo comenzó allí sus primeras pruebas hace más de una década, Volkswagen desplegó una flota piloto en 2023 y Tesla lanzó su servicio de robotaxis, con el modelo Y en 2025.

El Cybercab, un coche dorado, sin pedales, volante o retrovisores, la nueva apuesta de la compañía de Elon Musk para los taxis autónomos, comenzó a operar también en Austin a principios de mes.

El ambicioso proyecto, que tiene registrados 45 vehículos en la ciudad, está siendo investigado por el Departamento de Transporte, que busca verificar si cumple "plenamente" con todas las normas de seguridad.

Y es que, la rápida expansión de esta tecnología también ha generado preocupación entre los residentes, líderes locales y la policía de Austin sobre la seguridad de estos vehículos, especialmente la manera en que responden ante situaciones inesperadas y emergencias.

Desde junio de 2025, las compañías de coches autónomos que operan en la ciudad han reportado más de 180 accidentes, según datos recopilados por el diario Austin American Statesman.

Para Myriam Schoenfield, activista de Texas Streets Coalition, uno de los más grandes problemas es la falta de regulación en la ciudad sobre esta tecnología y de transparencia por parte de las empresas.

Desde 2017, una ley estatal de Texas permite que estos vehículos circulen sin una persona al volante y prohíbe a las ciudades establecer sus propias regulaciones, según la legislación estatal.

Según explicó la activista, las compañías no están obligadas a reportar por ejemplo cuántas millas recorren los vehículos, las infracciones de tránsito que reciben o cómo responden a incidentes.

Tampoco existe un protocolo sencillo para que la Policía pueda imponer multas a estos coches porque no tienen a quién entregárselo: no hay un conductor, así que deben pasar por un proceso burocrático para citar a la compañía.

Uno de los episodios que elevó el escrutinio ocurrió durante un tiroteo en marzo en el centro de Austin, cuando un vehículo de Waymo quedó en el paso de una ambulancia que acudía a la emergencia.

Responsables municipales también han documentado vehículos autónomos circulando por zonas inundadas, encontrándose con barreras ferroviarias o teniendo dificultades para interpretar las instrucciones de policías que dirigen manualmente el tráfico, de acuerdo con testimonios ante el Ayuntamiento durante una sesión para abordar este tema en abril.

Mientras las compañías promueven estos viajes sin conductor como un logro futurista, las personas que trabajan como conductores, de Lyft, Uber o taxi, ven estos avances con recelo.

Sheila Byrd lleva más de diez años conduciendo para Uber en Austin y aseguró a EFE que cada vez recibe menos viajes.

 Ella y su esposo dependen completamente de las plataforma, ya que son sus únicos ingresos. Su marido perdió recientemente el trabajo y ella está recuperándose de una cirugía que le impide trabajar de pie durante muchas horas.

"Si nuestros ingresos siguen bajando, probablemente mi marido y yo perdamos la casa" aseguró a EFE.

Para los taxistas tradicionales, la transformación comenzó antes: primero llegaron Uber y Lyft y ahora los vehículos que ya ni siquiera necesitan conductor.

Youseff, taxista desde hace más de 15 años, calcula que sus ingresos se han reducido entre un 50 % y un 60 %.

"Tengo tres hijos y es difícil mantenerlos con toda esta nueva tecnología: Uber, Lyft y ahora los coches autónomos", cuenta a EFE.

"Es un nuevo mundo y tenemos que vivir con ello. Estamos buscando otros trabajos, otra educación. Yo voy a volver a estudiar", añade. EFE

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