Entre 2002 y 2025, el productor argentino recibió, por tonelada, en promedio el 60% de lo percibido por uno brasileño en soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo, indica un informe elaborado por el CIPPEC (Revista Chacra Visuales IA)

Hace 25 años, Argentina y Brasil producían prácticamente la misma cantidad de granos. Hoy, el vecino país produce 2,5 veces más y, desde los años 2000, acumuló unos 1.550 millones de toneladas adicionales respecto de Argentina, un volumen equivalente a unas 12 cosechas récord argentinas y con un valor estimado en US$475.000 millones. La diferencia no se explica por una sola variable, sino por trayectorias de inversión y desarrollo productivo que fueron tomando rumbos diferentes.

El diagnóstico surge de un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), presentado por Paula Szenkman, directora de Desarrollo Económico de la institución, e Iván Ordóñez, investigador asociado. El trabajo analiza la expansión agroindustrial brasileña y sus efectos sobre la producción, la economía y el territorio, al tiempo que plantea qué aprendizajes podría tomar Argentina de ese proceso.

Dos caminos para el agro

Según el estudio, Brasil sostuvo durante décadas condiciones que favorecieron la inversión y la expansión productiva. Sus productores pudieron vender sus granos a valores cercanos a los internacionales, mientras el Estado acompañó la incorporación de nuevas zonas agrícolas mediante crédito, infraestructura e investigación tecnológica. Argentina, en cambio, aplicó desde 2002 derechos de exportación y otras medidas que redujeron los precios recibidos por los productores, además de restricciones cambiarias y límites a las exportaciones en distintos períodos. Entre 2002 y 2025, el productor argentino recibió, por tonelada, en promedio el 60% de lo percibido por uno brasileño en soja, el 65% en maíz y el 72% en trigo.

La frontera agrícola brasileña

Uno de los grandes motores de la expansión fue la incorporación de tierras ganaderas de bajo costo, especialmente en el Centro-Oeste. Con tecnología, financiamiento e infraestructura, Brasil transformó parte de esas superficies en áreas agrícolas de alta productividad. Entre 2000 y 2024, el área cultivada del Centro-Oeste aumentó 292%, frente a un crecimiento del 59% en el conjunto del país. El Estado también desarrolló un amplio mercado de crédito rural e invirtió en rutas, ferrocarriles, hidrovías, almacenamiento y puertos para conectar las nuevas zonas productivas con los mercados.

La transformación no se apoyó únicamente en la disponibilidad de tierras. Cuando producir soja y maíz en el Cerrado todavía era incierto, organismos públicos y organizaciones de productores financiaron la adaptación de semillas, suelos y técnicas de manejo a las condiciones tropicales. Una vez demostrada la rentabilidad, el sector privado multiplicó las inversiones. Desde comienzos de los 2000, el uso de fertilizantes por hectárea prácticamente se duplicó y el gasto en agroquímicos casi se sextuplicó. Como resultado, los rendimientos de soja y maíz brasileños, que anteriormente eran inferiores a los argentinos, hoy superan a los de Argentina en varias regiones productivas.

El crecimiento de la producción de granos tuvo efectos sobre toda la economía. Entre la década de 1980 y el período 2020-2024, Brasil multiplicó por 8,3 su producción de carne aviar, por 5,6 la porcina y por 2,4 la bovina. Al mismo tiempo, el poder de compra del salario mínimo medido en kilos de carne aumentó de manera significativa. El agronegocio también ganó peso: entre 1995 y 2025, mientras el PIB brasileño aproximadamente se duplicó, el PIB del agronegocio se multiplicó por 3,3, explicaron los especialistas del CIPPEC.

Nuevas ciudades alrededor del agro

Goiania es la ciudad capital de Estado brasileño de GOIAS, cuya población se incrementó fuertemente entre 1992 y 2002, producto del crecimiento agropecuario de esa región.

La expansión productiva también modificó el mapa económico y demográfico brasileño. El Centro-Oeste pasó de representar apenas el 3% de las exportaciones del país en 2000 al 16% en 2025, mientras sus exportaciones por habitante pasaron de US$160 a US$3.156. En paralelo, las regiones agropecuarias analizadas aumentaron su población 81% entre 1992 y 2022, frente al 29% registrado en el resto de Brasil. Más de 5 millones de personas llegaron por migración y surgieron 319 nuevas ciudades vinculadas al crecimiento de la actividad agroindustrial.

La continuidad fue el elemento que permitió transformar una frontera agrícola en nuevas cadenas productivas, señala el informe.

Argentina, según el análisis, conserva buena parte de los activos necesarios para impulsar una nueva etapa de desarrollo agroindustrial: tierras, conocimiento, productores experimentados, empresas de tecnología y una amplia superficie con potencial productivo. El desafío pasa por recuperar un proceso sostenido de inversión y extender el dinamismo más allá de las zonas agrícolas tradicionales, desde el norte argentino hasta la Norpatagonia.