El gigante agroindustrial de Sudamérica vuelve a mover las fichas del tablero global. La Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab), en un informe elaborado de manera conjunta con el Banco do Brasil (BB), presentó la 14ª edición de sus Perspectivas para la Agropecuária, proyectando que el volumen total de la cosecha brasileña alcance la cifra sin precedentes de 366,6 millones de toneladas en el ciclo 2026/27.
El resultado consolidará un incremento de 1,4% respecto del período anterior, una expansión sustentada no tanto en el rendimiento por hectárea —que prevé un ligero ajuste a la baja debido a imponderables climáticos— sino en un nuevo avance de la frontera agrícola, cuya superficie total escalará hasta los 85,3 millones de hectáreas.
El comportamiento de los distintos cultivos dibuja una cartografía de decisiones productivas donde el maíz se consolida como el gran protagonista.
Los agricultores brasileños prevén incrementar por segunda temporada consecutiva el área destinada al primer ciclo del cereal, reservando 4,54 millones de hectáreas para la siembra de primavera, lo que representa un salto de 10,7% en comparación con la campaña 2025/26.
De concretarse este ritmo de siembra, la cosecha temprana alcanzará 32,1 millones de toneladas, marcando el mayor volumen registrado para esta etapa en los últimos 13 años.
Sumando la segunda y la tercera cosecha, la oferta total del cereal trepará a casi 148 millones de toneladas, empujada por una demanda interna en plena efervescencia.

Motores e incertidumbres
El interés por el maíz no responde al azar. Por un lado, la industria transformadora de proteína animal atraviesa una fase de expansión para abastecer la creciente producción de aves y porcinos.
Por el otro, el auge de las plantas de etanol a base de cereales continúa absorbiendo volúmenes récord, consolidando un piso de demanda firme.
A este frente interno se le suma una sólida tracción internacional: se proyecta que las exportaciones brasileñas del cereal alcancen las 46 millones de toneladas.
En contraste, el comportamiento de la soja exhibe una dinámica más pausada.
Aunque la oleaginosa mantendrá su rol hegemónico con una producción estimada en 181,64 millones de toneladas, la expansión de su superficie sembrada —fijada en 49,3 millones de hectáreas— crecerá apenas un 1,4%.
Este porcentaje representa el ritmo de crecimiento porcentual más modesto de los últimos 20 años.
La combinación de una base de comparación excepcionalmente alta en el ciclo precedente y la cautela frente a eventuales riesgos climáticos obligan a los productores a sopesar cada hectárea incorporada con suma prudencia.

Clima y mercados
La trastienda de la campaña también deja al descubierto las dificultades de cultivos clave para la mesa familiar y el comercio de fibras.
En el caso del arroz, la menor rentabilidad observada tras el sobrestock del ciclo 2024/25 redujo los márgenes operativos.
A pesar de un leve repunte en las cotizaciones hacia mediados de 2026 que reanimó las intenciones de siembra en ciertas regiones del centro del país, la producción estimada de 10,76 millones de toneladas registrará una baja del 2,9% debido a rendimientos ajustados.
Un panorama similar atraviesa el poroto (feijão). Si bien la superficie destinada a este grano imprescindible en la dieta local experimentará una modesta ampliación, el volumen final se estancará en torno a las 2,9 millones de toneladas por el impacto previsto del fenómeno El Niño sobre la productividad media.
En contraposición, el algodón recuperará terreno hasta alcanzar los 2,09 millones de hectáreas, con una previsión de 4,2 millones de toneladas de pluma, apalancado de manera directa por el mercado exterior.

Con este horizonte técnico, Brasil encara la campaña 2026/27 confirmando que su capacidad de oferta permanece intacta.
La efectividad del crédito rural y la resiliencia del productor local vuelven a ser las herramientas clave para amortiguar los desafíos del clima y la volatilidad financiera internacional.




