
Con dos estrenos próximos y una trayectoria que comenzó en la niñez, Bruno Ascenzo encuentra en el teatro y el cine espacios para abordar asuntos que suelen generar debate, como la participación política desde la mirada de los niños y los temas tabú dentro de muchas familias. En diálogo con Infobae Perú, el director contó cómo vive el montaje de Annie y la llegada de La tribu a las salas nacionales, dos proyectos que despiertan expectativa entre el público peruano.
Durante la entrevista, el artista también recordó los desafíos de su carrera, la emoción de acompañar a nuevas generaciones de intérpretes y la decisión de compartir públicamente su matrimonio con Adrián Bello.
- Annie está a puertas de estrenarse, el viernes 25 de septiembre en el Teatro Municipal de Surco. ¿Qué significa para ti dirigir esta propuesta reconocida a nivel mundial?
Estoy muy contento de volver a trabajar con Denisse Dibós y con Preludio después de muchos años, una de mis primeras obras fue con ellos. Ahora tengo la responsabilidad maravillosa de hacer este musical tan bonito, reconocido y recordado por el público peruano, porque lo hizo Osvaldo Cattone, quien para mí es un referente.
- Diriges por primera vez a un elenco infantil, ¿cómo está siendo la experiencia?
Hasta ahora es una experiencia muy bonita, aunque bastante exigente (risas). Acabo de terminar la dirección del concierto de Adrián Bello, que realizamos el martes en el Gran Teatro Nacional, y ahora estoy dedicado por completo a Annie. A mí me emociona descubrir a tantas niñas talentosas. Tienen ganas de disfrutar la experiencia y de aprovechar su talento, porque bailan, cantan y actúan. Son 18 niñas y tenemos dos elencos.

- Aunque la historia ya está estructurada, cada director le imprime su sello. ¿Qué encontrará el público peruano en esta versión?
Hemos hecho una adaptación para el público peruano. Queremos contar la misma historia sin dejar de lado ninguna de las líneas que están por debajo de la trama principal. Annie es una historia familiar sobre una niña. Puede parecer un poco ingenua porque llega a hablar con el presidente de Estados Unidos para intentar cambiar ciertas políticas de Estado. Pero levanta la voz y simboliza que los políticos y las autoridades deben escuchar a todos. Eso es algo que mantenemos en el montaje. En otras versiones han quitado la línea más política o social de la obra, pero nosotros queremos subrayarla.
- La obra propone hablar de política y de participación ciudadana con los niños...
Exacto. Los niños deben involucrarse y saber que la voz de cada persona tiene el mismo peso. Todos los ciudadanos somos iguales, o deberíamos serlo, aunque lamentablemente no vivimos en un mundo ideal. Es importante reforzar en los niños la participación ciudadana, la posibilidad de alzar la voz y de buscar igualdad en el trato para todos. La voz de una niña, aunque parezca inocente, puede cambiar las cosas. También puede mantener la esperanza, algo difícil en el mundo actual.
- La esperanza no se pierde...
El teatro, el cine y las historias en general, sobre todo las dirigidas a toda la familia y a los niños que empiezan a acercarse al teatro, son importantes para sostener esa esperanza. También está la relación de Annie con sus amigas y el personaje de Miss Hannigan, que representa una forma autoritaria de tratar a las niñas. Hay varias aristas en esta adaptación.
- Son dos elencos infantiles. Se pone más difícil la dirección...
Es una locura maravillosa. Denisse me convocó hace un par de meses y yo sentía que necesitaba una inyección de adrenalina y de ganas. Estas niñas fueron seleccionadas entre 500 postulantes y tienen una energía enorme, además de ganas de aprovechar su talento y disfrutar la experiencia. No siempre aparece la oportunidad de reunir a tantas niñas y niños para impulsar una nueva generación de talento. Estoy seguro de que muchas seguirán actuando, bailando y cantando si así lo desean.
- Verlas crecer te genera emoción...
Sí. Me emociona porque las oportunidades son difíciles de encontrar, sobre todo para personajes infantiles. Yo fui actor niño y recuerdo que tenía ganas de participar en proyectos que me permitieran aprender. Las niñas no saben todo lo que están aprendiendo. Me saco el sombrero por la estructura de Preludio y por cómo las forma en distintas áreas. Son miniprofesionales: llegan con la letra y los pasos aprendidos. Tienen mucho talento. Estoy seguro de que, si ellas lo desean, crecerán en el mundo artístico y les irá muy bien. Eso me da orgullo. También me gusta que Denisse continúe con este trabajo, porque ella impulsó el teatro musical desde una etapa en la que existían pocas producciones. Recuerdo haber visto La novicia rebelde y A Chorus Line cuando todavía no actuaba y solo soñaba con hacerlo.
- En la obfra también veremos a Sandy, la mascota de Annie. ¿Cómo has manejado el hecho de tener a perros en el escenario?
Es la primera vez que trabajo con un animal en teatro. En algunas películas dirigí escenas con animales, pero en vivo es distinto. Tenemos dos Annies: Leandra, que ya es una actriz conocida y ha trabajado en novelas, y Almudena, que hará su debut. También tenemos tres Sandys, incluso podrían ser cuatro. Son perritos que están en proceso de adiestramiento para entrar a un escenario con 400 o 500 personas, música, aplausos y gritos. Hay otro perro llamado Barrabás. La obra habla de un orfanato, de la orfandad y de la adopción, y justamente este perrito también fue adoptado. Lo encontraron en el albergue de perros de Surco. Es dócil, quiere aprender y se incorporó al montaje. Espero que se porte bien (risas).
- También estás a puertas de estrena La tribu, una exitosa obra que ahora llega al cine...
La tribu ha sido y sigue siendo una experiencia alucinante. Estrenamos una obra peruana nueva en el Teatro NOS y la temporada fue muy bien. Eso nos dio impulso para realizar una segunda temporada en el Teatro Peruano Japonés, una sala más grande. También funcionó muy bien. La posibilidad de hacer una película era algo que teníamos pensado, pero estaba guardado porque no sabíamos si la obra funcionaría. Después hicimos una última temporada en Lima, en el Teatro Claretiano de San Miguel, y también tuvimos una buena respuesta. Hace unas semanas estuvimos en Trujillo y estamos muy agradecidos con los resultados. La película se estrenará el 8 de octubre.

- ¿A qué atribuyes la conexión de La tribu con el público?
Ítalo Cordano escribió una obra muy sólida, que muestra en cada personaje una forma distinta de pensar. Hay ocho personajes. Cinco pertenecen a una misma familia y tres son nueras y yernos que llegan desde afuera para observar cómo funciona esa dinámica familiar. Estas ocho miradas reflejan, en cierta forma, lo que sucede hoy. Todos somos distintos y tenemos formas diferentes de pensar, pero la comunicación no fluye como debería. Nos peleamos por todo. No sé si se debe a las redes sociales, pero vivimos un momento complicado y la comunicación no parece ser el fuerte de la raza humana.
- No hay una apertura para dar puntos de vista diferentes...
Sí. En la obra, todos deben sentarse a la misma mesa porque es el santo de la madre. Sobre esa mesa aparecen temas que interpelan a los peruanos: las posturas políticas, la relación entre madre e hija, los comentarios sobre el cuerpo de los demás, el clasismo, la homofobia internalizada y el racismo. Muchas de las taras de la sociedad aparecen en esos ocho personajes, que deben convivir durante un fin de semana. Creo que por eso funcionó. Muchas familias y grupos de amigos iban al teatro y luego regresaban con sus padres, tíos o abuelos, porque se identificaban con algún personaje. La obra no evita los temas difíciles, sino que los pone sobre la mesa para mostrarnos como sociedad. Esperamos que en el cine llegue a más personas a nivel nacional.
- Hay también un cruce generacional importante en la historia...
Sí. Nuestros padres y las generaciones mayores suelen ver el mundo de otra manera. Ahora las generaciones más jóvenes también tienen formas distintas de expresarse y de entender las cosas. Todo cambia y debemos comprendernos entre generaciones. Nuestro tejido social debe seguir uniéndose, porque está un poco roto. Hay que aprender a convivir y a respetarnos unos a otros, sin hacer daño a nadie.
- La grabaciones llegaron hasta Italia...
Fue una experiencia muy buena. Viajamos a Italia para grabar porque cuenta la historia de una familia con ascendencia italiana. Tuvimos la oportunidad de trabajar con el actor que interpretó a Barrabás en La pasión de Cristo, Pietro Sarubbi. Estamos contentos de que una historia que nació en el teatro pueda llegar a la pantalla grande y permanecer en un largometraje, en lugar de tener el carácter efímero propio de una obra teatral.

- Con estos y otros proyectos en marcha, si miras al niño de Travesuras del corazón, ¿qué le dirías después de todo el camino recorrido?
Le diría que siga adelante, que vale la pena. Habrá momentos muy bonitos y otros complicados. La vida es como una montaña rusa: a veces estás bien y a veces estás mal, pero todo va a estar bien. Le diría que confíe en mí y en las personas que lo quieren. Ha sido un camino con muchos retos, a veces vertiginoso y con muchos miedos. Todavía los tengo. Pero esos miedos también generan una adrenalina bonita para hacer lo que nos gusta.
- Siempre mantuviste un perfil bajo respecto de tu vida privada, hasta que abriste las puertas de tu casa al público junto a tu esposo, Adrián Bello. ¿Qué los animó a compartir ese aspecto de su vida?
Me animó la suerte y el privilegio de estar con Adrián desde hace casi 13 años. Sentimos que era momento de celebrar. Son muchos años, seguimos contentos, tenemos amigos que nos quieren y familias que no solo nos apoyan, sino que se quieren entre ellas. En un momento de reflexión, consideramos que valía la pena celebrar. Yo no suelo celebrar nada: no me gusta mucho mi cumpleaños, Navidad ni las fiestas. Pero por primera vez sentí que quería hacerlo. Y como en este país me dicen que no puedo celebrar eso, tuve todavía más ganas (risas). La pasamos muy bien con nuestros amigos y familiares. Estamos felices.
- ¿Recibieron mensajes de jóvenes que se sintieron identificados con esa celebración?
Sí. Mucha gente nos escribió, también a nuestras familias, para decirnos que qué suerte hemos tenido. Somos conscientes de ese privilegio. Recibimos historias de una hija lesbiana cuyos padres no asistieron a su matrimonio o de un chico trans al que expulsaron de su casa. Son historias trágicas. Nosotros tenemos mucha suerte porque nuestro círculo cercano entiende que el amor no hace daño; al contrario, se multiplica, como el odio. Nuestra familia siempre nos ha apoyado. Si el hecho de que nos hayamos casado sirve como precedente para alguien, me parece bien. Legalmente no hay un precedente, pero tampoco debería importarnos lo que digan quienes están en contra.
- Es una clara respuesta a los que están en contra...
Me resulta incomprensible que, en 2026, alguien pretenda decirte con quién puedes casarte o a quién puedes querer. ¿Qué extraño es eso, no? Pero bueno, este es un mundo incomprensible. A las personas debería importarles buscar su felicidad, su tranquilidad y la de quienes las rodean. Nadie debería decirte a quién debes amar.





