
Dormir cerca del mar Caribe y salir de noche a recorrer la arena en busca de rastros de tortugas forma parte de la propuesta de Turtle Love, una organización sin ánimo de lucro que ofrece un voluntariado de conservación de tortugas marinas en Playa Tres, Costa Rica, con alojamiento y tres comidas diarias incluidos en la estancia.
El proyecto se desarrolla en un tramo de cinco kilómetros de costa situado en la zona de Barra de Parismina, provincia de Limón. Allí anidan cuatro especies: la tortuga verde (Chelonia mydas), la baula o laúd (Dermochelys coriacea), la carey (Eretmochelys imbricata) y la cabezona.
La convocatoria está abierta para personas mayores de 18 años, o menores acompañados por un tutor legal, que quieran participar entre el 1 de febrero y el 30 de noviembre. Eso sí, se requiere una estancia mínima de tres noches para poder participar plenamente en las actividades. Cada noche en el refugio cuesta unos 90 dólares estadounidenses para estancias de entre 3 y 14 noches, 84 dólares para estancias de entre 15 y 30 noches y 66 dólares a partir de las 30 noches.
El voluntariado incluye alojamiento y comida tradicional costarricense
El trabajo requiere adaptación a horarios que pueden alejarse de la rutina turística. Los voluntarios colaboran hasta siete horas por día, durante cinco o seis jornadas semanales, con actividades de seguimiento de nidos, censos matutinos, registro de rastros y vigilancia de la playa durante la noche. Las patrullas permiten identificar la actividad de anidación, comprobar el estado de los nidos y acompañar el proceso de eclosión cuando corresponde. La presencia regular de equipos en la costa también busca desalentar la extracción ilegal de huevos y la caza de ejemplares adultos, amenazas que persisten fuera de las áreas con mayor control.

Quienes se sumen deberán caminar hasta 16 kilómetros diarios sobre arena blanda, a veces con una mochila de cinco kilos, en un entorno de calor, humedad, oscuridad e insectos. La organización pide buena condición física, disponibilidad para actividades al aire libre sin importar el clima y disposición para compartir una vivienda con servicios básicos.
Eso sí, aunque quedan a cargo del participante los gastos derivados del transporte hasta el proyecto, el seguro de viaje o el visado, si fuera necesario. El voluntariado incluye alojamiento y comida tradicional costarricense, para reponer fuerzas en el desayuno, la comida y la cena, además de asistencia, apoyo y orientación durante toda la estancia.
También hay que admitir que, según la organización de Turtle Love, el modelo no se centra en los turistas sino que busca sumar a los habitantes locales a una alternativa económica vinculada con la conservación y el ecoturismo. Los datos recogidos en Playa Tres se comparten con el Ministerio de Ambiente y Energía de Costa Rica (MINAE), que los utiliza para orientar la gestión de esta franja de anidación y evaluar la situación de las poblaciones que llegan cada temporada a la costa.
Mucho más que un voluntariado con tortugas en el Caribe
Más allá del trabajo con las tortugas, el tiempo libre del voluntariado también ofrece la oportunidad de descubrir una de las zonas más salvajes y auténticas del Caribe costarricense. La pequeña localidad de Parismina está rodeada de playas, selva tropical, ríos, canales y lagunas, en un entorno donde la naturaleza es la gran protagonista y poder disfrutar de un ritmo de vida mucho más tranquilo y alejado de las zonas turísticas más concurridas.

A pocos kilómetros se encuentra el Parque Nacional Tortuguero, uno de los grandes referentes de la biodiversidad de Costa Rica. Sus ríos y canales se pueden recorrer en lancha, canoa o kayak y ofrecen la posibilidad de observar de cerca la fauna de la selva tropical, como aves acuáticas, monos, reptiles, tortugas y caimanes. Además, el parque cuenta con senderos terrestres y miradores como el Cerro Tortuguero, desde donde explorar y contemplar el paisaje del bosque tropical.




