
La escritora argentina Ariana Harwicz, autora de Matate, amor e incluida en 2018 en la lista larga del Man Booker International, fue excluida del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR-ALH, que se realiza en Granada, España, del 21 al 27 de septiembre.
Su nombre fue borrado del cartel, según ella misma difundió en redes sociales.
“Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror”, escribió la autora en X. Contó que quería viajar igual, aunque hubiera una manifestación, y que le dijeron que sería peligroso.

Al responder a publicaciones de seguidores en X, Harwicz cuestionó que el resto de los invitados no se pronunciara contra su exclusión. “Estos aprietes funcionan tan bien porque nadie dice nada. Y porque todos tienen miedo. Incluyendo los profesores de universidad y organizadoras del Festival”, escribió.
El festival está organizado por la Universidad de Granada con motivo de su V centenario, en colaboración con el Ayuntamiento, Acción Cultural Española y el Instituto Cervantes, entre otras instituciones. La edición reúne 30 actos en 13 sedes. El nombre de Harwicz ya no figura entre los participantes del sitio oficial ni en el programa.
La codirectora del encuentro, Patricia Escalona, confirmó a El País que “ha sido rescindida la invitación” a Harwicz. Escalona organiza el festival junto con Ana Gallego Cuiñas. Según informó medio español, la decisión de cancelar la charla estuvo motivada por una carta enviada por la Red Universitaria para Palestina de Granada.
La postura de Ariana Harwicz contra los boicots culturales ya había quedado expuesta en octubre de 2024, cuando firmó una carta de rechazo a la iniciativa de no colaborar con instituciones israelíes. Enntonces, en una entrevista con Infobae, sostuvo que esas medidas implicaban una forma de censura y que no debían trasladarse los conflictos de los Estados al terreno artístico.
“¿Qué tiene que ver un editor o un escritor de filiación israelí o judía con la violencia?”, planteó entonces. También definió la carta que respaldó como una defensa “contra cualquier tipo de totalitarismo” y cuestionó que se excluyera a autores, editoriales o festivales por su nacionalidad o posición atribuida frente a la guerra.
En esa misma conversación, Harwicz recordó que había cuestionado las sanciones contra artistas rusos tras la invasión a Ucrania. “¿Qué tiene que ver una cantante lírica, un pintor o un escritor?”, dijo sobre aquel caso, al objetar que las represalias políticas alcanzaran a la producción cultural.



