Perder un partido de cuatro horas y media en los cuartos de final del US Open, ceder la corona y quedar fuera del torneo más importante del cemento norteamericano suele ser motivo de desolación. Sin embargo, Carlos Alcaraz convirtió la amargura de la eliminación en una lección de deportividad. Tras caer 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(7) ante el local Ben Shelton, el murciano abandonó la pista Arthur Ashe con una sonrisa radiante y la cabeza bien en alto.
“Me voy de la pista contento. Me voy con una sonrisa, sano, y esto es lo que necesitaba”, aseguró Alcaraz en la conferencia posterior, mostrando su alivio tras no sentir problemas en su muñeca, lesión que lo marginó durante casi cuatro meses del circuito.
El exnúmero uno del mundo tuvo ante Shelton una prueba de fuego para constatar la respuesta de su físico. Y la batalla de 4 horas y 28 minutos en la madrugada neoyorquina ante una “bestia física” como el estadounidense fue el certificado de salud que tanto esperaba.

“Nos vamos contentos, con la cabeza bien arriba. Queríamos ganar, pero lo más importante era salir con partidos jugados, con ritmo alto y, sobre todo, sanos. Extrañábamos las batallas, intentar pasar por encima del rival y buscar soluciones cuando las cosas no van bien”, reflexionó.
El cierre de su presentación en Nueva York dejó una imagen para el recuerdo: un cálido abrazo en la red con su verdugo, felicitaciones sinceras para Shelton y un gesto de alivio absoluto tras haber superado la barrera del dolor.

Alcaraz no se llevó el trofeo, pero se fue con la certeza de que su tenis y su cuerpo están intactos para dar batalla en lo que resta de la temporada.



