Carlos Casella y Griselda Siciliani vuelven a compartir escenario con Boite, una propuesta íntima de music-hall que reúne música, actuación, monólogos, humor y sensualidad en La Trastienda. La obra recupera la estética de los cabarets y las boîtes de la década de 1970, con músicos en vivo y un repertorio que incluye versiones de Sesso e samba, Believe y Como dos extraños, entre otros temas.

La reunión también pone en primer plano un vínculo artístico de más de 25 años. Ambos construyeron una sociedad escénica que ya tuvo pasos por espectáculos como Estás que te pelas, Sputza! y Pura Sangre. En diálogo con Teleshow, Carlos Casella, actor, baiarín y cantante, repasó ese recorrido y explicar cómo esa historia compartida dialoga con el presente de Boite, que finaliza el 27 de sepiembre.

Boite los volvió a reunir sobre el escenario y la respuesta fue inmediata. ¿Qué tiene esa dupla que conecta tan rápido con la gente?

—Creo que tiene que ver con una química muy real. Con Griselda nos conocemos hace 25 años: yo era su profesor de danza y ella era mi alumna. Tenemos un origen muy parecido y, aunque después nuestros caminos se fueron diversificando, cada tanto se vuelven a cruzar. Cuando eso pasa, es como si compartiéramos una misma raíz, pero con nueva información. Para mí eso es recontra enriquecedor.

—Cuando una dupla funciona así, suele haber algo más que talento. ¿La clave es la confianza?

—Obviamente están las dos cosas, pero la confianza es fundamental. Tenemos una pasión muy parecida, una forma de trabajar muy afín, y eso en el escenario se nota. Podemos subir sin ningún plan y en el escenario se arma el plan. Y eso es un capital enorme, porque no te pasa con mucha gente en la vida.

La confianza, la admiración mutua y el humor sostienen el reencuentro de Carlos Casella y Griselda Siciliani en Boite

—Cuando hablás de Griselda aparece mucha admiración. ¿Qué te sigue sorprendiendo de ella?

—Su pasión, su entrega y lo divertido que es trabajar con ella. Me gusta íntegra, 360. Y además, en estos años desarrolló muchísimo su expertise en la comedia, el humor y el ritmo escénico. Eso lo maneja como nadie. Para este show la escuché muchísimo en cada palabra que queríamos decir entre tema y tema. Su mirada sobre los silencios, el ritmo y el humor es enorme.

—¿Y qué sentís que aportás vos a esa sociedad?

—En estos años crecí mucho con la música. Estoy muy dedicado a cantar, a armar repertorios sorpresivos, lúdicos, divertidos. Entonces mi aporte tiene mucho que ver con la selección de las canciones, con cómo hacerlas, hacia dónde llevarlas. Y también con mi faceta como cantante.

—Viéndolos, parece que todo fluye con libertad, pero también hay mucho trabajo detrás. ¿Cómo construyen ese equilibrio?

—Hay libertad, sí, pero también una estructura. Trabajamos mucho sobre el deseo y no desde una lógica tan lineal. A partir de eso armamos una dramaturgia y un show. En elegir el material no tardamos tanto; lo que más tiempo nos lleva es ponernos de acuerdo en cuándo hacerlo. Hace bastante que veníamos hablando de Boite, pero una vez que encontramos el momento, todo se ordenó rápido.

“Podemos subir sin ningún plan y en el escenario se arma el plan”, dice Carlos Casella sobre su dupla con Griselda Siciliani

—¿Y en ese proceso es clave una mirada externa?

—Totalmente. Nos dirige Ana Frenkel. Somos bastante grupales, pero Ana está afuera mirándonos y eso es fundamental. Las decisiones pasan un poco por los tres. Griselda y yo llevamos el material y Ana lo conduce, lo ordena, lo pone en valor.

—Hay gente que siente que cuando ustedes se juntan pasa algo distinto. ¿Vos también lo percibís así?

—Sí, lo siento. Y también me conmueve que la gente lo registre, porque en realidad no hicimos tantas cosas juntos. Entonces me parece hermoso que la gente diga: “Se los extrañaba juntos” o “qué bueno que volvieron”, porque evidentemente quedó algo muy fuerte, en los espectáculos anteriores.

“Qué bueno esto que estamos haciendo”, se dicen antes de salir a escena Carlos y Griselda

—¿Te interesa entender qué produce esa dupla o preferís que una parte siga siendo inexplicable?

—Me interesa hasta cierto punto. Creo que hay algo que se puede pensar y otro poco que simplemente sucede. Hay confianza, admiración mutua y una manera de entender el escenario que compartimos. Después hay algo que pasa ahí, en vivo, que no conviene explicar tanto porque tiene que ver con lo imprevisible.

—También se nota que disfrutan mucho estar ahí arriba. ¿Eso sigue siendo el gran motor?

—Sí, absolutamente. Cada vez que está por empezar el show, estamos atrás de la escenografía esperando para entrar, y siempre nos miramos como diciendo: “Qué bueno esto que estamos haciendo”. A veces uno pierde perspectiva de lo valioso que es estar arriba de un escenario con alguien que te banca cien por ciento. Es muy enriquecedor. Y creo que algo de esa alegría le llega a la gente.

La química de una dupla que se conoce desde hace 25 años volvió a ponerse en juego sobre el escenario

—El espectáculo ya sumó funciones. ¿Sentís que este reencuentro puede extenderse más de lo que imaginaban?

—Ojalá. Agregamos funciones y eso ya nos pone muy contentos. También hay ideas de llevar el show a lugares cercanos, como Uruguay o Chile. Estamos viendo cuándo podría hacerse, porque cada uno tiene sus compromisos, pero sí, hay ganas de que siga creciendo.

—Más allá de tus otros proyectos, ¿hoy tu energía está puesta sobre todo en Boite?

—Sí. Tengo conciertos, presentaciones y mis cosas personales, que me encanta seguir haciendo. Pero como proyecto importante de acá a fin de año, Boite cien por ciento.