La venta informal de carne y pescado cerca del Frigorífico Guadalupe expone alimentos sin condiciones adecuadas de conservación, manipulación ni transporte - crédito X

La situación fue documentada en áreas próximas al Frigorífico Guadalupe, uno de los mataderos con mayor trayectoria de la capital colombiana. En ese sector operan puestos informales donde se comercializan productos cárnicos y pescado sin que se adviertan condiciones adecuadas para la conservación, manipulación o transporte de los alimentos.

Los productos se exhiben al aire libre, junto a la Autopista Sur, por donde circulan motos, vehículos particulares y camiones. La carne también es trasladada y almacenada en carretillas, sin mecanismos visibles para conservar la cadena de frío. El escenario incluye puestos ubicados cerca de bolsas de basura y otros focos de contaminación.

El bajo precio de la mercancía es uno de los factores que atrae compradores. De acuerdo con Noticias RCN, durante un recorrido por el sector se constató que los valores de venta son inferiores a los que suelen encontrarse en carnicerías de barrio o comercios formales, donde los productos deben cumplir protocolos de refrigeración, almacenamiento y manipulación.

La carne puede desarrollar bacterias tras dos horas fuera de refrigeración

Los puestos junto a la Autopista Sur exhiben carne al aire libre y la trasladan en carretillas sin mecanismos visibles para mantener la cadena de frío - crédito X

Expertos consultados por el medio citado advirtieron que la exposición prolongada de alimentos ricos en proteína, como la carne y el pescado, aumenta el riesgo de proliferación bacteriana. La falta de controles sanitarios y de refrigeración agrava el peligro para quienes consumen esos productos.

“No necesitamos utilizar herramientas como el microscopio para mencionar que esta carne se configura en un riesgo para la salud pública”, afirmó una experta en nutrición y salud pública al medio. Según explicó, todo producto cárnico que permanece a temperatura ambiente durante más de dos horas puede registrar crecimiento bacteriano exponencial.

La advertencia apunta a los alimentos que quedan expuestos al polvo, a los gases producidos por vehículos, al contacto con insectos y a las variaciones de temperatura. A ello se suma la ausencia de instalaciones apropiadas para el lavado de manos, la limpieza de utensilios y la disposición segura de residuos.

El bajo precio de la carne y el pescado en el sector atrae compradores porque los valores son inferiores a los de carnicerías y comercios formales - crédito X

La especialista también señaló que los riesgos no se limitan a la alteración del alimento o a cambios en su apariencia. “Uno empieza con síntomas como dolor abdominal, náuseas, vómito, diarrea”, dijo en declaraciones recogidas por Noticias RCN. Las infecciones gastrointestinales pueden tener consecuencias más graves en menores de edad, adultos mayores y personas inmunosuprimidas.

En estos grupos, una intoxicación alimentaria puede requerir atención médica y, en casos graves, comprometer la vida del paciente. La experta vinculó el peligro con la falta de acceso de los vendedores a servicios sanitarios y con la imposibilidad de cumplir las reglas que rigen para los manipuladores de alimentos.

Los puestos informales siguen activos pese a la presencia de autoridades

La permanencia de estos puntos de venta plantea interrogantes sobre la capacidad institucional para intervenir en zonas donde confluyen comercio informal, actividades de abastecimiento y la circulación masiva de vehículos. Aunque las autoridades tienen presencia en el área, los puestos continúan ofreciendo carne y pescado sin que se evidencien medidas mínimas de salubridad.

La exposición de alimentos al polvo, los gases de vehículos, los insectos y la falta de lavado de manos eleva el riesgo sanitario en estos puestos informales - crédito Colprensa

La Secretaría de Salud de Bogotá indicó que sus operativos se concentran en establecimientos comerciales autorizados. Esa delimitación deja por fuera a vendedores informales que no cuentan con registros sanitarios, infraestructura apropiada ni permisos para operar como expendios de alimentos.

A su vez, el Instituto para la Economía Social informó que su trabajo con esta población se limita al censo de vendedores y a la oferta de alternativas laborales para las familias que dependen de esa actividad. La entidad no tiene entre sus funciones la vigilancia sanitaria de los productos comercializados.

La ausencia de una intervención integral mantiene el problema en una zona donde los alimentos pasan de carretillas y puestos improvisados a los consumidores sin trazabilidad sobre su origen, su transporte o las condiciones de almacenamiento. La cadena de frío, necesaria para reducir el deterioro de productos perecederos, no parece cumplirse en los puntos observados.