Cuando se cumple exactamente una semana de las riadas y posterior avalancha, en la frontera entre Nepal y el Tíbet, las autoridades confirman que las víctimas mortales ya ascienden a al menos 1.114, a medida que avanzan las labores de recuperación de cuerpos. Entretanto, más de 4.000 personas siguen desaparecidas, incluidos extranjeros de 39 países. En medio de la angustia y el dolor, las familias de residentes locales que siguen sin ser localizados participaron en funerales simbólicos para sus seres queridos.