Madrid, 10 sep (EFE).- La mortalidad asociada al calor en las ciudades españolas aumentó un 95,4 % entre 2015 y 2024 respecto a la década 1991-2000, al tiempo que la expansión del arbolado urbano se mantiene por debajo de las recomendaciones internacionales, según el último informe de Lancet Countdown Europe.
El estudio, que analiza indicadores de cambio climático y salud en las ciudades europeas, advierte de que las urbes se encuentran "en primera línea" de los riesgos asociados al calentamiento global, debido a la concentración de población, las infraestructuras que retienen calor y la falta de espacios verdes.
En el caso de la población española, hasta 2,8 millones de personas de un total de 48,1 millones vivía en 98 ciudades en 2023.
Además, aproximadamente un tercio de la población urbana correspondía a personas mayores de 65 años o menores de 15, grupos especialmente vulnerables ante los efectos del calor.
El informe señala que las ciudades españolas sufren el efecto de isla de calor urbana, fenómeno que provoca que las temperaturas sean superiores a las zonas rurales próximas, una situación que se agravará a medida que aumenten las temperaturas y la frecuencia de olas de calor.
Granada es uno de los ejemplos más destacados, ya que registró entre 2003 y 2020 hasta 300 días en los que la temperatura urbana superó en 1,5 ºC la de las áreas rurales circundantes.
El aumento de la mortalidad vinculada al calor presenta además importantes diferencias territoriales y Castellón registró el mayor crecimiento -del 563,5 %- al pasar de 25,7 muertes por millón de habitantes en la década de 1991-2000 a 168,1 entre 2015 y 2024.
Frente a este escenario, Lancet Countdown destaca la importancia de aumentar la cobertura vegetal en las ciudades, con el fin de "refrescar los entornos urbanos y reforzar la resiliencia de las comunidades".
Pese a esta evidencia, las ciudades españolas contaban en 2020 con una cobertura arbórea media equivalente al 13,2 % de la superficie urbana, mientras que solo el 12 % alcanzaba una cobertura del 30 %, el porcentaje recomendado por la Comisión Económica de la ONU para Europa.
El informe también recoge importantes diferencias en este aspecto y señala que Cuenca presenta la mayor superficie cubierta de árboles, con 48.500 hectáreas (aproximadamente el 53,3 % de su área total), mientras que Cádiz ni siquiera alcanza la hectárea.
El documento analiza de igual manera las emisiones a la atmósfera y destaca que las de gases de efecto invernadero disminuyeron un 17,2 % entre 2000 y 2024, mientras que las procedentes del sector energético aumentaron en el mismo porcentaje (17,2 %).
En paralelo, la transición energética ha tenido "efectos positivos" sobre la salud de la población, con una disminución del 93,9 % entre 2000 y 2023 de la mortalidad atribuible a partículas PM2,5, procedentes de la generación eléctrica en las ciudades españolas.
Por último, se subraya la necesidad de adaptar las infraestructuras urbanas al aumento de temperaturas y se destaca que solo el 9,4 % de las vías ciclistas y de uso compartido en España contaba con sombra de árboles entre 2018 y 2020.
"La construcción de infraestructuras peatonales y ciclistas resistentes al calor, sobre todo mediante sombra natural de los árboles, se está convirtiendo en algo fundamental", sostiene el texto, que considera la adaptación urbana una "herramienta fundamental" para proteger la salud y mantener la movilidad durante los episodios de calor extremo. EFE




