
Cuba enfrenta una escasez de gas licuado de petróleo que limita la capacidad de los hogares para cocinar. La distribución estatal es irregular y se administra con cupos: en febrero, La Habana, Artemisa y Mayabeque recibieron 15 mil cilindros diarios, con un máximo de uno por contrato. En varias provincias orientales, los reportes indican interrupciones que se prolongan desde enero.
La crisis coincide con apagones extensos y con la falta general de combustibles, lo que deja a muchas familias sin gas ni electricidad. En ese contexto, crece el uso de carbón y leña, mientras el mercado informal ofrece cilindros a precios elevados y, en algunos casos, en dólares.












