La playa puede favorecer la salud mental al aliviar el estrés y mejorar el estado de ánimo, según estudios sobre los espacios azules (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las vacaciones suelen aparecer asociadas a una idea simple: cortar con la rutina y recuperar algo de equilibrio. En períodos de exigencia sostenida, el descanso, el cambio de entorno y la posibilidad de reducir estímulos laborales o cotidianos suelen vincularse con una mejora del ánimo y con una sensación de alivio mental que muchas personas reconocen de manera inmediata.

Dentro de ese marco, algunos destinos concentran una reputación especial. La costa, con sus playas abiertas, el sonido constante del agua y la posibilidad de permanecer al aire libre, figura entre los escenarios más elegidos cuando lo que se busca es bajar el nivel de tensión. En los últimos años, además, distintas investigaciones comenzaron a estudiar con más precisión esa asociación entre el mar y el bienestar emocional.

En ese sentido, la ciencia encontró que estos entornos marinos pueden favorecer la salud mental a través de distintos mecanismos. De acuerdo con National Geographic, puede ayudar a aliviar la tensión, favorecer la actividad física e incluso mejorar la forma en que algunas personas afrontan el dolor. Ese foco se suma a una línea de estudios sobre los llamados espacios azules, una categoría que reúne a los entornos naturales con presencia de agua.

Por qué las playas y el agua son buenas para la salud mental

El mar y la costa ofrecen un cambio de entorno que activa los sentidos con nuevos sonidos, imágenes y olores, un factor vinculado con mejor ánimo (Imagen Ilustrativa Infobae)

En principio, los expertos indican que el agua se asocia con un entorno más propicio para la relajación. Verywell Mind citó un estudio que señaló que cuerpos de agua como océanos, ríos, lagos o estanques pueden vincularse con mejor relajación, más actividad física, interacciones sociales más favorables y beneficios generales para el bienestar. En la misma línea, la doctora Smitha Bhandari indicó a WebMD que suele funcionar como un cambio de escenario que activa los sentidos con nuevos sonidos, imágenes y olores, algo que puede contribuir a mejorar el estado de ánimo.

La explicación apunta a la amplitud visual del paisaje, al horizonte abierto y al carácter repetitivo de las olas, que pueden captar la atención sin sobrecargarla. En ese contexto, varios investigadores citados por National Geographic describen una forma de descanso mental en la que la mente deja de sostener el mismo nivel de exigencia que suele tener en entornos urbanos.

También intervienen componentes ambientales y corporales. La exposición moderada al sol fue asociada por una investigación con un impacto positivo sobre el bienestar mental, en parte por su relación con la serotonina y con la producción de vitamina D. A eso se suma el hecho de que las actividades al aire libre suelen tener un efecto más favorable que las realizadas en espacios cerrados.

Caminar por la orilla, nadar y hacer deportes en la arena integran el llamado gimnasio azul, una forma de actividad física en entornos acuáticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En tanto, caminar por la orilla, nadar o realizar deportes en la arena son prácticas que pueden integrarse de manera espontánea al tiempo de descanso. Una revisión publicada en Environmental Research planteó el concepto de “gimnasio azul”, una expresión utilizada para describir la actividad física en entornos acuáticos. Esa mayor duración podría relacionarse con una percepción distinta del tiempo cuando se está cerca del agua.

Qué mecanismos explican el efecto reparador de la costa

Algunas investigaciones intentaron medir respuestas concretas del organismo. Un estudio publicado en el Journal of Environmental Psychology encontró que las playas provocaron frecuencias respiratorias más bajas que los entornos urbanos y menor actividad del sistema nervioso simpático que los entornos verdes. Según el trabajo, las medidas autoinformadas también mostraron que, bajo niveles moderados de estrés, las playas redujeron el estrés percibido y el estado de ánimo negativo.

Ese hallazgo es relevante porque aporta una capa fisiológica a una experiencia que muchas veces se describe solo en términos emocionales. La frecuencia respiratoria y la actividad simpática forman parte de los sistemas que se activan en situaciones de tensión. Que un entorno costero se asocie con una respuesta más atenuada sugiere que el efecto reparador no se limita a una impresión pasajera.

La amplitud visual del paisaje, el horizonte abierto y el movimiento de las olas pueden promover un descanso mental distinto del de los entornos urbanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un metaanálisis de Frontiers in Psychology agregó otra dimensión: la emocional. A partir de entrevistas a ocho residentes costeros jóvenes de Bélgica, el estudio identificó cinco temas principales en la experiencia de la costa: refugio seguro, restauración emocional, asombro, nostalgia y estrategias adaptativas de regulación emocional. Los autores observaron que los participantes describían esta zona como un lugar donde podían sentirse tranquilos, procesar emociones, tomar distancia de preocupaciones diarias y reorganizar pensamientos difíciles.

Los autores destacaron con fuerza el papel del asombro, una emoción vinculada con la percepción de algo vasto o difícil de abarcar. Según recogió también National Geographic, esa sensación puede surgir frente a la escala del mar, la línea del horizonte o el movimiento de las olas, y ayudar a poner los problemas en otra perspectiva. La nostalgia fue otro elemento mencionado en la revisión, sobre todo a partir de recuerdos de infancia, rutinas familiares o experiencias significativas en la costa. En ambos casos, no se presentan como soluciones universales, sino como procesos emocionales que podrían contribuir al bienestar.

Sin embargo, los efectos no son universales y en algunos casos pueden verse comprometidos. El estudio de Frontiers in Psychology agregó que el turismo masivo puede debilitar la cualidad restauradora de la costa para algunas personas, en especial cuando el exceso de estímulos reemplaza la sensación de amplitud y calma.

Aun con esas salvedades, el conjunto de las investigaciones coincide en un punto: la playa no funciona solo como un escenario de vacaciones, sino como un entorno que puede favorecer la regulación del estrés y el bienestar emocional. En un contexto en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública, la evidencia disponible sugiere que el descanso junto al mar puede ofrecer algo más que ocio: una combinación de agua, aire libre, movimiento y percepción del paisaje que la ciencia empezó a medir con herramientas más precisas.