El zorro ártico Hudson usa una caja interactiva en el zoológico de Stone para obtener comida al girar una rueda con las patas (Gentileza, estudio Engañados: Diseño y evaluación de un rompecabezas interactivo modular para el enriquecimiento cognitivo de los animales de zoológico, publicado en ACM Digital Library)

En el zoológico de Stone, en Massachusetts, un zorro ártico de 10 años llamado Hudson utiliza una caja interactiva para obtener su comida al girar una rueda con las patas.

El ensayo, desarrollado con investigadores de la Universidad Northeastern, forma parte de una serie de experiencias en zoológicos estadounidenses que procuran estimular comportamientos naturales mediante dispositivos tecnológicos.

Según la investigación publicada en ACM Digital Library, Hudson vive solo y, a diferencia de lo que ocurriría en libertad, cuenta con menos oportunidades para perseguir roedores o aves. Por ello, sus cuidadores le ofrecieron una máquina que libera croquetas después de una acción concreta.

La iniciativa del uso de la tecnología parte de una preocupación sobre la vida en cautiverio. En los recintos zoológicos, el entorno suele ser más limitado y predecible que el hábitat natural de cada especie, de acuerdo con el artículo divulgado en GEO.

Una caja de comida y burbujas perfumadas

La investigación con la Universidad Northeastern busca estimular comportamientos naturales en animales de zoológicos estadounidenses mediante dispositivos tecnológicos (Gentileza, estudio Engañados: Diseño y evaluación de un rompecabezas interactivo modular para el enriquecimiento cognitivo de los animales de zoológico, publicado en ACM Digital Library)

El proyecto en Stone se desarrolla junto a un equipo dirigido por Rébecca Kleinberger, ingeniera e informática especializada en las interacciones entre animales y tecnologías. Además del zorro, otros habitantes del zoológico probaron artefactos electrónicos.

Por ejemplo, 2 osos negros interactuaron con una máquina que respondía a sus movimientos y lanzaba burbujas con aromas. La finalidad de estos mecanismos no consiste solamente en mantener ocupados a los animales, sino en darles la posibilidad de intervenir sobre su alrededor.

Kleinberger y su equipo evalúan si esas propuestas despiertan interés y actividad. Una de las preguntas centrales para observar la respuesta de los ejemplares es: “¿Vuelven a usarlo?”. La recurrencia puede indicar que un dispositivo resulta atractivo, aunque no basta por sí sola para establecer que mejora sus condiciones de vida.

Los investigadores evalúan el bienestar animal en cautiverio al observar si cada dispositivo aumenta la actividad, la exploración y el uso de los sentidos (Gentileza, estudio Engañados: Diseño y evaluación de un rompecabezas interactivo modular para el enriquecimiento cognitivo de los animales de zoológico, publicado en ACM Digital Library)

En el zoológico de Maryland, los osos polares acceden a una experiencia diseñada para estimular la búsqueda de alimento. Un brazo robótico mueve una hoja de lechuga cubierta con mantequilla de maní y reproduce el desplazamiento de una presa que aparece a través de un agujero en el hielo.

Los dispositivos se adaptan a cada especie

En Atlanta, el uso de sensores se aplica a los elefantes, donde pueden introducir la trompa en aberturas preparadas para activar distintos sonidos graves. El diseño busca que la interacción dependa de una acción voluntaria del ejemplar.

Estas herramientas responden a un campo de investigación que considera relevante qué puede hacer un animal dentro de su ambiente. La apariencia natural del recinto no es el único factor observado: también importa que existan desafíos, cambios en las rutinas, estímulos para los sentidos y alternativas para actuar de manera autónoma.

El interés por una pantalla o una máquina no garantiza bienestar animal, por lo que cada tecnología debe analizarse según la especie y el contexto (Gentileza, estudio Engañados: Diseño y evaluación de un rompecabezas interactivo modular para el enriquecimiento cognitivo de los animales de zoológico, publicado en ACM Digital Library)

La investigadora Clara Mancini, especialista en interacciones entre animales y ordenadores de la Open University, describió la situación de los ejemplares cautivos: “Llevan vidas muy precarias”. Desde esa perspectiva, los sistemas electrónicos podrían ampliar sus posibilidades de explorar y responder a lo que los rodea.

La idea de incorporar máquinas no comenzó recientemente, ya que durante las décadas de 1970 y 1980, el investigador Hal Markowitz creó dispositivos para que algunos monos pudieran liberar alimento por sí mismos y para que servales persiguieran trozos de carne lanzados dentro de sus espacios.

Aquellos primeros ensayos generaron cuestionamientos porque las máquinas imitaban situaciones de la naturaleza de una manera artificial. Con el tiempo, el enfoque sobre el bienestar animal se modificó: los investigadores pasaron a considerar que un artefacto puede ser útil aunque no reproduzca de forma exacta el hábitat de origen.

El interés no garantiza bienestar

En Atlanta, sensores permiten que los elefantes activen sonidos graves al introducir la trompa en aberturas diseñadas para una acción voluntaria (Gentileza, estudio Engañados: Diseño y evaluación de un rompecabezas interactivo modular para el enriquecimiento cognitivo de los animales de zoológico, publicado en ACM Digital Library)

La clave está en el tipo de conducta que promueve: una tarea con dificultad gradual, alimento disponible en momentos cambiantes, olores nuevos o controles que el individuo pueda activar son elementos que pueden aportar variación a un ambiente estable. Sin embargo, cada propuesta debe analizarse de acuerdo con la especie y el contexto.

Para hacerlo, los equipos observan comportamientos concretos. Revisan si el animal regresa por iniciativa propia al aparato, si incrementa su actividad, si inspecciona más el recinto y si utiliza sus sentidos. También registran señales contrarias, como el rechazo al dispositivo o manifestaciones de estrés.

El interés por una pantalla o una máquina no equivale necesariamente a bienestar. Por eso, los investigadores todavía deben determinar qué tecnologías benefician realmente a cada especie y bajo qué condiciones.