El lavado bajo agua corriente reduce la suciedad y parte de los microorganismos superficiales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El lavado correcto de las verduras frescas constituye una de las medidas de higiene doméstica más efectivas para retirar restos de tierra y reducir la carga bacteriana de la superficie. Aunque ningún procedimiento elimina el 100% de los microorganismos, aplicar técnicas adecuadas según la estructura del vegetal minimiza el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos (ETA).

Autoridades sanitarias como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen pautas claras sobre cómo manipular estos productos en el hogar, previniendo errores comunes como el uso innecesario de desinfectantes químicos o la contaminación cruzada en la cocina.

La contaminación de hortalizas y frutas puede producirse durante las etapas de cultivo, cosecha, empaque, transporte o almacenamiento comercial. Por esta razón, la normativa de la FDA indica que todos los vegetales deben lavarse bajo chorro de agua fría corriente inmediatamente antes de consumirlos, cortarlos o cocinarlos. Esta recomendación se aplica incluso a las piezas cuya cáscara o piel no se ingiere, ya que el paso del cuchillo o el pelador puede arrastrar la suciedad de la superficie exterior e introducir los gérmenes directamente en la pulpa comestible.

Las verduras pueden contaminarse durante el cultivo, la cosecha, el almacenamiento o la preparación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La higiene previa de manos y utensilios previene la contaminación cruzada

Cualquier esfuerzo por higienizar los vegetales resulta inútil si la persona que los manipula o las superficies de trabajo presentan suciedad previa. La primera pauta consiste en lavarse las manos con agua tibia y jabón durante un mínimo de 20 segundos antes de tocar los productos frescos, procedimiento que debe repetirse al finalizar.

Las manos deben lavarse con agua y jabón antes y después de manipular productos frescos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asimismo, la OMS enfatiza dentro de sus “Cinco claves para la inocuidad de los alimentos” la necesidad de mantener separadas las tablas para picar, los utensilios y los recipientes destinados a las verduras crudas de aquellos utilizados para carnes, aves o pescados sin cocinar.

La científica de alimentos Jessica Gavin, miembro del Instituto de Tecnólogos de Alimentos (IFT), explicó en la publicación EatingWell que trabajar con agua fría corriente (a unos 10 a 13 grados Celsius) ayuda a mantener cerrados los poros de los vegetales durante el enjuague. Esta temperatura evita que la diferencia térmica genere una succión que introduzca bacterias al interior del tejido.

Técnicas de lavado específicas según la consistencia y porosidad de cada vegetal

No todas las hortalizas requieren el mismo tratamiento en la pileta. La estructura de cada alimento condiciona la presión del agua y la necesidad de aplicar fricción física:

  • Tubérculos y vegetales de piel firme: especies como papas, zanahorias, pepinos, calabazas y zucchinishis necesitan fricción activa. La FDA recomienda frotar la superficie con las manos o utilizar un cepillo limpio para vegetación bajo el agua corriente potable antes de pelarlas, eliminando la tierra adherida en las rugosidades.
  • Verduras de hoja: en lechugas, espinacas y aceleras, la tierra y los microorganismos suelen alojarse entre los pliegues interiores. Gavin aconseja separar las hojas de la mata, enjuagarlas individualmente bajo el chorro de agua y luego sumergirlas en un recipiente con agua fría limpia, agitándolas suavemente para que los residuos caigan al fondo. Posteriormente, se deben escurrir y secar con una centrifugadora de ensaladas o paños limpios, ya que la humedad residual acelera el deterioro.
  • Hongos y champiñones: al poseer una estructura altamente porosa, los hongos absorben agua con facilidad si se remojan, perdiendo textura y consistencia. La recomendación es lavarlos de forma breve bajo un hilo de agua fría o limpiarlos con un paño húmedo inmediatamente antes de cortarlos o cocinarlos.
  • Vegetales embolsados y prelavados: los productos envasados que lucen etiquetas de “listo para consumir” o “triple lavado” han sido procesados bajo normas industriales de salubridad. La FDA advierte que volver a lavarlos en una pileta doméstica mal desinfectada o sobre tablas usadas puede reintroducir contaminantes en lugar de reducirlos.
Las hojas necesitan varios enjuagues para retirar la tierra acumulada entre sus pliegues. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué la FDA desaconseja el uso de jabón, detergente y desinfectantes químicos

Existe la creencia equivocada de que aplicar detergente de vajilla, jabón blanco o lavandina doméstica sobre las verduras garantiza una mayor desinfección. La FDA advierte de forma explícita contra esta práctica, explicando que las capas exteriores de las frutas y hortalizas son permeables y absorben las sustancias químicas de los productos de limpieza.

La ingesta de residuos de jabón o detergente, aun después de un enjuague prolongado con agua, puede provocar náuseas, vómitos, diarrea y malestar gastrointestinal. Además, la agencia reguladora aclara que no se ha demostrado de manera estandarizada la seguridad ni la eficacia superior de los sprays o enjuagues comerciales frente al lavado tradicional con agua fría corriente y fricción manual.

La FDA advierte que lavar frutas y verduras con detergente, jabón o lavandina puede dejar residuos químicos al ser absorbidos por sus capas externas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para mantener la inocuidad sin riesgos químicos, el método científico validado se resume en tres acciones principales: mantener limpia la zona de trabajo, aplicar fricción física bajo agua fría corriente potable y secar los vegetales con papel de cocina antes de llevarlos a la mesa.