¿Y si esta época fuese también la de una cierta aventura, un aventurarse del deseo, de la sensibilidad? La aventura: el desvío del tiempo que nos quieren imponer, de las identidades y de las relaciones dadas, un cierto pase de magia. Los ensayos de Distancias íntimas cultivan esa aventura, a contrapelo (o quizá: por debajo) de las formas en que el presente coloniza nuestros cuerpos, deseos, imaginaciones para despojarlos y para dejarlos exhaustos. Lo hace a través de una suerte de desorientación táctica a la que llama “errancia”, justamente ahí donde el error se vuelve verbo y se lanza al errar. Y desde ahi empuja al ensayo —ese género-laboratorio que, sin embargo, frecuentemente se cristaliza en formas, autoridades, protocolos— hacia otros tonos y otras apuestas. Las errancias de Claudia Huergo pasan por tres “reservas de energía”: la lectura, el soñar, la escucha. Ahi , dice, hay “ejercicios de presencia” posibles para trabajar esas pequeñas o grandes insumisiones del tiempo. Hilvana, digamos, las materias opacas, embrionarias, que vienen de esos haceres, desde las mujeres en los textos de Vivían Gornick hasta la escucha de latencias en la lengua, desde los sueños traficados a la narración clínica hasta las roturas afectivas, llenas de otro tiempo, en Pablo Natale. El pase de magia de estos ensayos está en poner todo esto junto en serie. Porque leer es escuchar y porque la escucha está hecha del trabajo de lo sueños y porque en ese rebote nos ponemos a escribir y también, siempre, a leer. Aventurarse, y hacerlo efectivamente, para “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno” y darle espacio y sostenerlo. Huergo se sitúa en otra frecuencia distinta a la de tantos dictados de nuestro tiempo: rehúye el diagnostico, pasa a las practicas. Ejercicios de presencia, en el leer, en los sueños, en lo que pasa por nuestros oídos, para que el saber se vuelva otra cosa. ¿Quien te manda a leer? Entra Huergo para recordarte que: nadie. Nadie te manda a leer. Algo de tu más irredenta libertad, la libertad posta, se te recuerda ahí. Por eso, ahora más que nunca, este libro , sus aventuras hechas de tareas sensibles, de trances activados en la escritura. Nuevo viaje a la infraestructura de nuestra sensibilidad, para las tareas que nos tocan. Los ejercicios de errancia de Claudia Huergo tocan esa tecla del tiempo presente. Para, como escribe Claudia, “ser el anuncio de tormenta en la pupila de la chica que lee el pronóstico.”