
Muchas veces, el vínculo afectivo entre los seres humanos y sus mascotas es tan profundo que logra la trascendencia en muchos sentidos. En este punto y en la Legislatura de Córdoba, presentaron un proyecto de ley que habilita la inhumación conjunta de personas y animales de compañía.
La idea denominada “Régimen Sanitario Provincial para la Inhumación Conjunta de Personas Humanas y Animales de Compañía”, y que cuenta con la autoría del diputado provincial Oscar Agost Carreño, responde a las demandas de familias que buscan mantener unidos a sus miembros humanos y animales tras la muerte. El texto fija por primera vez condiciones mínimas de higiene y protección ambiental, pero deja a cargo de cada municipio o comuna la “autorización, regulación y administración” de estas prácticas funerarias.
Cuando un municipio habilite la inhumación conjunta, la ley exigirá al menos cuatro condiciones:
- El deceso del animal deberá acreditarse por veterinario
- Una autoridad competente verificará la inexistencia de riesgos sanitarios según el protocolo provincial
- Se deberán cumplir los estándares de impermeabilización, disposición y profundidad
- Estará prohibido afectar napas o condiciones ambientales.
La definición legal de animal de compañía queda circunscrita a los vertebrados que convivan a nivel familiar, excluyendo explícitamente especies silvestres, animales protegidos o declarados en peligro de extinción, y todo el resto de fauna bajo regímenes especiales. Así, la ley impide a animales destinados a fines productivos, laborales o de alimentación acceder a este derecho de sepultura conjunta.

La aprobación de este marco legal busca equilibrar la autonomía de los gobiernos locales —reconocida por la Constitución de Córdoba— con la potestad provincial sobre la salubridad pública. Por eso, la Provincia dictará normas técnicas sobre salud y ambiente, pero no podrá intervenir en la administración ni gestión de los cementerios municipales.
Según precisó el texto: “la presente ley no modifica el régimen civil de disposición post mortem ni las competencias municipales en materia de concesiones, registros, señalización, tasas o administración de cementerios”.
El autor, Agost Carreño, argumentó en el texto: “La relación entre las personas y los animales de compañía ha experimentado una transformación cultural significativa. Estos animales han dejado de ser considerados meramente como bienes para pasar a ocupar un lugar central en la vida afectiva de muchas familias, constituyéndose en verdaderos vínculos socioafectivos”. Así, la iniciativa busca “armonizar el respeto por los vínculos afectivos, con la indeclinable obligación del Estado provincial de proteger la salud pública y el ambiente”.
Otro aspecto exclusivo del documento es que la ley no crea derechos automáticos; solo se aplicará si cada municipio resuelve habilitar la práctica según su criterio y normativa. Incluso invita expresamente a los gobiernos locales a “adecuar su normativa” a estos principios, pero no establece ninguna obligatoriedad concreta.
Vínculos sanos que influyen en la salud y la vida cotidiana
La convivencia con animales de compañía se consolidó como un factor clave para el bienestar emocional y físico de millones de personas. En un contexto donde la soledad y la digitalización avanzan, la presencia de perros, gatos y otras especies en los hogares ofrece una fuente de arraigo y sentido, de acuerdo con la profesora de Psicología Clínica Mary McNaughton-Cassill. La especialista sostiene que estos vínculos permiten mitigar la desconexión social y aportar compañía incondicional.
El contacto cotidiano con mascotas genera beneficios concretos para la salud. Según explicó la Dra. McNaughton-Cassill, acariciar a un perro o escuchar el ronroneo de un gato ayuda a centrar la atención en el presente y alivia la tensión diaria. Distintos estudios médicos destacan que interactuar con animales contribuye a disminuir la presión arterial y la frecuencia cardíaca, además de estimular la producción de oxitocina, una hormona relacionada con el bienestar emocional. Incluso especies como aves, conejos o peces pueden influir positivamente en el estado de ánimo y promover una sensación de calma.

A diferencia de las relaciones entre personas, que pueden estar marcadas por la ambigüedad, el trato con los animales resulta directo y genuino. “La forma en que tratamos a los animales ha sido durante mucho tiempo un indicador de la calidad de nuestro carácter”, afirmó la Dra. McNaughton-Cassill. Las mascotas no esperan recompensas materiales ni buscan ventajas, lo que las convierte en un refugio emocional ante la incertidumbre de la vida cotidiana.
La influencia de los animales de compañía también se extiende a ámbitos terapéuticos y comunitarios. La presencia de mascotas en espacios como aeropuertos, universidades y residencias de adultos mayores contribuye a reducir el estrés y la ansiedad. El cuidado de un animal puede brindar propósito y motivación, además de fomentar la empatía como valor social.