Considerada durante décadas una excepción pacífica en la región, Costa Rica atraviesa una crisis de seguridad sin precedentes, marcada por tasas récord de homicidios, el temor al reclutamiento de niños y jóvenes por parte de bandas criminales y el impacto económico en sectores estratégicos como el turismo. Mientras el Gobierno promete medidas de mano dura, expertos advierten que la respuesta debe ir más allá de la acción policial y abordar también las desigualdades y la falta de oportunidades que alimentan el avance del crimen organizado. Lo analizamos en esta emisión de Enlace.