• Pablo Molina, secretario de un juez federal, sospechaba de un vínculo con un hombre que había sido novio de su mujer en la década del ’90.
  • Su jefe era Carlos Soto Dávila, quien autorizó este procedimiento ilegal y lo atribuyó a una investigación contra una banda narco.
  • Ambos ya fueron condenados en otra causa por cohecho y prevaricato.