La guerra de Israel en la Franja de Gaza acabó con casi el 90% de la infraestructura de agua y saneamiento del enclave, por lo que los palestinos se han visto obligados a elegir entre beber, cocinar o guardar agua para bañarse. La crisis se ha visto agravada por la ola de calor, por lo que ha sido necesario el uso de camiones cisterna desalinizadores, pero no dan abasto para la cantidad de personas.