
“Hoy en día se busca el centavo en todo, desde el costo del producto hasta el flete y la nacionalización”. Francisco recorre, pregunta por pregunta, cómo la especialización, la coordinación entre áreas y la comparación entre proveedores de China y del Mercosur terminan definiendo el costo final y los tiempos de cada importación.
¿Qué valor tiene hoy la especialización en el comercio exterior?
El equipo se divide en compradores, que se especializan en encontrar proveedores y desarrollar productos, y en la parte de logística y aduanas, que se ocupa de que la mercadería llegue lo más rápido posible y de la manera correcta. Esa división genera una sinergia que se viene dando desde hace años.
Es como pasa en la medicina, donde existe el especialista en manos o el especialista en dedos: hoy el comercio exterior tiene especialistas en aduanas, en fulfillment, en compras y en búsqueda de proveedores. Eso abrió mucho el campo y le da un lugar distinto a las nuevas generaciones dentro del sector.
¿Cómo se coordina el trabajo entre el área comercial y la logística para que una importación funcione?
Todo arranca con un requerimiento del área comercial, que puede ser una compra recurrente o una especial, con el precio, la calidad y la cantidad ya definidos. A partir de ahí se trabaja junto con aduanas en la clasificación del producto, para saber de antemano si se puede traer y qué certificaciones necesita.
Ahí arranca un ida y vuelta constante entre compras y logística, en el que se define si conviene traer el producto por mar o por aire, o aprovechar el arancel cero del Mercosur. A veces lo que necesita el comprador no es lo que necesita el producto, y ahí la logística es la que termina adaptándose.
¿Cómo impacta la búsqueda de eficiencia en costos en el día a día de una importación?
Hoy en día se busca el centavo en todo, desde el costo del producto hasta el flete y la nacionalización. Antes lo importante era conseguir espacio en un barco o un avión; hoy hay que mirar dónde está el proveedor dentro de China, cuánto cuesta llevar la mercadería hasta el depósito del agente y si se llega o no al pedido mínimo.
En el transporte pesan el peso y el volumen: en un barco se paga por tonelada o metro cúbico, y en un avión cada gramo de más encarece el envío. Todo ese cálculo se hace antes de subir la mercadería a un contenedor, para que el trabajo de traer el producto termine siendo rentable.

¿Qué diferencias encontrás entre operar con países del Mercosur y con China?
La principal diferencia es la distancia y el huso horario: con China hay once horas de diferencia, así que muchas conversaciones terminan siendo de noche. Con Brasil, en cambio, se comparte la misma franja horaria y el idioma no es una barrera tan grande como el chino.
En lo logístico, China tiene todo más resuelto por el volumen de carga que maneja, así que los envíos salen más simples y más rápido. Con Brasil, aunque la distancia es menor, cada aduana pide documentación distinta, lo que hace más compleja la nacionalización aunque sea un socio comercial cercano.
¿Cómo cambió el perfil del importador con la apertura comercial?
El boom de las importaciones ya pasó y hoy se nota un comprador más inteligente. Antes mucha gente viajaba a buscar un producto sin calcular bien los costos reales del flete, los gastos de origen y de destino, y terminó con importaciones que no tuvieron el movimiento esperado.
Hoy se entiende mejor que puede convenir pagar un poco más por un producto ya desarrollado en lugar de armar todo desde cero, y que no existe un único proveedor para cada necesidad. Eso también amplió el abanico de productos disponibles para elegir.
¿Qué consideraciones especiales exige importar productos electrónicos, como los que llevan baterías?
Las baterías siempre fueron un tema delicado en electrónica porque tienen cierta predisposición a incendiarse. Hoy la tecnología mejoró mucho, pero de todas formas hay que certificar el producto ante los entes regulatorios y contar con una hoja de seguridad que explique cómo actuar en caso de un incendio.
Además, cada línea naviera decide qué tipo de baterías acepta y en qué cantidad, lo que agrega un costo extra que ya se contempla al armar los costos. El desafío es que un comprador puede pedir un producto sin saber que necesita esa certificación, y eso genera demoras si no se previó a tiempo.
¿Qué mensaje le dejarías a quienes están pensando en meterse en el comercio exterior?
Mi generación y las que vienen van a transformar el comercio exterior, no solo por la capacidad de entender rápido lo que se necesita, sino porque están metidos de lleno en el tema. Para quien tenga ganas de importar, el consejo es asesorarse bien, no lanzarse sin ningún tipo de guía y ofrecer valor haciendo las cosas bien, más allá de las apariencias.




