
David Aguilar nació en Andorra con síndrome de Poland, una enfermedad congénita que provocó que no desarrollara por completo el antebrazo derecho. A los 18 años consiguió construir con piezas de LEGO el primer brazo protésico funcional del mundo hecho con estos bloques y entró en el Guinness World Records. Aunque, casi una década antes, cuando solo tenía nueve años, ya había intentado fabricar su propia prótesis.
Durante su infancia tuvo que enfrentarse a comentarios y burlas por su aspecto. Los juegos, los cómics y la cultura popular se convirtieron en una vía de escape, especialmente los bloques de construcción. “Me obsesioné con LEGO”, recuerda. Con ellos empezó a construir aviones, coches y casas hasta que se propuso un reto mucho más ambicioso: fabricarse su propia prótesis.
El primer intento llegó cuando tenía nueve años. David utilizó piezas de un barco para crear una estructura que pudiera colocar sobre su brazo. El prototipo no era completamente funcional y los bloques clásicos no tenían la resistencia necesaria para soportar su peso, pero aquella experiencia le sirvió para comprobar que su idea era posible.
“LEGO fue mi primer juguete de pequeño; sentía que se podía construir una cantidad infinita de cosas. ¡La imaginación era el único límite!”, explica en declaraciones recogidas por Guinness World Records. En este camino, su padre, Ferran Aguilar, desempeñó un papel fundamental. Le acompañó desde sus primeros años con los bloques, respaldó sus ideas y se convirtió en su compañero durante el desarrollo de las prótesis. Años después, ambos escribieron juntos el libro Pieza a Pieza.

Un brazo inspirado en Iron Man
David tuvo que esperar otros nueve años para volver a intentarlo. En 2017, con 18 años, logró construir el MK-I, su primera prótesis completamente funcional, a partir de las piezas de un helicóptero LEGO Technic Rescue Helicopter. La estructura, de color rojo y claramente inspirada en la armadura de Iron Man, incorporaba una articulación móvil en el codo y una pinza que le permitía agarrar objetos y realizar algunas tareas cotidianas. El mecanismo se activaba al flexionar el codo y no necesitaba motores: David lo controlaba con sus propios músculos.
“Mi primer modelo no está motorizado, lo controlo con mis músculos y se vuelve un poco doloroso cuando lo llevas puesto durante mucho tiempo”, sostiene. Aun así, el diseño era lo bastante resistente como para soportar su propio peso mientras hacía flexiones.
El invento hizo historia en enero de 2017, cuando Guinness World Records lo reconoció como la primera prótesis de brazo funcional fabricada con piezas de LEGO. Pero David no se quedó ahí. Siguió trabajando en sus diseños y desarrolló nuevas versiones cada vez más sofisticadas, hasta llegar al MK-V.
La evolución fue mucho más allá de añadir piezas. El MK-V es una prótesis motorizada con cinco dedos móviles, sensores y servomotores que permiten controlar sus movimientos con pequeños gestos del brazo residual. También incorpora un Spike Prime Hub, un dispositivo programable capaz de recibir las órdenes de los sensores y transmitirlas a los motores. El resultado es un modelo más cómodo y menos exigente físicamente para David.
“Es la prótesis más cómoda de mis modelos y no necesito utilizar mis músculos para levantar algo. Los servomotores lo hacen por mí”, señala. Para David, el gran desafío consiste en encontrar el equilibrio: “No puedes llevar algo muy incómodo, aunque sea muy funcional, y viceversa”.
El objetivo: prótesis más accesibles
Su trabajo también comenzó a mirar hacia otras personas. David, conocido como “Hand Solo” por su afición a Han Solo y los personajes de la cultura popular, estudió Bioingeniería y empezó a desarrollar prótesis que pudieran resultar más asequibles.

Uno de sus proyectos más destacados fue el de Beknur Bektemissova, un niño de ocho años de Kazajistán que nació con ambos brazos subdesarrollados. Su familia contactó con David después de conocer su trabajo y le encargó dos prótesis de LEGO. Junto a su padre, construyó una de ellas con una pinza controlada mediante un cordón conectado a uno de los pies y un lápiz electrónico. El coste de las piezas fue de solo 15 euros.
Beknur y su madre viajaron 1.300 kilómetros desde Francia hasta Andorra para recoger las prótesis. “Sentí una inmensa alegría y felicidad cuando le vi mover la prótesis de LEGO por primera vez”, recuerda David. “Sonreía tanto que su sonrisa era contagiosa”, añade.
El proyecto consiguió dos nuevos récords Guinness en 2021: la primera prótesis funcional de brazo de LEGO controlada con el pie y la primera prótesis funcional de brazo de LEGO equipada con un lápiz electrónico. David también ganó LEGO Masters France en 2021 y se convirtió en uno de los rostros de la campaña global #RebuildTheWorld.
Ahora trabaja en nuevas prótesis que permitan mover la mano y el codo de forma independiente y controlar cada dedo por separado, además de explorar las posibilidades de la impresión 3D. Pero detrás de todos esos avances permanece la motivación que le acompañó desde niño: “Quería verme en el espejo como veía a los demás niños, con las dos manos”. Su objetivo es utilizar esa misma imaginación para ayudar a otras personas que, como él, se han sentido diferentes o discriminadas.