
Siete años después volvían a verse las caras. El entrenador que le hizo debutar en la élite y el niño que ‘robó’ un balón a Heung-min Son gracias a José Mourinho. El entonces entrenador del Tottenham y ahora del Real Madrid conoce bien a Troy Parrott. El irlandés que hoy es el 9 del Betis y ha acabado con el inicio feliz en la segunda etapa de ‘The Special One’ al frente del banquillo blanco.
El 1-0 con el que el Betis se impuso tuvo, además, un valor añadido para la afición local: Parrott se convirtió en el primer futbolista irlandés en marcarle al Real Madrid en Liga en 35 años. Los últimos en lograrlo habían sido John Aldridge, con la Real Sociedad en la 1990/91, y Michael Robinson, con Osasuna en la 1989/90.
El Real Madrid no jugó mal. Tuvo las suyas que, incomprensiblemente, fallaron los mejores. Sobre todo Mbappé, quien tuvo sus botas el rescate, pero Álvaro Valles estuvo más acertado desde los once metros. Si hubo invasión o no de Marc Bartra, eso hay que dejárselo al CTA (Comité Técnico de Árbitros). También la reacción del portero verdiblanco a la parada, que pudo llevarse algo más.
El gesto que lo empezó todo
Para entender lo ocurrido en Sevilla hay que volver al 7 de diciembre de 2019. Mourinho, que llevaba poco tiempo al frente del Tottenham, hizo debutar a Parrott en el minuto 85 de una goleada por 5-0 ante el Burnley. El irlandés, con apenas 17 años, disputaba así sus primeros minutos en la Premier League.
Después del partido llegó uno de esos gestos que quedan asociados a un debut: Mourinho pidió el balón a Son (había marcado un hat-trick) y se lo entregó al joven canterano como recuerdo de aquella primera aparición.
Sin embargo, apenas se volvió a ver al irlandés con la camiseta del Tottenham. Su segundo y último partido de Liga con Mourinho llegó el 1 de marzo de 2020, en una derrota ante el Wolverhampton. Meses después, el delantero pidió salir cedido. “No tiene la mentalidad adecuada”, justificaba entonces el portugués la falta de minutos de Parrott.
De Tottenham a Holanda en busca de un sitio
De ahí arrancó un camino más largo del pensado para encontrar un hueco en la élite. Parrott encadenó cesiones por el fútbol inglés (Millwall, Ipswich Town, MK Dons y Preston North End) sin terminar de asentarse en ningún sitio. El cambio de rumbo llegó al cruzar el Canal. Primero en el Excelsior y después en el AZ Alkmaar, donde se reveló como goleador: 51 tantos en 97 partidos, 30 de ellos solo en su última temporada en Holanda. Ese rendimiento le abrió las puertas de un equipo Champions como el Betis, que no dudó en pagar 20 millones de euros este verano por hacerse con sus servicios.
El alumno devuelve el golpe al maestro
El viernes, Parrott no necesitó un partido completo para escribir su parte de la historia. Salió del banquillo en el minuto 67 para sustituir a Cucho Hernández y tardó 14 minutos en aparecer: en el 81, aprovechó el rechace de un remate de cabeza de Nelson Deossa que Thibaut Courtois solo pudo despejar a medias, y mandó el balón a la red. Fue su primer gol con el Betis.
El Real Madrid todavía tuvo una última bala para evitar la derrota, pero Kylian Mbappé falló el penalti del descuento, detenido por Álvaro Valles. El marcador ya no se movió. Para Parrott, presentado apenas unos días antes junto a Dani Ceballos, la noche tuvo un significado especial más allá de los tres puntos: “Ha sido una locura”, resumió al término del partido.




