Lloyd Avery II en la escena que lo catapultó a la fama. Fue en la película

El 6 de septiembre de 2005, los guardias de la prisión de Pelican Bay, en el extremo noroeste de California, Estados Unidos, encontraron el cuerpo de Lloyd Avery II tendido sobre un pentagrama satánico trazado con su propia sangre en el piso de una celda. Llevaba muerto casi 38 horas. Su compañero de calabozo, Kevin Roby, lo había estrangulado dos días antes. Avery tenía 36 años y, 14 antes, había protagonizado una de las escenas más recordadas del cine estadounidense de los 90.

Lloyd Fernandez Avery II nació el 21 de junio de 1969 en Los Ángeles. Creció en View Park, un barrio de clase trabajadora pegado a Baldwin Hills, el sector que los angelinos conocen como el “Beverly Hills negro”. Su padre era plomero, electricista y carpintero. Su madre se dedicó a las tareas del hogar hasta fines de los 80, cuando consiguió trabajo en un banco.

La familia tenía pileta en el fondo. El hermano menor de Lloyd, Che Avery, lo resumió sin vueltas ante el diario Chicago Defender: “Éramos chicos de cuchara de plata. Nunca nos faltó nada”.

Lloyd estudió en la Beverly Hills High School, donde jugó al water polo y al béisbol en los equipos varsity. Era gracioso, buen mozo y muy sin inconvenientes para socializar. Entre sus amigos del colegio estaban Quincy Jones III, hijo del legendario productor, y Tamla, hija del cantante Smokey Robinson. Pero ya entonces mostraba una dualidad que quienes lo conocieron nunca pudieron explicar del todo.

El 1 de julio de 1999 Lloyd Avery II asesinó a Annette Lewis y Percy Branch en el Jungle de Los Ángeles y luego fue condenado por doble homicidio (Wikipedia)

Brent Rollins, el director de arte que diseñó el logo de la recordada película Boyz n the Hood, lo describió así a la publicación LEVEL: “Tenía una veta traviesa y una veta muy dulce. La víspera de Nochebuena manejaba por los barrios para repartir tarjetas navideñas a sus amigos. ¿Quién hace eso?”.

Esa misma impulsividad lo metió en problemas por primera vez en 1988, cuando salía de una fiesta en la Universidad de California, en Los Ángeles. Cruzó palabras con un grupo de universitarios, se armó una pelea y alguien disparó. Lloyd no fue quien disparó, pero la policía lo detuvo porque llevaba un documento falso. Pasó tres días preso y, según contó su amigo Keith Davis, salió riéndose: “Me dijo que le había gustado la cárcel. ¿Cómo te encerrás y lo disfrutás? Era tan despreocupado”.

La oportunidad le llegó sin que la buscara. Su amigo John Singleton estaba filmando su primera película y lo convocó para un papel pequeño pero que quedó grabado en la memoria de todos los que vieron el film.

En Boyz n the Hood (1991), Lloyd Avery II interpretó a “Knucklehead #2”, un pandillero de los Bloods que asesina a Ricky Baker, el personaje de Morris Chestnut, con una escopeta recortada. Tuvo menos de diez líneas de diálogo. Pero la frialdad con la que Avery sostuvo el arma frente a la cámara fue suficiente para que la industria le prestara atención.

En 2001 Lloyd Avery II ingresó a la cárcel de Pelican Bay para cumplir la condena de cadena perpetua por dos asesinatos a tiros (Captura de video)

La película fue nominada al Oscar y se convirtió en un fenómeno cultural. El actor Malcolm Norrington recordó ante King magazine, que esa toma de Avery asomado por la ventana con la escopeta quedó grabada en la memoria de los espectadores. La directora de casting Jaki Brown fue más lejos: dijo al Chicago Defender que, con más experiencia, Avery podría haber llegado a ser un protagonista.

Singleton lo volvió a convocar para Poetic Justice (1993), aunque el film no tuvo el mismo impacto. Avery contrató un agente y siguió yendo a audiciones, pero los papeles no llegaban con la frecuencia que esperaba. Algunos directores de casting se quejaban de que llegaba sin prepararse o directamente no aparecía. La carrera que había comenzado con tanto impulso empezó a frenarse.

Mientras tanto, intentó también el camino de la música. Grabó bajo el nombre artístico L.A. Deuce y uno de sus temas llegó a aparecer en un álbum de la cantante Tisha Campbell. Trabajaba además en un guion sobre la vida en las pandillas de Los Ángeles. Pero ninguno de esos proyectos terminó de cuajar.

A mediados de los 90, algo cambió en Lloyd Avery II de un modo que sus amigos más cercanos no supieron cómo detener.

El actor Malcolm Norrington contó a King magazine que Avery había pasado de ser “bastante tímido” durante el rodaje de Boyz n the Hood a faltar a audiciones, vincularse con pandillas y “bloodearse”, es decir, integrarse formalmente a los Bloods. Se mudó al Jungle, un barrio de Los Ángeles con fuerte presencia de esa banda, y se tatuó la palabra “JUNGLEZ” sobre la ceja izquierda.

La carrera de Lloyd Avery II perdió impulso tras Boyz n the Hood por audiciones fallidas, problemas de preparación y proyectos musicales que no prosperaron (Captura de video)

Quincy Jones III, con quien compartía departamento en esa época, recordó que Avery empezó a pasar cada vez más tiempo con pandilleros locales que “lo mandaban a hacer misiones locas” de las que “nadie sabía si iba a volver”.

Su hermano Che lo sintetizó para King magazine: “En vez de ser un pandillero de estudio, de Hollywood, lo estaba viviendo de verdad”.

Las señales de alarma se acumulaban. Avery sumó cargos por agresión. Amenazó a directores y compañeros de trabajo. En el rodaje de Lockdown (2000), filmado en una penitenciaría real de Nuevo México, se peleó con varios colegas, intentó atacar a una maquilladora y terminó siendo echado del estado. En una de sus incursiones dentro del penal, los guardias lo confundieron con un preso que intentaba escapar.

El 1 de julio de 1999, en la Santa Barbara Plaza del Jungle, Lloyd Avery II se acercó a Annette Lewis y Percy Branch, dos personas en situación de calle que estaban juntas en el barrio. Según los testigos, discutió con Lewis por una deuda de droga. Ella intentó huir. Avery sacó una pistola calibre .45 y le disparó al menos cinco veces, incluyendo un tiro en la espalda. Lewis murió en el lugar. Branch recibió un disparo en el abdomen y en el muslo derecho; fue trasladado a un hospital donde murió semanas después. La escena ocurrió a plena luz del día, en la calle.

La policía recolectó vainas del lugar y las vinculó con otros dos tiroteos anteriores en el mismo barrio: uno en el Centro Islámico el 20 de abril de 1999 y otro en el mismo punto el 29 de marzo de ese año, en el que el agresor disparó desde un Cadillac negro. Ese auto estaba registrado a nombre de Avery. Pero las pruebas eran circunstanciales y la policía no pudo imputarlo de inmediato.

Lloyd Avery II, actor de Boyz n the Hood, fue hallado muerto en la prisión de Pelican Bay el 6 de septiembre de 2005 después de que su compañero de celda, Kevin Roby, lo estrangulara días antes (Captura de video)

Lo que siguió fue una de las partes más extrañas de esta historia. En vez de esconderse, Avery firmó contrato para filmar Lockdown apenas dos semanas después de los crímenes. Luego actuó en Shot (2001), donde el director Roger Roth dijo al Chicago Defender: “Era uno de los mejores actores con los que trabajé”, aunque también reconoció que Avery lo había amenazado de muerte a él y a su familia en más de una ocasión.

El 8 de diciembre de 1999 la policía de Los Ángeles arrestó a Avery después de que uno de sus excompañeros de cuarto, Sean Spraker, lo denunciara. El detonante había sido un incidente en el que Avery roció con gas pimienta a Christine Chapman, la madre de Spraker y ex agente del actor, durante una discusión en las oficinas de una productora.

En el juicio del año 2000 por los asesinatos, los abogados de la defensa cuestionaron la solidez de las pruebas y los testimonios. El propio Branch, antes de morir, le había dicho a la policía que Avery no era el tirador. Pero Avery no presentó una defensa contundente. Ofreció una coartada débil y fue condenado por dos cargos de homicidio en primer grado. En marzo de 2001 ingresó a la prisión de Pelican Bay con sentencia a cadena perpetua.

Dentro de Pelican Bay, Lloyd Avery II encontró el cristianismo. Leía la Biblia, escribía cartas al capellán Dennis Clark, con quien había trabado vínculo mientras esperaba el juicio en la cárcel del condado de Los Ángeles, y era conocido entre los internos con el apodo de “Baby Jesús”. Su familia y amigos decían que estaba tratando genuinamente de cambiar.

En agosto de 2005 le asignaron un nuevo compañero de celda: Kevin Roby, que cumplía cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por haber violado y asesinado a su hermana Velmalin Hill en 1987, además de otros delitos. Roby era un declarado satanista.

A mediados de los 90, Lloyd Avery II se vinculó con una pandilla conocida como Los Bloods, se mudó al barrio Jungle de Los Ángeles y acumuló episodios de violencia fuera de la pantalla (Captura de video)

Avery lo vio como un proyecto espiritual. El 29 de agosto de 2005, apenas días antes de su muerte, le escribió una carta al capellán Clark: “Sé que Dios lo puso cerca mío por una razón. Él sabe muy bien que soy un cristiano devoto, y rezo por él todos los días para que le entregue su vida a Dios”. Roby no quería ser convertido.

El 4 de septiembre de 2005, después de una discusión religiosa dentro de la celda, Roby estranguló a Avery. La autopsia determinó que la causa de muerte fue la aspiración de sangre, con traumatismo de cráneo por golpes como factor determinate. Roby escondió el cuerpo debajo de las sábanas de su cama, donde permaneció durante casi dos días.

El 6 de septiembre, Roby dibujó un pentagrama satánico en el piso con la sangre de Avery y colocó el cuerpo en el centro. Fue entonces cuando los guardias descubrieron lo que había ocurrido. En 2020 Roby habló sobre el crimen en el podcast Criminal Perspective: “Estaba empujando su agenda para convertirme al cristianismo, lo que nos llevó a pelear”.

No se presentaron cargos adicionales contra Kevin Roby. Ya cumplía cadena perpetua sin posibilidad de salir, y la fiscalía consideró que una nueva condena no cambiaría nada en términos prácticos.

La familia de Avery reaccionó de otra manera. Según informó Los Angeles Times, los Avery cuestionaron públicamente la supervisión carcelaria y los criterios con los que se asignaban los compañeros de celda en Pelican Bay. Señalaron que poner a un cristiano convicto junto a un satanista convicto en el mismo espacio reducido era una combinación que las autoridades penitenciarias no deberían haber permitido.

Al momento de su muerte, Lloyd Avery II seguía trabajando en el guion sobre la vida pandillera que había empezado años antes. Roger Roth, director de Shot, dijo a LEVEL: “Si hubiera podido controlarse y no cometer un doble homicidio, no tengo dudas de que habría tenido una gran carrera”.