
Durante décadas, las montañas de Guerrero fueron uno de los principales territorios de producción de amapola en México. Los cultivos se extendían por zonas remotas de la Sierra Madre del Sur y abastecían una cadena criminal que transformaba la goma de opio en heroína para enviarla, principalmente, al mercado de Estados Unidos.
Ese mapa comenzó a cambiar. La caída de la demanda de heroína y el avance de opioides sintéticos como el fentanilo redujeron el valor de la goma de opio y provocaron una disminución en la superficie cultivada. Al mismo tiempo, en distintas regiones de Guerrero comenzaron a aparecer con mayor frecuencia laboratorios, bodegas y campamentos con reactores, condensadores, destiladores y grandes cantidades de sustancias químicas vinculadas con la producción de drogas sintéticas.
El cambio volvió a quedar expuesto este 6 de septiembre, cuando el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch anunció el hallazgo de tres laboratorios clandestinos para producir metanfetamina en Coahuayutla de José María Izazaga y Zirándaro de los Chávez. En las instalaciones fueron encontrados cientos de tambos y contenedores, nueve reactores, más de 60 tanques de gas, sustancias químicas y cerca de mil kilogramos de precursores.
El hallazgo no representa un hecho aislado. En menos de dos años, las autoridades han localizado infraestructura para la producción de drogas sintéticas en municipios de Tierra Caliente y la Costa Grande, dos regiones que durante décadas también estuvieron vinculadas con las rutas y economías del narcotráfico.

La amapola perdió terreno en Guerrero
Históricamente, Guerrero ha formado parte de las principales zonas de cultivo de amapola en México. Los estudios del gobierno mexicano y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) han identificado a la entidad, junto con Nayarit y los estados del llamado Triángulo Dorado —Sinaloa, Durango y Chihuahua—, como una de las principales regiones productoras del país.
Sin embargo, las cifras nacionales muestran una caída pronunciada en los últimos años. De acuerdo con el sexto informe sobre el monitoreo de plantíos ilícitos de amapola, difundido en 2025, la superficie cultivada en México pasó de más de 24 mil hectáreas en 2020 a 9 mil 790 en 2022, una reducción cercana al 60 por ciento en dos años.
La reducción también se reflejó en Guerrero. Datos del Ejército citados por medios locales señalan que durante 2024 fueron erradicadas apenas 42.65 hectáreas de amapola en el estado, frente a las más de 7 mil 500 hectáreas destruidas una década antes.
La caída del mercado de la heroína modificó además la economía de comunidades que dependieron durante años de la venta de goma de opio. En 2024, productores de la Sierra de Guerrero reportaron que el precio por kilogramo había caído hasta los 2 mil pesos, aunque durante 2025 algunos campesinos reportaron un repunte y el regreso de parte de los productores al cultivo.

Por ello, el fenómeno no puede describirse como la desaparición definitiva de la amapola. De hecho, el gobierno mexicano y la UNODC realizaron nuevos sobrevuelos y muestreos en Guerrero durante 2025 para actualizar las estimaciones de cultivos, producción y concentración de morfina en la goma de opio.
Los laboratorios comenzaron a aparecer en Tierra Caliente y la Costa Grande
Mientras la amapola perdió parte del terreno que tuvo durante años, los aseguramientos recientes muestran otra transformación: la presencia de infraestructura para producir drogas sintéticas en distintas regiones de Guerrero.
En enero de 2025, el Ejército localizó y desmanteló un laboratorio clandestino de metanfetamina en Zirándaro. En el lugar fueron encontrados casi 5 toneladas y cerca de 20 mil litros de sustancias químicas, además de nueve reactores de síntesis orgánica.
Tres meses después, en abril de 2025, fue localizado otro laboratorio en el poblado Piedra de Amolar, en Coyuca de Catalán. Las autoridades reportaron el aseguramiento de mil 600 litros y 500 kilogramos de precursores químicos, así como reactores y condensadores.
Para junio de ese mismo año, el gobierno de Guerrero informó que, durante las operaciones realizadas en la entidad, habían sido desmantelados cuatro laboratorios clandestinos y dos áreas de concentración utilizadas para almacenar precursores químicos y materiales de laboratorio.

La tendencia continuó en 2026. En enero, autoridades federales localizaron en Petatlán una bodega con aproximadamente 24 mil 920 litros y 12 mil 200 kilogramos de sustancias químicas, además de un campamento que, según la información oficial, estaba relacionado con la producción de drogas sintéticas.
En marzo, un laboratorio clandestino fue localizado en La Cuadrilla, municipio de Técpan de Galeana. Ahí fueron asegurados alrededor de 300 kilogramos de droga sintética, otros 150 kilos en proceso de secado, 24 mil litros de precursores y aproximadamente 20 mil kilos de sustancias químicas sólidas.
Un mes antes, la Fiscalía General de la República informó la destrucción de más de 10 toneladas de precursores y sustancias químicas que habían sido asegurados en Guerrero durante cateos realizados en tres inmuebles, uno de ellos identificado como un probable laboratorio clandestino. Entre los materiales había incluso metanfetamina líquida y sólida.
El nuevo mapa no sustituyó por completo a la amapola
Los datos disponibles muestran una transformación, aunque todavía no permiten afirmar que los grupos criminales hayan sustituido de manera directa los cultivos de amapola por laboratorios de metanfetamina.
La amapola continúa siendo objeto de monitoreo en Guerrero y existen reportes de comunidades donde algunos productores regresaron al cultivo ante cambios en el precio de la goma de opio. Paralelamente, las autoridades siguen localizando plantíos: sólo hasta abril de 2025, Defensa reportó la erradicación de 894 plantíos de amapola en la entidad.
Lo que sí muestran los aseguramientos es que la infraestructura vinculada con las drogas sintéticas dejó de concentrarse exclusivamente en los estados históricamente asociados con la producción de metanfetamina, como Sinaloa o Jalisco, y ha aparecido también en regiones de Guerrero con una larga historia de producción de enervantes y control criminal.
Tierra Caliente concentra algunos de los casos más recientes, con laboratorios detectados en Zirándaro y Coyuca de Catalán. En la Costa Grande, los hallazgos se extendieron a Petatlán, Técpan y, ahora, Coahuayutla.
El nuevo mapa de producción de droga sintética todavía está en construcción. Pero entre los campos de amapola que perdieron rentabilidad y los reactores, tambos y precursores que comenzaron a aparecer en zonas serranas y de difícil acceso, Guerrero enfrenta una transformación en la infraestructura utilizada para producir drogas: la amapola no ha desaparecido, pero los laboratorios de drogas sintéticas ya ocupan un espacio cada vez más visible en el territorio.

