Ailén Desirée Montes

São Paulo, 14 sep (EFE).- Ante la percepción de que la democracia representativa ofrece pocas respuestas a sus demandas, el joven brasileño encara las elecciones de octubre entre la apatía frente a los partidos tradicionales y la atracción hacia candidatos alternativos construidos en un entorno digital.

El desencanto ya se ha traducido en una reducción de la participación: En Brasil el voto es voluntario para los menores de edad y el contingente de votantes inscritos de entre 16 y 18 años cayó casi un 15 % respecto a las presidenciales de 2022 (de 4,2 a 3,6 millones), según datos de la Justicia Electoral.

Para Marco Teixeira, politólogo de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), este dato no responde a un desinterés intrínseco por la política, sino a un desfase entre las instituciones y las expectativas de la juventud.

Los partidos políticos "mantienen un esquema presencial, jerárquico y cerrado, totalmente opuesto a la dinámica tecnológica, ágil y fragmentada en la que habitan los jóvenes", afirma a EFE.

La juventud enfrenta "concepciones de mundo y realidades" tan fragmentadas que las instituciones tradicionales "no consiguen abarcarlas"; por ello, "la forma que encuentran para expresarse es entre ellos mismos, creando sus propias comunidades" digitales.

"Vivimos un momento en que las nuevas generaciones perciben un escaso proyecto de futuro. En un mundo en constante transformación, el Estado y la clase política les dejan muy pocas perspectivas de lo que se puede esperar a través de los canales institucionales", analiza Teixeira.

El distanciamiento de los jóvenes respecto a los canales institucionales no solo perpetúa un ciclo de desconfianza, sino que abre la puerta a la proliferación de discursos populistas que lanzan ataques frontales contra la independencia de poderes y el Estado de derecho.

Esto ha favorecido el auge de candidatos alternativos que, aunque se mantienen a gran distancia de los favoritos, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, no paran de crecer entre los jóvenes.

Figuras como Renan Santos, candidato por el novísimo partido Misión, han logrado captar la atención de los jóvenes mediante una narrativa hiperenfocada en que la política convencional no sirve; el mismo discurso que tienen otros ultraderechistas de la región.

Estos candidatos usan las redes como un canal horizontal que convierte al elector en parte de una comunidad más que en mero espectador.

"Cuentan con una estructura sumamente flexible. No necesitan negociar internamente con grandes cúpulas. Tienen una agilidad que contrasta con la rigidez partidaria tradicional, cuyos intentos de 'juvenilizar' las campañas en redes suelen ser percibidos como forzados u oportunistas", comenta el especialista de la FGV.

Según advierte el Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Brasil, Claudio Providas, esta desconexión con los canales tradicionales se enmarca en un fenómeno de insatisfacción estructural que abarca a toda América Latina.

Las nuevas generaciones han hecho todo lo que se les pidió: estudiaron la primaria, la secundaria, y su diploma no responde "a las demandas del mercado" y muchos de ellos están desempleados o subempleados, explica Providas.

Además, "la gente ya no se satisface con lo básico, es decir, con un subsidio, con un programa social", dice. En parte por las redes sociales, existe la presión de "tener nuevos niveles de confort y de consumo", y el Estado, muchas veces, no está a la altura para garantizar siquiera los servicios esenciales.

"Ese triángulo entre baja calidad de entrega, bajos resultados e insatisfacciones genera desconfianza. Y la desconfianza es hacia el sistema", comenta.

Providas admite que los jóvenes continúan siendo "profundamente idealistas" y se movilizan ante causas globales, pero el divorcio con los canales institucionales ocurre cuando esas preocupaciones no encuentran eco en la agenda de la política institucional.

Para neutralizar esto, Providas sostiene que es necesario entender estas nuevas formas de participación ciudadana digital y, a partir de ahí, retomar "una agenda de educación" y volver a "enamorar al ciudadano con datos y evidencia" como antídoto contra la desinformación. EFE