“Tus decisiones son tuyas y nada más que tuyas”, sentenció Mariana, de 58 años, al definir su filosofía de vida que, durante muchos años, según explicó, estuvo atravesada por los mandatos y la mirada ajena. Junto a Juani, de 42, y otras cinco personas, creó Xtreme, una fiesta que reúne a personas de distintas orientaciones sexuales, identidades de género y formas de vincularse.
Lo que comenzó como un encuentro entre amigos se convirtió en una propuesta multitudinaria en la que el consentimiento, el respeto y la libertad son las principales reglas. Para Mariana, definir el universo en el que se mueven simplemente como swinger “quedó chico”. Su mirada se amplió hacia un ambiente que reúne distintas maneras de vincularse: heterosexuales, integrantes de la comunidad LGBTQ+, parejas swingers y quienes exploran el BDSM, entre otras posibilidades.
“Nos empezaron a interesar otras cosas”, explicó. Aunque también aclaró que formar parte de ese mundo no significa estar disponible para cualquiera ni vivir exclusivamente alrededor de la sexualidad. “No significa que todo el mundo tiene acceso a vos, que uno no tiene otra vida o que no hace otras cosas”, agregó.
En su experiencia, una de las diferencias que más la marcó fue encontrar un espacio donde la sexualidad pudiera vivirse con menos etiquetas. “No me gustaba del mundo swinger que la bisexualidad masculina era muy rechazada y la femenina no”, señaló. Para ella, la posibilidad de explorar sin tener que definir qué es cada persona forma parte de la libertad que promueve.
Juani coincidió desde otro lugar. Si bien se define como heterosexual, sostiene que las etiquetas no deberían impedir que una persona pueda dejarse llevar por una situación y experimentar, si existe consentimiento. “No nos etiquetamos y, cuando pasa, que fluya y está todo bien”, planteó.
Para ambos, la idea central es sencilla: cada persona debería poder vivir su sexualidad como quiera, siempre que respete los límites de los demás. “La vida es muy corta y vinimos acá para ser felices. Hay muchas formas de amar”, reflexionó Mariana.

Para quienes observan desde afuera una relación o un vínculo abierto, una de las primeras preguntas suele ser qué sucede con los celos. Mariana no cree que desaparezcan por completo y advierte que “hay que gestionarlos”. Incluso los compara con una especie de condimento que puede existir dentro de una relación. “Es como una pequeña pimienta”, explicó.
La clave, para ella, está en distinguir qué tipo de situación genera incomodidad. “Lo sexual a mí no me da celos, pero lo emocional sí”, indicó. Además, reconoció que aquello que puede molestar no necesariamente tiene una gran dimensión objetiva. “A veces lo que molesta puede ser una pavada”, agregó.
Juani pone el foco en una herramienta que considera indispensable para atravesar esas situaciones: la comunicación. “Es súper importante. Se habla de celos, se habla de absolutamente todo”, sostuvo. En su pareja, con la que está hace 22 años, hablar de aquello que incomoda es parte de la construcción del vínculo y no algo que deba evitarse.
El camino de Mariana hacia este universo comenzó bastante después de lo que podría imaginarse. Durante buena parte de su vida estuvo alejada de estas experiencias y creció en una familia que describe como “ultrarreligiosa”. Estuvo casada durante muchos años y, después de divorciarse, decidió permanecer sola un tiempo. No buscaba una nueva relación ni intentaba modificar su forma de vivir.
El cambio llegó alrededor de los 53 años, cuando conoció a una persona que la acercó a este mundo. “Descubrí esto a través de una persona que conocí, con la que empezamos a salir y, bueno, me gustó”, recordó. En un principio aparecieron los miedos. “¿Cómo me iba a valorar después si me veía en una situación con otra persona?”, se preguntaba.
Pero la respuesta que recibió de aquella pareja terminó modificando su manera de pensar. “Él me decía: ‘Yo te amo y te voy a amar más todavía’”. Para Mariana, esas palabras fueron determinantes. “Derrumbó todos los miedos porque mi valor no pasaba por ahí, con quién yo decidía estar”, remarcó. Desde entonces, empezó a cuestionar aquello que durante años había considerado una regla. “Yo no quiero más que la sociedad me imponga cómo tengo que vivir, qué tengo que hacer o cómo tengo que disfrutar de mi sexualidad. Eso es mío y no le pertenece a nadie más”, afirmó.

Xtreme tampoco nació como un proyecto empresarial planificado desde el comienzo. Surgió de un grupo de amigos que se conocía dentro de este ambiente. “El grupo de solos y solas festejaba un año de amistad, por decirlo de alguna manera, y organizamos una fiesta”, relató Juani.
En un principio, el encuentro tenía un carácter mucho más íntimo. “Era un ambiente más cerrado, donde éramos todos conocidos y salía un fiestón”, recordó Mariana. Pero algo cambió después de esa primera experiencia: comenzaron a recibir mensajes de personas que querían saber cuándo sería el próximo encuentro. Entonces decidieron intentarlo nuevamente. “Dijimos: ‘Bueno, está bien, ¿quieren que hagamos otra fiesta? La hacemos’. Parece que nos sale muy bien esto”, contaron entre risas.
Lo que empezó con un grupo reducido fue creciendo hasta convertirse en una fiesta que convoca a cientos de personas. En la última edición, aseguran, participaron alrededor de 1000 asistentes. Hay parejas, pero también muchas personas que concurren solas y llegan con la intención de conocer a otros, socializar y formar parte de un espacio en el que puedan expresarse sin sentirse juzgadas.
Una de las cosas más importantes para ellos son los mensajes que reciben después de cada fiesta. “La gente te dice cada cosa que nos emociona, nos agradece por haber creado un espacio de libertad, de seguridad, de diversión”, explicaron.
Aunque la fiesta está vinculada al mundo liberal, para sus organizadores no se trata de un espacio sin límites. Todo lo contrario: existen reglas que consideran fundamentales para que quienes participan puedan sentirse seguros. “No es no. El consentimiento es obligatorio junto con el respeto”, enumeró Juani.
Mariana, por su parte, detalló algunas de las pautas concretas que deben respetarse durante los encuentros: “No se pueden sacar fotos sin que la otra persona quiera. No se puede tocar a nadie sin preguntar antes”. Esos códigos son parte esencial de la experiencia. La libertad que buscan no implica que todo esté permitido, sino que cada persona pueda decidir sobre sí misma y establecer sus propios límites. Para ellos, esa combinación entre libertad y cuidado es precisamente lo que permitió que la fiesta creciera. “Nuestro objetivo es que la gente sea feliz”, explicó Mariana.

Tanto Mariana como Juani saben que hacer pública su historia puede generar todo tipo de reacciones. Esperan sorpresa, pero también críticas. “La gente siempre habla”, analizó Juani. Mariana aseguró que no está dispuesta a modificar sus decisiones por lo que puedan pensar quienes no conocen su vida. “No tiene ni idea de la vida maravillosa que tenemos”, afirmó.
A sus 58 años, explica que haber encontrado una forma de vivir que durante mucho tiempo no se permitió explorar es una aventura. Juani la acompaña en ese recorrido y, junto al resto del equipo de Xtreme, construyeron un espacio donde las personas pueden encontrarse sin tener que encajar necesariamente en una única definición. “Tus decisiones son tuyas. Nadie tiene que opinar nada”, concluyeron ambos.