Las bicicletas forman parte de la memoria de varias generaciones. Para algunos fue el primer medio de transporte, para otros un juguete de la infancia o incluso una herramienta de trabajo. Aunque muchas quedaron abandonadas con el paso de los años, todavía conservan las marcas de una época: materiales, diseños y hasta los recuerdos de quienes alguna vez la usaron.
En La Paternal, Leonardo Souto encontró una manera de mantener vivas esas historias. Tiene 46 años y desde los 16 se dedica a recuperar bicicletas y otros rodados antiguos. Hoy, su pasión se transformó en “Niplescleta”, un proyecto desde el que investiga y comparte el proceso de restauración.
Para Leonardo, restaurar bicicletas es mucho más que devolverles su aspecto original: detrás de cada rodado hay historias llenas de recuerdos. Por eso, en su búsqueda de recuperar las piezas, busca preservar el patrimonio cultural y despertar en otros el interés por una parte de la historia.
En diálogo con TN, Leonardo Souto contó cómo nació su pasión por las bicicletas, qué sucede detrás de cada restauración y por qué considera que preservar estos objetos es una forma de conservar la memoria, los sueños y parte de la historia argentina.
Empezó a los 16 años
El amor de Leonardo por los rodados comenzó desde su infancia y, con el tiempo, dejaron de estar ligados únicamente al juego para convertirse en una curiosidad cada vez más profunda: “Mi pasión por las bicicletas nació muy de chico, después se fue moldeando y empecé a tener más curiosidad sobre cómo se fabricaban, las historias que tenían y la función que cumplían en la sociedad”.

Su interés también estuvo relacionado con el ámbito en el que creció: su papá era ebanista y su abuelo, tornero mecánico matricero. “En mi familia siempre hubo una cultura de taller y de trabajar con las manos; todavía me acuerdo cuando lo acompañaba a mi papá a su trabajo, los ayudaba con los encargos y pasaba mucho tiempo ahí”, recuerda.
A los 16 años dio uno de los primeros pasos que terminarían definiendo su camino: pintó y armó su primera bicicleta. Lo que empezó como una inquietud se transformó años después en un proyecto dedicado a recuperar rodados de otras épocas.
Desde entonces, Leonardo no solo restaura, sino que investiga su procedencia, recorre museos, busca fotografías y documentos y consulta fuentes para reconstruir las huellas de las antiguas fábricas de la industria argentina: “La historia de estas bicis, las ganas de restaurarlas y verlas valoradas son una forma de preservar lo que fue la industria argentina en otros tiempos”.
Mostrar bicicletas al mundo entero
En 2013 creó Niplescleta, un proyecto que nació para poner en circulación esos objetos que forman parte de una historia colectiva. A través de Instagram y del contacto con otros aficionados, Leonardo muestra cada restauración, comparte información y brinda asesoramiento técnico e histórico a quienes quieren conocer más.

“Lo que busco generar es la circulación y difusión patrimonial de los objetos restaurados en diferentes comunidades de aficionados y entre el público general”, explica. Esa búsqueda lo llevó a construir una red de intercambio que trasciende fronteras: restauradores y coleccionistas de distintos lugares del mundo.
En una ocasión, recibió el llamado de un aficionado desde Vietnam a las tres de la mañana. Aunque el idioma era una barrera, la bicicleta funcionó como punto de referencia: “Me han llamado aficionados de diferentes partes del mundo; una vez me llamó uno desde Vietnam para mostrarme sus bicicletas”, destaca Leonardo.
Hoy, Leonardo busca trascender del espacio virtual y organizar eventos de exhibición en algún espacio público de la ciudad, para que los rodados restaurados puedan encontrarse con un público más amplio.
Así, Niplescleta funciona como mucho más que un taller de restauración: es el punto de partida de una comunidad que busca que las bicicletas antiguas no queden encerradas en colecciones privadas ni se pierdan con el paso del tiempo, sino que vuelvan a ser vistas, conocidas y compartidas.
Las etapas de recuperación
El proceso de restauración de Leonardo empieza con la investigación: documentos, manuales, fotografías y componentes originales que lo ayuden a reparar la bicicleta. A veces recorre otros talleres para comprender cómo se fabricaban piezas que ya no existen.
Una vez que cuenta con todos los materiales, trabaja en la recuperación de la pintura, los calcos y las piezas cromadas y se ocupa de la reconstrucción de la tapicería y la puesta a punto. Cuando una pieza está dañada o descontinuada, Leonardo intenta fabricarla nuevamente, respetando los métodos y materias primas de esos tiempos.

“Cada proyecto es especial. Estamos en un mundo donde rigen la obsolescencia y el descarte. A través de estos objetos yo busco acercarme y recuperar estos productos que marcaron una época”, sostiene Leonardo.
“Junto con la preservación de lo material, me interesa la preservación de los sueños, de lo histórico, de lo nuestro”. Esa dimensión afectiva aparece constantemente cuando comparte sus restauraciones: personas que reconocen un modelo que tuvo un familiar, recuerdan su propia infancia o vuelven a conectarse con una parte de su pasado a través de un objeto que creían perdido.
Volver a poner las bicis en circulación
Esa intención de recuperar algo más que objetos también atraviesa su vínculo con vecinos de su barrio. Leonardo a veces recibe bicicletas viejas de chicos para que sean restauradas: “Les arreglo y armo las bicis a los chicos del barrio que me lo piden, sin costo alguno, salvo los materiales. Pero hay una condición que tienen que cumplir: las tienen que usar sí o sí”.
Para Leonardo, recuperar el hábito de andar en bicicleta significa recuperar espacios de juego y de encuentro. A diferencia de juguetes a pila o los celulares, los rodados obligan a los chicos a moverse, salir y relacionarse con el entorno: “El movimiento y el impulso les abren el mundo, no necesariamente pantallas, enchufes y baterías para disfrutar y estar felices al aire libre”.
Por eso, su proyecto no termina cuando una bicicleta sale del taller restaurada; también busca que vuelva a circular, que despierte recuerdos y genere nuevas experiencias. Así, mientras arregla, Leonardo mantiene una idea sencilla como motor de su oficio: “No hay que perder la oportunidad de divertirse con la bicicleta y escapar de la rutina”.




