
Bella ciao volvió a sonar en protestas, parlamentos, guerras y funerales mientras el historiador Marcello Flores reconstruye en Bella ciao. Historia de un himno popular por qué una canción mínima sobre un partisano que presiente su muerte terminó convertida en un emblema global de la libertad, aunque no fue el principal himno de la Resistencia italiana y su consagración llegó recién en los años sesenta.
La letra cabe en una sola escena: un guerrillero encuentra al invasor, cree que va a morir y le pide a su amada que lo entierre en la montaña, bajo la sombra de una flor, para que quien la vea diga que es la flor del partisano muerto por la libertad. A esa estructura se suman dos insistencias: la palabra bella aparece 18 veces y ciao, 30.
Esa capacidad de condensación ayuda a explicar por qué la canción reaparece en contextos políticos y culturales muy distintos: se canta en Gaza con laúd, en las trincheras de Ucrania, en las protestas de mujeres iraníes que se quitan el hiyab, en el Parlamento de Estrasburgo tras un discurso xenófobo de Viktor Orbán, en las plazas del 15M, entre independentistas catalanes, en los balcones durante la pandemia y hasta en una versión latina de Becky G.
Flores sigue ese recorrido en un ensayo que este mes llega a las librerías con el sello Altamarea. El punto de partida está en los arrozales del norte de Italia, donde las mondine, las jornaleras, cantaban en el siglo XIX una melodía de trabajo que pudo inspirar Bella ciao.
El historiador también repasa investigaciones que empujan el origen aún más atrás, hasta cantos franceses y españoles del siglo XVI y dos canciones de la tradición yidis que podrían estar en la base musical. Luego el libro se desplaza a la Segunda Guerra Mundial, donde ubica el momento en que se libra la disputa por su significado.
Una de las tesis centrales del libro desmonta una idea instalada: Bella ciao no fue el gran himno de los partisanos italianos. Flores sostiene que durante la guerra hubo otras canciones mucho más populares, más explícitas y más ligadas a la identidad comunista de la lucha armada.
La principal fue Fischia il vento, el verdadero canto de combate de aquella resistencia. Su letra hablaba de traidores fascistas, banderas rojas y de conquistar la rossa primavera.
La compuso Felice Cascione, un médico de 25 años que era comandante partisano en la zona de Imperia. La escribió una noche junto al fuego, mientras esperaba con sus camaradas, y su madre, que era maestra, corrigió algunas frases antes de que el joven fuera herido al intentar recuperar material médico tras un enfrentamiento y después ejecutado por un camicia nera.
El desplazamiento de Fischia il vento llegó después. Según Flores, hubo dos momentos decisivos: en 1962, Bella ciao fue incorporada al Nuovo Canzoniere Italiano como uno de los principales cantos partisanos, y al año siguiente ingresó en el repertorio de la música ligera y comercial.
Ese salto se produjo de la mano de Yves Montand, antiguo combatiente de la Resistencia francesa, nacido en la provincia italiana de Pistoia e hijo de padres antifascistas emigrados a Marsella cuando él tenía dos años. Después la interpretaron Claudio Villa, Anna Identici y Gigliola Cinquetti, y la canción comenzó a circular por la radio y a ser tarareada por una nueva generación.
Flores explica que su utilidad política fue decisiva. “Al tener como único referente al invasor alemán, podía ser acogida como una canción de unidad, bien recibida no solo por democristianos y socialistas, sino también por el ejército y las asociaciones partisanas. Eran los años de la construcción póstuma de la memoria de la Resistencia”.
La canción dejó de ser un patrimonio compartido en Italia, según el propio autor. En su libro sostiene que si hoy resulta indigesta para parte del país y se la asocia con un imaginario poscomunista, eso responde a una distorsión mediática que le atribuyó un color político que antes no tenía.
Fuera de Italia, en cambio, su alcance se amplió. Esa expansión reciente al impulso de Netflix y de La casa de papel, que la llevó a una audiencia global por una decisión nacida casi por azar dentro del equipo de guionistas.
Javier Gómez Santander, uno de los autores de la serie, escuchaba Bella ciao para animarse cuando el equipo estaba atascado en una escena. Entonces pensó: “Esta es la canción. Tenemos que arrancar con Bella ciao”.

La investigadora Irene Matas, en un artículo académico titulado “Bella ciao, de símbolo antifascista a icono pop”, analizó que el éxito de la serie hizo que la canción “empapado a todas las capas sociales independientemente de su ideología”. Esa mutación explica que hoy pueda sonar tanto en una manifestación como en un mitin, un funeral o una producción musical comercial.
Flores, que hoy tiene 80 años, la cantó por primera vez en público en abril de 1963 para protestar contra el fusilamiento del comunista Julián Grimau por la dictadura franquista. Al medio dijo que el mundo “siempre ha estado polarizado entre los defensores de la libertad, aquellos que eligen luchar por ella, y aquellos que luchan contra ella, aunque de boquilla lo nieguen”.
El historiador añadió que la oposición actual a la canción en Italia puede ser “un síntoma de esa postura por parte de una derecha neofascista”. Y expresó su expectativa sobre el futuro: “Pero creo, y lo espero, que en los próximos años el camino de la libertad volverá a considerarse el más adecuado y útil para todos. Mientras tanto, no olvidemos los recuerdos trágicos que ensombrecen nuestro presente y encontremos en ellos esas hermosas flores que merecen ser contadas”.



