Del primer nacimiento por FIV a la inteligencia artificial y la preservación de la fertilidad
Buenos Aires, 19 septiembre (NA) -- Cuando Louise Joy Brown nació en Inglaterra el 25 de julio de 1978, su llegada al mundo fue noticia internacional debido a que era la primera persona concebida mediante fertilización in vitro (FIV), como resultado del trabajo desarrollado por Robert Edwards y Patr
Cadena LáserVía Noticias Argentinas6 min de lectura

Buenos Aires, 19 septiembre (NA) -- Cuando Louise Joy Brown nació en Inglaterra el 25 de julio de 1978, su llegada al mundo fue noticia internacional debido a que era la primera persona concebida mediante fertilización in vitro (FIV), como resultado del trabajo desarrollado por Robert Edwards y Patrick Steptoe.
Su nacimiento demostraba que un óvulo humano podía ser fecundado fuera del organismo, dar origen a un embrión y, luego de ser transferido al útero, culminar en el nacimiento de un bebé sano. Aquello que parecía una frontera extraordinaria de la medicina dio comienzo a una transformación que continúa hasta hoy y el aporte de Edwards al desarrollo de la FIV fue reconocido en 2010 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.
Cuarenta y ocho años después, Louise Brown estuvo en Buenos Aires y fue la invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), un encuentro que se realiza cada dos años y que reunió a cerca de 1.500 participantes de las distintas disciplinas vinculadas con la salud reproductiva.
La presencia de Brown tuvo un significado especial: su propia vida acompañó la evolución de una tecnología que inicialmente generó interrogantes científicos, sociales y éticos y que, con el tiempo, pasó a integrar la práctica habitual de la medicina reproductiva. Desde hace años Louise participa en encuentros e iniciativas internacionales y promueve una mayor comprensión social de los problemas de fertilidad y un acceso más amplio a sus tratamientos.
“Mi nacimiento fue posible porque hubo científicos y médicos que se animaron a buscar una respuesta nueva frente a un problema que afectaba a muchas familias. Cuando nací, nadie podía saber hasta dónde llegaría aquella técnica”, señaló Louise Brown en una conferencia de prensa de la que participó la Agencia Noticias Argentinas.
Brown, quien fue la primera vez que visita Argentina, añadió: “Hoy me emociona comprobar cuánto avanzó la ciencia. Pero también creo que el desafío es que esos avances puedan estar disponibles para quienes los necesitan y que las personas puedan hablar de infertilidad sin vergüenza ni estigma”.
El nacimiento de Louise Brown ofreció al Congreso una perspectiva singular, ya que representó el punto de partida de una historia que pasó de una técnica experimental a una disciplina médica que hoy incorpora embriología avanzada, genética, criobiología, análisis de datos e inteligencia artificial. Su presencia aportó, además, una dimensión humana a esa evolución: detrás de cada avance tecnológico existe una persona o una familia intentando concretar un proyecto reproductivo.
LA EVOLUCIÓN DE LA REPRODUCCIÓN ASISTIDA
Desde 1978, prácticamente cada etapa de la reproducción asistida experimentó cambios, ya que mejoraron la estimulación ovárica y los procedimientos de laboratorio, evolucionaron los medios de cultivo embrionario, se perfeccionaron la criopreservación y la vitrificación de óvulos, se incorporaron herramientas genéticas para indicaciones específicas y comenzaron a desarrollarse sistemas de análisis de imágenes, automatización e inteligencia artificial.
El Congreso abordó buena parte de esa transformación, con debates sobre IA, sistemas time-lapse que permiten observar y registrar el desarrollo de los embriones, estimulación ovárica personalizada, implantación, genética reproductiva, preservación de la fertilidad, endometriosis, factor masculino y los denominados add-ons, procedimientos o tecnologías complementarias cuya utilidad debe evaluarse de acuerdo con la evidencia disponible.
Si bien en los últimos años las tasas promedio de embarazo mediante técnicas de fertilización asistida aumentaron, ninguna innovación consiguió eliminar uno de los factores que más condicionan las posibilidades reproductivas con óvulos propios: la edad.
La tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco utilizando óvulos propios es superior al 30% entre los 18 y 34 años, pero ronda el 5% o menos entre los 43 y 44, por lo cual, los especialistas insisten en que la fertilidad no debería comenzar a formar parte de la conversación recién después de los 40 años, como suele suceder en muchos casos.
“Durante décadas se asoció la consulta reproductiva exclusivamente con el momento en que una pareja llevaba tiempo buscando un embarazo y no lo conseguía. Hoy necesitamos ampliar esa mirada", afirmó el Dr. Agustín Pasqualini, presidente de SAMeR y del citado Congreso.
El experto añadió: "Consultar no significa necesariamente iniciar un tratamiento: puede ser conocer la situación reproductiva, recibir información sobre cómo cambia la fertilidad con los años y evaluar alternativas para el futuro. La tecnología avanzó muchísimo, pero no debemos transmitir la idea equivocada de que puede borrar el efecto de la edad”.
La recomendación cobra especial importancia en una sociedad en la que los proyectos reproductivos se desplazaron hacia edades mayores, incluso, en los consultorios de fertilidad los especialistas observan un cambio: muchas personas llegan concentradas exclusivamente en lograr un primer embarazo y ya no proyectan un segundo hijo.
El fenómeno coincide con un descenso general de la natalidad argentina y mundial que responde a múltiples factores, entre ellos la situación económica, los costos de la crianza, la postergación de la maternidad y la paternidad por proyectos laborales, académicos o personales y el desconocimiento acerca del envejecimiento reproductivo. Las decisiones sobre tener hijos, cuántos y cuándo pertenecen a la esfera personal y están atravesadas por condiciones sociales, culturales y económicas.
En este escenario adquiere relevancia una herramienta que hace algunas décadas no estaba disponible con la eficacia actual: la posibilidad de preservar óvulos propios para intentar utilizarlos en el futuro. La vitrificación permite criopreservar ovocitos obtenidos a una determinada edad para un eventual proyecto reproductivo posterior.
El procedimiento no constituye un “seguro” de maternidad ni garantiza un nacimiento, pero puede ampliar las opciones. Dos variables fundamentales para sus posibilidades futuras son la edad en el momento en que se congelan los óvulos y el número de ovocitos obtenidos.
“El gran cambio no es una única técnica milagrosa, sino la suma de conocimientos que permiten tomar mejores decisiones: cómo estimular, cómo trabajar en el laboratorio, cómo conservar óvulos y embriones y cómo seleccionar estrategias de acuerdo con cada paciente", sostuvo el Dr. Gabriel Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso.
Asimismo, agregó: "En el Congreso queremos discutir qué innovaciones tienen evidencia suficiente, cuáles están todavía en evaluación y cómo incorporar tecnología sin perder de vista que el objetivo final es mejorar los resultados y la seguridad de los pacientes”.
Otras de las recomendaciones de los especialistas es llevar adelante hábitos saludables que ayudan a proteger la fertilidad, como no fumar ni exponerse al humo de tabaco, evitar el consumo de todo tipo de drogas recreativas, reducir o preferentemente evitar el alcohol, tomar ácido fólico, mantener una alimentación equilibrada, buscar tener un peso saludable, realizar actividad física regular y moderada, dormir adecuadamente, no abusar de la cafeína y no consumir medicamentos sin la debida prescripción y control del médico.
“Nuestra misión es que cada persona pueda decidir libremente con información. Si alguien imagina que puede querer tener hijos en el futuro, es preferible conversar sobre fertilidad a tiempo y conocer las alternativas disponibles. Llegar a los 40 años pensando que la reproducción asistida puede resolver cualquier dificultad es una expectativa que la medicina no puede garantizar. Cuanto antes exista información, mayor será la capacidad de tomar decisiones”, concluyó el Dr. Pasqualini.
Agencia NA



